Mostrando entradas con la etiqueta Santo Domingo de Guzmán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santo Domingo de Guzmán. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de febrero de 2014

El origen de todo

       Habíamos pasado de ronda a octavos de final en el torneo de fútbol de cuarto año de secundaria, ganándole a la sección D por 1-0, gracias al gol de penal de Echia. Todo era felicidad, nunca habíamos llegado tan lejos, aunque déjenme confesarles que llegamos hasta las semifinales perdiendo estúpidamente por la actuación de nuestro intento de portero, pero amigos, cultos lectores, eso ya es otra historia. 
     Fuimos al restaurant más cercano a comer un rico ceviche. El cansancio era apaleado por un rico y sabroso vaso con chicha morada. Mis amigos y yo no dejábamos de sonreír y recordar aquel partido, mientras guardábamos piernas para el siguiente, que era dentro de una hora aproximadamente, era como especie de torneo relámpago. Esta historia no sería memorable y por ende, no hubiera sido contada en este blog, si no hubiera sido porque mi padre se encontró afuera del restaurant con mi profesora de Literatura. Mi papá estaba en pleno sol conversando con otros padres de familia, cuando de repente se aproxima una señora de estatura baja y contextura gruesa pero con un rostro simpático que escondía una mirada maligna pero pícara a la vez. “Ella es la profesora de Literatura”, dijo uno de los padres de familia. La saludaron y mi papá decidió interrogarla.
       -Hola, profesora, ¿Cómo está mi hijo en el colegio? Él es Rodriguez.
       -¿Quién?
       -El muchacho de allí –y me señalo mientras yo comía con mis amigos.
      -¿El? Él es un vago, no lee –contestó la vieja de mierda esa, con una expresión como de irritada.
        Todos mis compañeros se empezaron a reír, mientras yo me sentía avergonzado.
      Al llegar a casa tuve una conversación muy seria con mi padre, en la que me mostraba su insatisfacción que había sido originada por esa miserable noticia. Prometí leer los libros que me iban a pedir en el siguiente trimestre, pero tenía que empezar con el actual, el último que me había comprado, con la plata de mi papá, en la tienda ubicada estratégicamente en frente de mi colegio. Aquel libro era muy gruesa y se podía apreciar que tenía muchas páginas, era nada más y nada menos que “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez. Al día siguiente decidí abordar aquel viaje intenso que es la lectura y al leer las primeras páginas supe que la historia era divertida, el estilo no era muy difícil de entender, los diálogos eran geniales, en conclusión, me agradó la obra. Cada día que pasaba me enamoraba más de la obra, me imaginaba en mi inocente mente a la Diosa coronada, Fermina Daza, y al taciturno y poético muchacho llamado Florentino Ariza. En un par de meses terminé de leer la obra y me sentí contento porque era mi primer libro que había terminado y había leído de inicio a fin, di un examen estupendo sin la necesidad de buscar el argumento por internet. Desde esa vez mis notas en los cursos de letras fueron mejorando notablemente y hacían que saque un ponderado alto que me permitiera estar siempre entre los diez primeros de mi salón (que eran más de treinta), a pesar de que mis notas en los cursos de números eran deplorables, notas aprobatorias pero a las justas, raspando. 

PD. Espero que no los haya aburrido mis fieles amigos, pero era algo que necesitaba contarlo, eso fue el origen de todo, posteriormente, luego de tres años me cree el blog y comencé a escribir, pero esa historia ya la deben saber porque ya fue contada en una entrada llamada Primer aniversario del blog. Permítanme contarles que en menos de tres semanas dejo los Estados Unidos y regreso al lugar donde me vio nacer, a mi querido Perú, este viaje me ha dejado muchas cosas positivas y también he pasado por cosas no tan agradables, pero así es la vida y de todo se aprende, me dedicaré a escribir aquellas aventurillas que estoy pasando aquí así que ese viaje será resumido minimo en cinco entradas, vamos a ver que sale. Nos vemos en la próxima entrada y ya saben, La mente maestra is not dead, I came back motherfuckers!

viernes, 24 de febrero de 2012

La banda


      La papa –nuestro profesor de literatura- deja de escribir en la pizarra, se sienta y nos manda a leer un fragmento de Bodas de sangre. Yogui interrumpe mi concentración y me comienza a hablar sobre el próximo concierto y de lo feliz que estaba con su nueva polera de inyectores. En seguida, se une a la conversación Tataje y Blind. Los cuatro seguimos conversando acerca de bandas de rock; a pesar de que a Tataje y Blind solían preferir el reggaetón que el rock. Alguien dijo por ahí: “Hey y por qué no formamos una banda”, yo les seguí el juego. Nos citamos en un horario y punto estratégico. Recuerdo ese día como si fuera ayer. A pesar de que no era verano hacía un tremendo sol que empañaba mi vista. Dos niños pasaron por mi costado jugando, un despistado conductor casi los mata. Fui con un polo blanco, el de peor calidad, buzo de colegio y zapatillas de fútbol. Como siempre, llegué tarde. 
      –Por fin –me dijeron– te demoraste un culo.
      Estuvieron esperándome media hora, sentados en el banco de los skaters. No suelo ser tardón, la verdad, llegué tarde porque no creía que vendrían, pero bueno, me llevé una gran y, a la vez, grata sorpresa. Caminamos rápidamente hacia Zarate, a una sala de ensayos llamada "Sandy". 
      Llegamos a la dirección y nos topamos con una casa enorme, no tenía la facha de una sala de ensayo, no tenía, ni siquiera, un letrero. Tocamos la puerta y después de un largo esperar, nos abrió un tipo, el cual parecía presentar un trastorno mental. 
      –¿Qué quieren?
      –Vinimos a ensayar. 
      Nos miró de pies a cabeza, lo miró a Blind y lo menospreció con una sonrisa medio burlona. Entramos. Cada uno cogió el instrumento que iba a tocar: Yogui se fue a la batería, Blind y Tataje con la guitarra y yo con el micrófono, era el vocalista (más adelante iba a entrar a la banda Rubin con el bajo). Queridos lectores, déjenme decirles que nunca había oído tanta descoordinación. El único que sabía tocar, o, bueno, al menos se defendía era Blind; los demás… -las palabras que están en mi mente no se pueden reproducir mediante este medio-. Canté algunas canciones de punk peruano y algunos gritos imitando al vocalista de Serial Asesino. Acto seguido, mis compañeros se miraron entre sí. Había demostrado que tenía el talento necesario para cantar en una banda punk. La verdad es que para ser vocalista de una banda así, la melodía de la voz no es primordial, sino la actitud. Cada vez que evoco esos momentos, me pregunto qué hubiera sido si hasta ahora seguiríamos tocando, quizá algún video de nosotros estaría rotando en canales como MTV, o al menos, estaríamos tocando en algunos locales de mala muerte, teniendo cincuenta fans, pero qué más da. Lamentarse no viene al caso. 
      Mentiría si dijera que fue un jueves o un lunes o el día que sea, pero si me acuerdo la escena perfectamente. Cuatro muchachos caminando, conversando de cosas sin importancia e infantiles, con un cigarrillo en la mano, lanzando risas al vacío; se detienen al escuchar el sonido de una batería. La resonancia provenía de una iglesia cristiana. Entramos. El lugar estaba medio vacío. A penas se escuchaba lo que hablábamos. Inspeccionamos rápidamente el lugar, Eureka, había todo lo que queríamos, todo tipo de clase de instrumentos: micrófonos, batería, guitarras, bajo, órgano, entre otras cosas. En el ángulo más oscuro apareció un joven de cabello largo, estatura mediana, polo verde, pantalón jean azul y unas sandalias. Hablamos con él y le dijimos que queríamos aprender a tocar, él gustoso aceptó y se presentó. Se llamaba Renato. También nos dijo que nos iba a enseñar sin cobrarnos nada a cambio. La felicidad se manifestó y una leve esperanza, sueños construyéndose y metas propuestas nacían. 
      Comenzamos a practicar una canción titulada One way. Pasaban los días y perdía el miedo escénico. Tataje ya dominaba la canción. Blind se lucía haciendo dúo junto a un mocoso de ocho años que tocaba batería como los dioses. Yogui tenía ritmo. Al mes se une a la banda, Rubín, un compañero de colegio, tocando el bajo. Recuerdo que una vez por hacerse el payaso se le cayó el bajo, Renato casi lo manda al carajo, pero bueno, tenía que contenerse. 
      Una inesperada noche, terminando de ensayar, me despedí de los demás y me fui caminando solo, siempre me iba caminando con Yogui y cuando no lo hacía me iba en bus, no sé que me pasó esa vez, me parece estúpido decirlo pero quizá fue obra del malintencionado sino. La iglesia se encontraba en el paradero 3 de Las Flores; antes de llegar al 5, veo a los lejos, entre la oscuridad, a dos tipos, dos pirañas, dos chibolos que estaban stone por alguna droga barata, presentí algo malo, divisé a todos lados y solo estábamos los tres y nadie más. Justo ese día había llevado cámara y tenía miedo de perderla. En cuestiones monetarias sólo contaba con un sol. Respiré hondo y pasé, erróneamente, entre los dos tipos. Uno de ellos me cogió del brazo, volteé y le tiré un puñete, de repente, el otro tipo me agarra del cuello. No tenía escapatoria, era uno de los peores momentos de mi vida, una de las situaciones más embarazosas que había pasado. “Saca tu cuchillo pe conchatumadre”, me dijo. Seguro se había confundido de persona o había equivocado mi actuar al lanzarle un puñete relacionándome con otro ser de su calaña. Uno de ellos mete la mano al bolsillo de mi polera negra y saca la única moneda que contaba. “No tengo nada brother”, dije asustado. Ya me imaginaba sin la cámara, temía que algo peor me pasara. “No tengo nada”, seguí diciendo elevando el sonido de mi voz. “Ya, cállate oe”, me dijo el tipo que me estaba ahorcando. Al notar que cada vez me sujetaba con menos fuerza, me zafo y emprendo una increíble huida. Corrí como en mis mejores épocas, como esas veces en la cual competía por alguna medalla. La gente me miraba, confundida. Había corrido el tramo de dos paraderos, ya los había perdido de vista. “Puta madre, felizmente que no abrieron mi mochila”, dije, y es que si hubiera pasado eso mi querida cámara ya no estaría conmigo. 
      Los ensayos eran un cague de risa, nunca faltaban las ocurrencias de Tataje o las clases de Renato o Yogui siendo derrotado en la batería por un niño de ocho años. Yo cantaba, y cantaba hasta el culo, ya que mi voz no se acomodaba a esos ritmos, mi voz era sólo para el punk. Cuando un día cantaba el Himno (un cover de Difonia), unas viejas se cagaron de risa, yo seguí, me llegó al pincho, tenía que perderle el miedo al público. Lo más anecdótico fue que mientras tocábamos se escuchó de la nada, un grito, era un grito de terror. Volteamos a ver y era que una de las chicas del coro al ver a nuestro amigo Norvil (más feo que una patada en los huevos) se asustó, a tal punto de lanzar tremendo grito ensordecedor. 
      Los días avanzaban y se ponían más estrictos con nosotros: querían que formáramos parte de la banda de la iglesia y que dejáramos de tener esa vida bohemia de adolescentes que cursaban el último año de colegio. Lo peor de todo, querían que ya no toquemos punk, porque no era música “del Señor”. Debido a ese motivo dejamos de asistir a esa iglesia y tratábamos de ensayar en la casa de Tataje. En vez de ensayar nos perdíamos en el alcohol. Ese fue el colmo de los colmos, la gota que rebalsó el vaso. 
      Después de buscar, conseguí una oportunidad de tocar en un concierto y de ese modo ver en qué nivel estábamos, para no hacer la vergüenza del año, decidimos irnos al Sandy a ensayar y ver si estábamos al nivel, si podíamos tocar. Nos dimos cuenta que estábamos peor que nunca, que por nuestra irresponsabilidad, que por chupar en vez de ensayar, no estábamos al nivel de un concierto. Sólo iríamos a dar pena y vergüenza. Cada uno se fue a su casa, enojado. 
      Dejamos de tocar. Nadie quería saber de la banda. Volvimos a ser amigos, después de todo, la amistad prevalece siempre. Ahora cada uno está tan lejos tangiblemente.


PD. Este post, aunque ya fue publicado, se los dedico a ustedes, mis queridos amigos.

jueves, 2 de febrero de 2012

Nunca te enamores de una chica punk

Me encontraba perdido en las marginales calles de Los Olivos, preguntando a lo que se moviera donde se localiza la discoteca Honey. Es probable que la gente pensara, en aquel momento, que era un vagabundo por preguntar sobre tal perroteca (Y se les llama así por los bailes vulgares y obscenos, aduciendo movimientos de perros en pleno acto sexual, que se hacen en dicho establecimiento), pero no, no iba a perrear ni nada por el estilo, sino todo lo contrario, iba a un concierto punk. Usando un poco de astucia y sentido común, empecé a seguir a los locos vestidos de negro. Caminando me topé con mi prima. Estaba con sus amigos, unos sujetos que se hacían llamar la “Naranja Mecánica”, en honor a la magistral novela literaria del mismo nombre. Era una komuna que, a diferencia de otras, no era ningún club de fans o seguidores de alguna banda, sino sólo un grupo de compañeros de la noche. Se reunían en el Free, cuadra 8 de la Av. Arequipa, para emborracharse con tragos baratos (los más conocidos eran la oferta –trago de color oscuro como el ébano y de sabor semejante al vino– y la perita –de sabor parecido al refresco de durazno combinado con alcohol en demasía) y hablar sobre cualquier tema. Eran cinco o seis años mayores que yo. Los conocía desde hacía unos meses. Ariana (su verdadero nombre era Mayra) era la administradora de la komuna. Era la más hermosa del grupo, su belleza estrambótica llamaba la atención de cualquiera, usaba el cabello negro lacio, aunque después se lo pintó de rojo y cambió el lacio por el cabello ondulado. Arizza era su mejor amiga, mujer con gran masa muscular y de aspecto emo, para ser sincero, fue una de las primeras emo del país; solía cortarse los brazos con gillette como auto flagelo. Damián era un metal de cabello rizado, callado, amante de la oscuridad y ateo. Denis era un ex regueeatonero que debido al alcohol y a las chicas bonitas decidió volverse roquero. Mi prima, Mishel, una chica muy hábil y con grandes habilidades interpersonales era la que le daba el sabor al grupo.

Me impacientaba lentamente porque quería entrar de una vez y no esperar más. Tenía catorce años y, por ende, no tomaba. A los minutos llega Arizza con una chica que nunca había visto antes. Se trataba de su hermana, tenía más o menos mi edad. Mentiría si diría que me enamoré a primera vista, posteriormente empecé a verla más atractiva. Su nombre era Karol. Desde esa vez le dijeron Pepa por ser la menor de todos. Ella, a diferencia de mí, bebía y fumaba. Terminan de tomar y se separa el grupo: los que iban a entrar y los que no; Karol se encontraba en el grupo de los que no iban a entrar. No me importó mucho y entramos, la pasamos de mil maravillas, los conciertos en aquellos tiempos eran otra cosa. 

Subía las escaleras del colegio, junto a mi gran amigo Yogui, hasta que algo jamás imaginado sucedió: mientras subía, Karol bajaba.

–¡Pepa! –dije apenas pude reponerme del asombro.
–Hola –respondió, luego de darme un beso en la mejilla.

Pasaron los días, como las cosas que carecen de sentido, y nos juntamos algunos de la komuna en un parque. Me dijeron que la esperara en Metro, la esperé, la saludé y no volví a articular palabra alguna (debo confesarles que en ese tiempo era un tremendo idiota en esos asuntos). Caminamos rumbo a dicho parque, ¿cómo olvidar esa vez?, era de noche y llovía demasiado, ella fumaba y parecía que era consuetudinario. Esa forma de ser y esa belleza diferente se entremezclaban y hacían que cada vez me guste más. Llegamos y luego de un rato, Arizza dijo: “Karol me contó que no le hablaste en todo el camino, cree que le tienes miedo”. Traté de excusarme pero fue en vano. 

Nunca podré olvidar, y estoy seguro que muchos peruanos, el tremendo movimiento sísmico que ocurrió el 15 de agosto del 2007. Tenía quince años. Fuera lo que sea, me sirvió para cambiar y vivir cada día como si fuera el último. El siguiente lunes me armé de valor y fui a buscarla a su salón, en el recreo. Estaba parada en su puerta saboreando un chupetín. Dialogamos diez minutos. La misma escena se repetía casi todos los días. 

Empecé a ir al Free, solo por verla, pero no tenía éxito porque ella rara vez iba. Por ella empecé a tomar mis primeros tragos, cosa que no me arrepiento, aunque, algún día mi hígado se pudra como el sistema socioeconómico. Recuerdo que me desprendí de un disco el cual era nuevo y uno de mis preferidos, todo por regalárselo por el día de su cumpleaños. Mis compañeros de colegio pensaban que era mi enamorada y típico de chibolos retardados de esa edad, jodían. Un día noté que hablaban a mis espaldas.

–¿Qué pasa? –dije.
–Lo que pasa es que… –respondió Diego mirando, nervioso, a todos lados.

No entendía lo que sucedía. Diego saca de su bolsillo un celular y me muestra una foto en la que un infeliz abrazaba, por la cintura, a la reina de mis pensamientos. Me hice el desentendido argumentando que debía ser su amigo, luego de reír nerviosamente.

A los días me aparecí frente a su salón, con una amiga, supuestamente para darle celos. Ella nos mira y, a propósito, intercambia saliva con el mismo infeliz de la foto. Me sentí humillado, pisoteado, el máximo idiota. Le pedí a mi amiga irnos en el acto. Mientras caminábamos, pensaba en cómo me pudo haber gustado esa perra, en lo equivocado que estaba. Otro día, en la salida, la veo besándose con otro sujeto. Me sentí asqueado por la escena. Giro la cabeza y veo a Yogui, con una sonrisa natural, como queriendo interpretar: “Me importa una mierda” y seguimos caminando rumbo a nuestras casas, como si nada hubiera pasado, como si aquello que sentía por esa chica punk rocker nunca existió.

lunes, 7 de marzo de 2011

¿Amigos o desconocidos?

      2000.- Tengo ocho años e ingreso a un colegio enorme, enorme comparado a mi  anterior colegio. Luego de haberme adaptado a mi nueva realidad, escojo entre mis compañeros a mis futuros amigos. Mi mejor amigo de ese entonces era el chino Javier.
      2003.- Es la fiesta de promoción de primaria y me encuentro conversando y riendo con Pino y el chino. Conversando acerca de temas inocentes e infantiles. Recordando el viaje de promoción a Cajamarca y lo bastante que nos divertimos... No sabía que ese iba  a ser el último año en el que estudiaríamos, en la misma aula, con el chino.
      2005.- Después de un año de no saber nada del chino, se aparece. Ya estábamos en segundo de secundaria, había regresado al colegio, pero estaba en otra aula. Conversábamos sólo en los recreos. Esa amistad verdadera ya se había perdido, ya no éramos los mejores amigos, sino, sólo conocidos. Ese mismo año se va del colegio definitivamente.
      2009.- Estaba con Yogui en la rockola, escogiendo una canción de Slipknot, haciendo hora para luego ir al tono del enamorado de mi prima.
      –¡Christian! –escucho a lo lejos.
      Volteo y me doy una gran sorpresa.
      –Hola –mirándolo con sombrío terror y asombro- ¡Javier!
      Y luego de recuperarme del asombro conversamos un rato, al ver que estábamos en otras, gentilmente Javier se despide.
      Lo miro a Yogui con extrañeza. Era increíble pensar que aquel sujeto había sido mi amigo, y ahora, luego de mucho tiempo, me resulta, o al menos siento, que es un total desconocido.

lunes, 24 de enero de 2011

Desfile distrital SJL - 2007

      Abro los ojos, el ambiente estaba completamente oscuro; prendo la luz y observo el reloj: eran las cinco de la mañana. "Con razón", me dije entre sí. Me voy al baño y me lavo; regreso a mi cuarto y me cambio: camisa blanca, pantalón del uniforme de gala, zapatos de charol bien lustrados, chompa de colegio, luego prosigo con la corbata negra, las caponas y el correaje blanco. Esperé media hora, los rayos del sol, tímidos, alumbraban apenas la calle.
      Tomo un bus. El camino estaba cerrado. Me bajo y bien hardcore voy caminando hacia el colegio. Después de cerca de cuarenta minutos llego. La compañía estaba reunida.
      –Rodríguez –gritó el instructor– A qué hora dijimos.
      –Tuve un percance –disculpandome.
      –Sube y coge un gallardete.
      El instructor dio un discurso, un floro monce, palabras que incentivaban a dejar todo en aquel desfile.
      Fuimos en la movilidad del colegio todos los que íbamos a marchar: la pre-escolta como compañía, el estado mayor y la escolta oficial.
      El lugar estaba colmado de gente, innumerables asientos rodeaban la pista de desfile. A su vez, la pista estaba repleta de colegiales, representaban a sus respectivos colegios.
      Era un acontecimiento, no era cualquier desfile. Se trataba nada menos que el distrital, o sea, el ganador lograba un cupo para desfilar en el Campo de Marte. El "Santo Domingo de Guzmán" –mi colegio– iba como invitado especial, no competía ya que tenía un cupo asegurado para el Campo de Marte.
      Sentía emoción y miedo a la vez, coraje y nerviosismo, alegría e incomodidad. Sentir todo eso junto hacía la ocasión muy especial.
      La gente nos aclamó, nos aplaudió; algunos envidiosos pifiaron.
      Terminando nuestra pasada –el desfile aun seguía– fuimos al colegio a desayunar una gaseosa y una empanada de carne.

miércoles, 12 de enero de 2011

Se ha muerto mi abuelo

      Hacía mucho tiempo que no veíamos al loco; justo en el último año escolar se le ocurrió cambiarse de colegio. Salimos de clases y fuimos a buscarlo. Eramos muchos, si la memoria no me falla, eramos como cinco puntas, todos estúpidamente uniformados. Después de gastar las suelas de nuestros zapatos de tanto andar, llegamos. El lugar estaba resguardado por un intento de seguridad: un tipo de baja estatura, rasgos étnicos y sin ningún porte. Para no cometer error alguno, decidimos hacer un plan estratégico. Tataje era el más osado y aguerrido del grupo, así que él fue el encargado de ejecutar dicho plan. 
      Mientras tanto, el intento de seguridad nos vigilaba desde su guarida, sin vacilar; quizá pensaba que eramos malandros en busca de alguna "gresca interescolar".
      –Ustedes quédense aquí –dijo Tataje.
      A raudos pasos, con la cabeza en alta y muy seguro de sí mismo, cruzó la pista y se dirigió a la puerta.
      –Buenas Tardes –comenzó– Necesito entrar para hablar con mi primo que estudia aquí.
      –¿Tu primo? –respondió incrédulo el tombo.
      Al verlo con un semblante de pena absoluta se compadece y lo deja pasar.
      –Quédate aquí –retomó el tombo– ahora vendrá la auxiliar.
      Tataje, sentado, esperaba que todo acabara. Los segundos de espera fueron breves pero a la vez eternos. Al poco rato se acerca una señora de base cuatro, vestida ridículamente, llevaba puesto unos lentes espantosos.
      –Así que buscas a tu primo, ¿no? –atinó a decir la auxiliar con una mirada examinadora– ¿Como se llama?
      –Victor Arrieta –respondió rápidamente– es urgente, mi abuelo está muriéndose. 
      Al escuchar esto, la señora se quedó boquiabierta, parecía que fuese un túnel sin salida.
      Pasó uno, dos, tres... diez minutos y bajó el loco. No sabía que iríamos a sacarlo. Lo vio a Tataje sentado y sonrió.
      Muy astuta, la auxiliar llamó a la mamá del loco y al enterarse de que fue vilmente engañada gritó: "¡Ustedes no van a ninguna parte... Arrieta sube a tu salón y tú jovencito!". Se acerco y le pidió que saque sus cuadernos, al ver la etiqueta, donde figuraban sus datos, y sus apellidos no coincidían afirmando que no eran primos, le dijo:
      –Ah, pendejito te crees –tirando su cuaderno– ¿De qué colegio eres?
      –Del Bertolt Brecht –respondió Tataje... fue lo más cómico porque estaba vestido con el uniforme del Santo Domingo.
      –Llamaremos a tu colegio.
      –No, no, sólo queríamos hablar con nuestro amigo, hace tiempo que no lo vemos.
      –No sabes que estás en graves problemas.
      –Ya fue pues...
      El tombo lo agarró como un estropajo y lo sacó con un tremendo patadón, a los pocos segundos lanzó su mochila.
      Al ver esa escena nos matamos de risa. Tataje sólo atinó a decir: "huevones de mierda, casi se la creen... vámonos antes que haya problemas". Y nos fuimos, cabisbajos, sin lograr nuestro objetivo, pero con una anécdota que será difícil de olvidar.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Los clones


    Era el primer día de clases del último año escolar, la normalidad, de repente, fue interrumpida por tres misteriosos alumnos; hablaremos acerca sólo de dos de ellos, porque el tercero es un ser tan insignificante que no merece ser leído por ustedes, mis amigos (y es así, los considero mis amigos, porque son cómplices de cada hecho vivido, porque los amigos saben cosas de sus amigos y ustedes al leer cada post mío, se enteran de mi no tan maravillosa vida). Era curioso verlos porque se parecían a dos de nuestros compañeros, por eso se ganaron, muy pronto, el apodo de "los clones".
      Nunca, nunca había visto a una persona tan callada como el clon de Norvil, sólo hablaba con el otro clon, y eso, si se le puede considerar monosílabos como fluidos diálogos. Un día, uno de los tantos días, hice una broma (no voy a decir que era el payaso de la clase, pero de vez es cuando amenizaba el ambiente con mis ocurrencias); todos se cagaron risa, menos él, ni siquiera mostró una puta sonrisa, parecía que era un ser hecho de piedra.
      Caminaba con mi gran amigo Yogui...
      –Agregué al clon de Norvil hace una semana –inició Yogui.
      –¿Qué si? –respondí desinteresado– ese huevón es el que nunca habla, ¿no?... Fácil es un loco messenger, típico de esos cojudos.
      –Putamadre, peor, es un enfermazo –cuando lo dijo, pude ver sus ojos desorbitados, reflejando un asombro colosal– me mandó un video porno de los que ve.
      Lo miré sin decir nada esperando que prosiga con la historia.
      –Nunca había visto un video tan asqueroso... A la flaca la penetraban dos huevones y al final, ella se toma la orina de uno de esos patas.
      –Putamadre, ¡qué asco! –respondí inmediatamente– ese huevón debe ser un desquiciado.
      La noticia se divulgó muy pronto y se ganó la fama de pajero, enfermo sexual, depravado, maniático, violador. Dentro de esa coraza de adolescente taciturno se encerraba un ser despreciable, una persona con graves problemas mentales y psicológicos, porque para ver esas cochinadas es un loco de mierda.


                                                        ************


      Alejandra, por su cumpleaños, nos invitó al Iguana Rana; ahora tiene otro nombre y bajó de level; antes tenía un level respetable (los que han ido alguna vez me darán la razón). Nos encontramos en su casa. Como nunca, todos estábamos bien vestidos, yo que nunca usaba camisa, terminé usando una. Bueno... el clon de Yogui, que fue el último en llegar, como dirían los paletazo, estaba vestido totalmente OUT! (qué cabrito sonó, pero no hay otra manera de describirlo): polera anchaza, buzo con un millón de bolsillos y tabas de quince lucas. Lo vimos y no le dijimos nada. Nos enrumbamos a dicho local. Llegamos. Hicimos cola. Nos sentíamos recontra palteados porque era una discoteca que no entraban menores de edad: nosotros teníamos dieciséis.
      Ale habló con el gorilón que cuidaba la puerta y le metió un buen floro. Entramos de a pocos, hasta que noté que la cola no avanzaba.
      –Lo siento –dijo el gorilón– no puedes entrar.
      –¿Por qué? –respondió confundido el clon de Yogui– si soy invitado y estoy en lista.
      –Mira como estás vestido... la discoteca se reserva el derecho de admisión.
      El clon de Yogui desperado nos veía; Rubin, yo y los demás ya estábamos adentro. En medio de su locura le pidió a Rubin que se sacara la camisa y se la preste para poder entrar. Los intentos del pobre muchacho tornaban inútiles, para no cagarnos el plan, decidimos embarcarlo, porque estábamos recontra empilados y no nos íbamos a ir por ese cojudo. Además, esa vez estuvo inolvidable, quizá merece ser contada en otro post. No es por ser un mal hablado, pero lo ocurrido con el clon de Yogui fue lo más vergonzoso que vi en toda mi vida.




PD1. El clon de Yogui actualmente estudia Derecho en la San Burrin... espero que ahora sí tenga éxito en las discotecas. El clon de Norvil... no sé nada de él. Espero que no forme parte de los grupos de pederastas que hoy en día vemos en las noticias.
PD2. Bienvenido 2011, este año lo tiene que ser todo, carajo. Un saludo para todos ustedes y feliz año nuevo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Silvia

Piero desde la primera vez que la vio se enamoró. Silvia era una chica de sonrisa angelical, le gustaba la música pesada y, para la mala suerte de Piero, tenía enamorado. Era un tipo alto, pelucón y con cara de huevón. Qué suerte tienen los feos. Piero no era muy querido por el grupo, la mayoría pensaba que era uno más; a pesar de eso, me caía bien. Tuvo que esperar a la fiesta de promoción para decírselo.

–Provecho, Rodríguez –gritó el instructor con gran sarcasmo, mientras estaba comiendo mi grasiento pollo a la brasa.

Sonreí y en mi mente dije: "Anda nomás conchatumadre". Levanto la mirada y veo a Silvia y a su peor es nada discutiendo, habían terminado y él estaba más insoportable que nunca. Piero se acerca –cabe resaltar que la fiesta recién empezaba y ya estaba ebrio– y lo abraza.

–Yo la voy a hacer feliz –le decía, mientras el otro lo miraba lleno de rencor.

El pelucón se libera.

–Desaparece antes que te reviente –le respondió, mirándolo fijamente a los ojos.
Me hizo recordar a los gallos cuando se mechan frente a frente.
–Se van a pelear –gritaba Silvia, desesperada.

Me acerqué y cachosamente le dije: "Qué pasa Silvia". No sé cómo pero cuando volví a clavar la mirada estaba Blind, Tataje, el loco y Yogui deteniendo a Piero y al pelucón. "Ya fue brother", le dije para consolarlo.

Luego de dos horas, la gente estaba ebria. Piero estaba hecho. Al intentar bailar, patea una botella de cerveza. El instructor al ver eso nos llamó la atención, bueno, me llamó la atención, ya que era el único del grupo a quien conocía. "Rodríguez, cuidado con tu grupo, una más y los boto", sentenció. "Qué alguien lo ayude a sentarse, está hasta las huevas", dije.

Nunca podré olvidar esa expresión de extrema tristeza y el profundo dolor que sentía.

–Estuve esperando esa oportunidad y ese huevón la caga –decía– Yo la amo, por qué siempre me pasa esto.

Mientras Silvia y su galán bailaban una canción de salsa, besándose y olvidándose del mal entendido que habían tenido.

lunes, 1 de noviembre de 2010

No me gusta bailar

Bajamos del taxi. La oscuridad de la noche nos infundía confusión. Había tres locales juntos, en donde, al mismo tiempo, se realizaban fiesta de quince años. Los locales estaban decorados con telas blancas y rosadas. Tipos enternados vigilaban la puerta.
–¿Dónde es ah? –dijo Pino.
Pino era mi mejor amigo de la primaria. Habíamos dejado de vernos hacía tres años, pero nunca es tarde, las buenas amistades nunca se pierden.
      –Hay que preguntar por la quinceañera –dije sacando la tarjeta. Me acerqué a un tipo gigantesco– ¿Ésta es la fiesta de Jackie, no?
      El tipo nos miró de pies a cabeza y sonrió.
      –Sí, pasen por favor –dijo.
      –Espera, vamos a comprar cigarros –dijo Pino.
      Nos dirigimos a una señora que vendía chicles, cigarros y caramelos.
      –Dame un Kent –señalando la cajetilla– ¿Has probado ese cigarro?
      –No, nada –Tenía dieciséis años y era un total inexperto en el tema de los cigarrillos. Es más, ese fue el año que me inicié, fumando, claro.
Entramos y prendimos un cigarrillo. Vimos como estaba el ambiente. Estaba vacío. Sólo estaba la familia y algunos invitados. Lorena y sus amigas se acercan a nosotros.
      –Chris –dijo Lorena– viniste.
      Sus amigas nos miraban lujuriosamente. Luego cuchichearon un rato.
      –Él es punk, no baila –dijo mirándome–. Has venido a bailar, me supongo.
     En ese tiempo estaba metido en la honda punk, iba a conciertos, pero nunca afirmé que lo era. También iba rara vez a tonos, pero lo hacía por compromiso, para hacer hora, pero no bailaba, no me gustaba, además, no sabía bailar.
      –Claro que voy a bailar –dije inseguro.
     Me presentó a sus amigas y le presenté a Pino.
     –Vamos a perrear toda la noche –me dijo una de ellas.
     Sonreí y prendí otro cigarrillo.
     Comenzó la ceremonia, la parte más aburrida. Teníamos que jalar una pita, el que se llevaba el anillo, se hacía el chambelán. Pino fue el suertudo. Lo miré y sonreí. Pino había ido a esa fiesta, solo para acompañarme, en realidad, no conocía a la quinceañera. Luego de las palabras de los padres, le tocaba hablar a la quinceañera. Jacky sólo atinó a decir: “Nada, que comience la fiesta”. En vez del típico “Danubio azul”, escogió bailar con el chambelán el tema del momento, una canción de dj Warner. Luego una salsa. Todos se reían disimuladamente al verlos bailar. Hacían cualquier cosa menos bailar salsa.
      A penas empezó la fiesta, empezaban a entrar los maleantes del colegio, la continuaban de otro tono. Pino y yo nos sentamos un rato, pero en eso se acercan dos de las amigas de Lorena y nos sacan a bailar. Ella se voltea y empezaba a moverse lascivamente. Yo, miraba a otras parejas e imitaba los repetitivos pasos. Al ver que no sabía bailar me dijo: “Amigo, un toque, estoy cansada”. Y se fue a bailar con otro tipo. Había quedado como el más perdedor de la noche. Otra chica me saca a bailar, pero esta vez, mejoro los pasos y sin querer aprendo a bailar, bueno, a tener ritmo. La fiesta se hacía más divertida y la pasaba bailando sin cesar, como nunca. La prima de Jacky se pone delante de mí y empieza a moverse de una manera brutal, ponía sus manos al piso y movía las caderas desenfrenadamente. Sin duda, era una de esas chicas que bailaba en perreotecas, como Los Botes.
      –Te dejó chiquito –me dijo Lorena.
     Reí. “Si pues”, sentencié avergonzado. Para no quedar mal, saqué a bailar a Jacky, una salsita. Era totalmente inexperto en bailar salsa, pero al menos tenía más ritmo que ella.
      –Sabes bailar –me dijo.
      Terminamos de bailar y nos sentamos en las banquitas. Una de las chicas más populares, se sienta al costado y empieza a dormirse, acostada en mi hombro. Sonreí sin saber que hacer.
      Eran las tres y media de la madrugada y era la hora de irnos. Paramos un taxi y nos fuimos. Pino al bajarse dijo: "Cuidado, cuidate". Me puse un poco nervioso y miré el retrovisor. Pensé: “Cualquier cosa abro la puerta y salgo de esta huevada”.
      –Son ocho soles –me dijo.
      Busqué en mis bolsillos y no encontré la cantidad sugerida.
     –Un toque, voy a tocar la puerta, y le pago –Bajo. Toco la puerta y sale mi madre.
     –Dame ocho soles, el taxista está esperando.
     Con el dinero en mano me dirijo al taxista y le pago. “Muchas gracias”, finalicé.

jueves, 21 de octubre de 2010

Bromas capaces de destruir una amistad

      El aburrimiento se apoderaba del día, para colmo de todos los males, tocaba química. El profesor entra y comienza su clase. Me sentaba en la fila del centro, en la última carpeta, junto a Yogui. El profesor Barrera, apodado callo en honor a su mano, pasaba por los asientos y sin explicación alguna, se paraba al final del salón, justo detrás de Yogui. Esta escena se repetía siempre que tocaba su clase, mis compañeros al darse cuenta empezaron a burlarse.
      –Yogui, ¿qué fue? ¿callo ta' templado de ti? –dijeron en grupo.
      –Oe qué hablan, no hablen huevadas –respondió
      –Nah ese weon quiere algo contigo –dijo Echia.
      –¿Ah?
      –Porque crees que se para detrás tuyo y te empieza a sobar la espalda –continuaron– Qué tal cabro, se deja manosear.
      Pasaron unos meses y me uní al grupo que se burlaba de él. Como el HI5 estaba de moda en ese tiempo, creé uno en joda, el cual, más tarde, sería el motivo de mi casi expulsión, felizmente no se concretó.
      En la clase de computación abro el HI5 para que todos observaran.
      –Creé un HI5 de cayo con yogui.
      Empiezan a leer los supuestos datos. Rieron.
      –Te pasaste de pendejo, cómo vas a poner intereses: Nada, sólo estar al lado de mi perrita y tirármelo.
      –Ta' que se me ocurrió –respondí y luego de eso solté una carcajada.
      –Pero a esta huevada le falta, con mi cel le tomaré foto, pero necesito que me pases la contraseña –dijo Echia.
      –Ya, como si las huevas.- respondí
      Acto seguido en la clase de química, esta vez en el laboratorio, Echia le toma foto a Callo cuando estaba "ayudando" a Yogui y luego lo sube al HI5. Esa página se hizo tan famosa, que medio colegio estaba agregado al HI5 "xXxporsiempretuyatamaraxXx". Ahora no sólo un grupito se burlaba de él, sino era todo el salón, hasta la más sana. Nos pusimos de acuerdo en sentarnos en las primeras carpetas y dejar a Yogui atrás, cuando Callo se acercaba, todos decían: "Mira, mira, se lo va a cachar" "pobre perrita", murmuraban los estúpidos.
      Naturalmente perdimos la amistad de Yogui, lo que comenzó en joda se agravó. Yogui, traumado por las burlas, era el primero en llegar y sentarse en las primeras carpetas, aún así siguió la joda.
      Un día cansado de ser humillado se le enfrenta al profesor.
      –¡Ya deje de fregarme! –exclamó desesperado.
      –¿De qué hablas? –interrogó el profesor.
      –Por su culpa todos me molestan –mirando a todos lados
      –Dime quienes te molestan –con las venas salidas del ojo.
      Teniendo la oportunidad de cagarnos y culpar a los que siempre lo jodían, respondió: "Todos, todos me molestan".
      Pasó el tiempo, y el hijo del profesor, agrega el HI5, indignado por esto, le cuenta a su padre, muy furioso comienza a hacer investigaciones de quienes fueron. En la hora de tutoría entra un alumno de otro salón.
      –¿La alumna Yesenia?, el profesor Barrera la busca.
      Todos al darse cuenta del fin, empezaron a temblar y desear que el año escolar acabase. Después, el auxiliar llama a Blind, transcurridas unas horas sube asustado.
      –¡Putamadre! El director ya se ha enterado, dicen que van a expulsar a los que han creado esa huevada. Ya te cagaste.
      –Ni cagando, no tengo miedo. Diré que no he sido ¿no habrás dicho nada, no?
      –Mira, el auxiliar me llevo a la sala de computo y un chibolo encapuchado abrió el HI5, y me obligaron a culpar a alguien, pero no dije nada.
      –¿Encapuchado? –reí – ¡hablas pichuladas oe!
      –Firme huevón –respirando con dificultad– obvio si alguien sabe su identidad, fácil lo masacran.
      –¡La putamadre!
      Llegó el último día de clases, como era costumbre en mi colegio, se realizaba una aburrida ceremonia de clausura. Un estúpido del otro salón le toma foto a Cayo, y se empieza a reír con su pata.
      –Dame esa cámara –dijo Callo al pescarlo.
      –Profe yo no soy –respondió el imbécil, que no sé ni como se llama, asustado.
      En ese momento Koky, Echia y yo; estábamos mirándolos de cerca.
      –¡Qué tal huevón pues! –Respondió Koky, luego de reír.
      –¿Ustedes qué se ríen? –dijo Cayo mirándonos– Ya sé quienes han sido, Koky, Rodríguez (yo), Echia, suban a la oficina del director.
      Sorprendido por las palabras, no hice caso, y me fui a otro lado, un lugar en donde no me pueda encontrar, nunca lo hizo.
      Era el final, al despedirme de mis compañeros, se acerca Yogui.
      –Oe ya fue –dándome la mano – dejemos esa palta.
      Me sorprendí por tan noble acción.
      –Claro, discúlpame, fui un imbécil.
     Nos dimos un abrazo en señal de esa amistad incondicional que tenemos, por cosas de la vida nos volvimos a encontrar en verano, y tener anécdotas que jamás olvidaremos.

PD. Este fue uno de mis primeros post, pensé que no muchos lo habían leído, por eso lo publiqué de nuevo.

sábado, 11 de septiembre de 2010

La palta del año

      Tataje, Yogui y Blind estaban alegres por el cachuelo de moso y ahora tenían plata para gastar. Bordeaban los dieciséis años y no sabían que hacer con la plata. Decidieron ir a la fiesta de Anderly. Dicho evento iba a ser en su casa, quedaba frente a un enorme parque donde abundaba gente de mal vivir.
      Comenzó la fiesta. La gente entraba de a pocos. La música de dj Warner estremecía el ambiente. Lentamente los más flow sacaban a bailar a las intrépidas. Ellos también bailaban y gozaban del tono. Luego de bailar, los grupos de gente sedienta pedían alcohol y como ellos tenían plata sacaban los billetes, mismos mafiosos, la gente los miraban con gran asombro.
      –Saquen tres cajas –dijo Tataje– para comenzar.
      Sin duda, eran la atracción de la fiesta.
      –Una huevada es estar con plata –dijo satíricamente Blind.
      Los vasos iban y venían. Algunos para no hacer estupideces iban yéndose de a pocos, ellos seguían tomando, no les importaba lo que podría pasar. Como estaban cansados por el trabajo, cayeron rendidos.
      A eso de las cuatro de la mañana, Yogui se despierta, palpa sus bolsillos, mete las manos y se lleva una gran sorpresa.
      –Me han robado –gritó alarmado– había cincuenta soles en mi bolsillo.
      Las pocas personas que quedaban se sorprendieron.
      –Que nadie salga –gritó Tataje–. Vamos a hacer requisa.
      Cuando terminaban de rebuscar a todos, Yogui suelta una carcajada.
      –Qué fue –dijo Blind.
     –Nada, me huevié –respondió– estaba en mi bolsillo.
      –Anda huevonazo –vociferó Tataje–, hicimos todo por las huevas.

PD. Hoy mientras practicaba Costos escuchando música, me acordé del concierto de "despedida" de Diazepunk, cuando coreaba una canción y de pronto se acerca un tipo y me pregunta qué tal tocó LOS MUY ILUSTRES (Ecuador), yo le respondí: "chévere". Sonrió y me dijo: "Yo soy el vocalista", entregándome el disco de su demo. Lo miré desconcertado y le dí un apretón de manos en señal de agradecimiento. Aún conservo el disco.

sábado, 28 de agosto de 2010

El profe

      (En el colegio, el profesor de geometría revisaba los cuadernos para las notas finales. Era mi turno)

      PROFESOR.- Supongo que te habrás puesto al día.
      CHRIS (Sonriendo).- Claro pe profe.
      PROFESOR.- Has tenido mucho tiempo para copiar.
      CHRIS (Haciéndose el ofendido).- Qué habla profe. Hice toda mi tarea y sin copiar.
      GINO (A lo lejos, se entromete).- Cuidado profe, es el hijo del dueño de Metro.
      PROFESOR (Mirándome desconcertado).- ¿En serio?
      CHRIS.- Sí, profe.
      PROFESOR (Mientras volteaba las páginas).- Yo pensaba que los dueños de Metro eran chinos.
      CHRIS.- Nada, profe. Eran… mi viejo les compró la franquicia.
      PROFESOR.- ¿Y por qué no estudias en un colegio ficho, tipo Markham?
      CHRIS.- Perfil bajo nomás. No mucha gente sabe, sino, en cualquier momento me secuestran. Mi viejo es pataza del director del Markham.
      PROFESOR (titubeando).- Oye, dile a tu papá si puede recomendarme. Te aprobaría con 18.
      CHRIS (luego de escuchar la risa conjunta del salón).- Pucha, profe, es una broma.
      PROFESOR (Lo mira, sus lentes se caían sobre su nariz).- Toma tu cuaderno.
      CHRIS (Observando el 14 de nota en su cuaderno).- Chévere profe.
      PROFESOR (Con una sonrisa cómplice).- Mínimo. Saludos para tu papá.

jueves, 7 de enero de 2010

Para que te sirva de lección…

(2005) Me di cuenta que las olimpiadas escolares aún no terminaban, faltaba la competencia de atletismo. Estaba afligido por la derrota en fútbol, el equipo era un desastre, no pasamos ni siquiera a la segunda ronda, pero tenía que sacarme la espina y ganar en algo, por eso participé en atletismo. Corría muy bien, pero nunca había participado en alguna competencia, al ver que no tenía nada que perder, me lancé a la prueba de cien metros planos. Eran dos carreras, la primera clasificatoria y en la segunda se veía el campeón. En la primera, sin ningún problema clasifiqué y en la segunda quedé primero, así que gané la medalla de oro, la verdad casi pierdo esta vez, ya que antes de llegar a la meta volteo para ver al que estaba atrás, al darme cuenta que el contrincante estaba apunto de pasarme, estiro la pierna y cruzo la meta, le habré ganado por milésimas de segundos. Luego participo en la carrera con postas, esta vez la responsabilidad no solo recaía en mí, sino en tres amigos más, el orden era así: primero corrió Mendoza, se tropieza pero logra llegar segundo, de ahi seguía Jordan que quedó primero, era el turno de Vidarte, corrió como un choro y me entregó la posta, era mi turno, tenía una ventaja abismal a los demás contrincantes, así que llegué primero sin problemas y gané otra medalla de oro. Era bicampeón en atletismo.
      (2007) Pasaron dos años desde ese entonces, como nunca quedamos tercer puesto en fútbol. Ahora se venía atletismo, estaba muy confiado, me creía la gran cagada, fui el ultimo en bajar y ponerme en la partida. El silbato suena y los dos corredores que estaban a mi alrededor se cruzan y me cierran el camino. Obvio, sabían que para ganar tenían que dejarme fuera de la carrera, lógico... perdí. Me quedaba la carrera con postas para taparle la boca a todos los que deseaban mi derrota. Corrimos los mismos pero en reemplazo de Vidarte, corrió Tataje. Antes que me dé la posta, el contrincante ya me había llevado años luz. Bueno, me mentalicé en llegar segundo y clasificar, vi la meta y baje la velocidad y empecé a caminar, supuestamente me detuve en la meta, en donde habíamos comenzado a correr, pero no se escuchaba ninguna indicación de "clasificó", hasta que pasa otro corredor y le dicen segundo puesto, yo no entendía lo que pasaba, si yo era el que había quedado segundo.
      Mi falta de experiencia me hizo una mala jugada y es que uno nunca debe pararse en seco, sino seguir corriendo, sin importar haber pasado la meta. Los reclamos no valieron de nada, sólo dos pasaban a la final. Esta vez perdimos y la culpa fue mía. Recuerdo que el profesor tutor “Norvil 2” casi me lincha, sino hubiera estado mi viejo fácil. Todos mis compañeros estaban enojados conmigo, y nunca faltan esas personas que están atentas para verte caer y burlarse de tus desaciertos, no me importó pero en el fondo estaba decepcionado conmigo mismo.
     
PD. Desde esa vez me frustré y no he vuelto a correr en ninguna competencia, ni siquiera por amor al deporte. Siempre recordaré eso, nunca hay que creerse superior, ni mucho menos sentirse ganador antes de empezar algo.