Mostrando entradas con la etiqueta drogas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta drogas. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de marzo de 2011

Anécdota

Abel permanecía ebrio y desafiando el equilibrio, parado, esperando que viniera un bus para ir a su casa. Eran las tres de la madrugada, lógico, la pista estaba vacía, desierta, sin carros, sin nada, sólo el brusco viento y la oscuridad de la noche. “Putamadre”, se decía una y otra vez. Y de la nada empezó a recordar todo.
Se venía de una fiesta, en Surco, de una amiga de la universidad. Se quedó anestesiado por el alcohol y el poco de cocaína que había inhalado. Al despertarse se dio cuenta que se había pasado de paradero y que estaba en el anexo 36 –dónde será esa huevada dirán ustedes, bueno, el anexo 36 es el último paradero del bus, exactamente donde se guardan los buses, llamado por algunas personas como el “portón”–. Se sintió aterrado. Rogó para poder dormir adentro, pero el chofer, inhumano, le dijo que saliera y se quede a dormir afuera. Pensó lo peor, pensó que iba a ser asaltado bruscamente, golpeado, hasta ultrajado.
      Miró atrás, adelante, hacia todas partes y sólo encontraba, simplemente, nada. De pronto, pasó un taxi, el cual estaba medio lleno. Una chica lo invita a subir; él sin pensarlo dos veces acepta. Los minutos pasaban y las chicas entablaban una entretenida conversación con Abel, el taxista también conversaba, lo extraño de todo era que el taxista tenía un dejo apitucado, “Cha hace acá este huevón”, se preguntaba en silencio. “Abel y si la seguimos en mi casa”, le dijo la más osada de las chicas. Abel empezó a analizar la situación, “Si he salido vivo de esto, las webas, vamos… no, no, mucha huevada, tengo una mala intuición”, pensaba.
      –Pucha –respondió Abel– estoy demasiado cansado, para la próxima puede ser.
      El taxi se detuvo, debido a que el semáforo indicaba la luz roja. Mira a la derecha y observa un policía, bruscamente abre la puerta y se lanza, huyendo de aquel taxi.

viernes, 20 de agosto de 2010

Aprieta el gatillo

El doctor miraba a Emilio con cierta pena. Luego de estar en coma cerca de dos días, Emilio abre los ojos, la luz blanca daña sus ojos.

–¿Dónde estoy? –preguntó Emilio.
–En el hospital –respondió el doctor–, tranquilícese.

Emilio empezaba a respirar con dificultad. Giró la cabeza en dirección del doctor y lo contempló sin mencionar ninguna palabra durante mucho tiempo. Luego quitó la sabana que lo envolvía, se sentó en la cama y se agarró el pecho.

–Doctor, dígame –lo miró sin parpadear– ¿Qué hago aquí?
–Has estado en coma, dos días. No te quiero vender falsas esperanzas –pausó un breve tiempo, esos segundos parecían eternos –, pero...
–¿Pero qué?
–Tienes tres meses de vida –una gota de sudor frio cayó de su cara–. Lo siento.

Emilio apretó los puños y empezó a maldecir. Abrió la puerta con suma violencia y se retiró.

Llegó a su casa y le contó lo sucedido a su esposa, Veralucía. Los dos se abrazaron y lloraron sin consuelo. Emilio se repuso.

–Estos tres meses hay que vivirlos como nunca– dijo Emilio.

Veralucía sonrió y asintió con la cabeza. Empacaron la maleta. Veralucía colocaba la ropa necesaria para un largo viaje. De pronto, Emilio saca de su cajón un revolver. Veralucía lo mira fijamente a los ojos.

–Probablemente los últimos días sufra –cargando el revolver– así que cuando llegué el momento, apretarás el gatillo.
–Pero qué estás hablando.

Discutieron toda la noche.

Al día siguiente tomaron un bus hacía Punta sal. Disfrutaron de su estadía en dicho lugar. Parecía que estuvieran en el paraíso. Ambos renunciaron a sus respectivos trabajos y decidieron gastar hasta el último céntimo de sus ahorros. Se levantaban tarde, desayunaban gaseosa con panes. Estaban en la playa toda la tarde, disfrutando del sol, nadando y corriendo olas. Las noches eran de discoteca: destrucción. Siempre terminaban en algo íntimo, los dos y la noche. Para combatir la cruda realidad consumían drogas. Las preferidas de Veralucía eran los hongos alucinógenos, luego de una dosis rompía a llorar. En cambio, Emilio prefería la cocaína; dibujaba su nombre en la mesa y con una cañita, inhalaba. Esas vacaciones fueron un descontrol total.
Dos meses y medio pasó. Un grave dolor afectó a Emilio. Se doblaba en dos, cerraba los ojos, gritaba como loco. Cada segundo pasaba y ya olía el olor de la muerte. Veralucía quedo mirándolo, estática.

–Amor –dijo Emilio, luego de un gran esfuerzo–, el revolver está al costado de la cama.

Ella corrió, tiró todas las cosas al suelo, en su afán de encontrarlo.

–Ya es hora –dijo Emilio– aprieta el gatillo
Ella no podía creer lo que estaba escuchando. No le cabía en la cabeza echar cinco años de matrimonio al tacho. Aunque sabía que Emilio no tenía cura, no podía matarlo, estaba en contra de la eutanasia.
–No lo haré.
–¿Qué mierda estás hablando?
–Te amo tanto –llorando– no puedo hacerlo.
–Eres una perra. No sirves para nada. Kathy es mejor que tú en la cama. No sé cómo pude estar contigo.

Veralucía abrió los ojos, desorbitados. Cogió el arma y dejándose llevar por el impulso, apretó el gatillo. Un disparo se oyó. Emilio cayó. Su cabeza parecía un río de sangre. Entonces comprendió que lo había matado. 

–Puta madre.

jueves, 18 de marzo de 2010

Capítulo VII - La peor estupidez

Muy tarde en la noche, Thiago no podia conciliar sueño. Aquellas escenas vividas hacía unas horas no dejaban de repetirse en su mente. No era posible que detrás de esa princesa que había conocido, estaba un ser tan ruin como lo era su padre. No le importó que fuese madrugada, eran casi las cuatro y media. Salió con su perro a caminar por el parque, donde con un cigarrillo en mano no dejaba de analizar lo ocurrido. Ese día no pudo dormir.
Era domingo y aunque todavia no amanecia, agarró su telefono y marcó el número de Tony. Él aún no llegaba a casa. Contestó su madre preocupada. Thiago se sintió tan impotente que maldijo ese día.
      Por otro lado, Renato estaba terriblemente angustiado. Su padre le dio un ultimatum de que si no conseguía trabajo lo botaban de la casa. Ya estaban cansados de criar a un hijo tan engreido que sin merecer lo tenía todo. Pensó en sus amigos y al día siguiente en la universidad, les contó para que lo ayuden a conseguir un trabajo.
      –Veré si mi viejo te puede ayudar –indicó Tony–. Ven a mi casa a eso de las ocho de la noche.
      A pesar que Renato era uno de los primeros puestos en la universidad, cuando venian gente de empresas para contratar a los estudiantes, no lo escogían ya que no pasaba la prueba de entrevista. Era muy tímido con la gente que desconocía. Tenia un caracter introvertido.
       Renato estaba muy entusiasmado. Llegó puntual al encuentro pactado. El papá de Tony le abrió la puerta. Luego de un apretón de manos suben a la pequeña biblioteca que estaba ubicada en el tercer piso. Pudo apreciar que no era nada pequeña, al contrario, era muy extensa. Tenía cálidos muebles, una enorme mesa negra, un giganteso armario donde estaban innumerables libros. El piso era elegantísimo, estaba diseñado con lo último de la moda europea. En la pared había un retrato de una hermosa mujer, que de seguro era la madre de Tony.
      –Bueno, mi hijo me dijo que necesitabas trabajo.
      –Sí –respondió Renato encogido de hombros.
      –Dime, ¿tienes un buen trato con la gente?
      Renato se incomodó porque tocaron su talón de Aquiles.
      –Se podria decir que sí.
      –¿Consideras que tienes "pasta" de líder?
      –Considero que el lider además de que se nace se hace.
      –Buena respuesta. ¿Tienes alguna experiencia laboral o sea administrando una empresa?
      –La verdad que no -sonrió-. Pero siempre hay un comienzo.
      –No se diga más. Dentro de mes y medio habrá un concurso de puestos para los nuevos administradores. Tú sabes, soy gerente general y tengo mucho peso. Fácil y te consigo un puesto de jefe de área.
        Renato abrió los ojos, sorprendido. Bajó la cara y la volvió a subir. Esta vez lo miró a los ojos.
        –Señor, necesito el trabajo lo más antes posible.
        –Lo siento. Tendrás que esperar. No sería muy ético que despida a alguien y a los minutos contrate a un conocido. El trabajo lo tendrás, sólo habrá que esperar.
        Renato se sintió con la soga en el cuello. En su casa, sus padres le dieron como ultimatum de que si no conseguía trabajo hasta el viernes se iba a despedir de los lujos de su casa.
        –Gracias.
        Se extendieron la mano. Sale de la casa desconcertado y encuentra a Isabella. Se saludan con un beso en la mejilla. Muy nervioso le cuenta su problema.
        –Te puedo ayudar –dijo Isabella–. Bueno, sé quien te puede ayudar.
        –¿Quién?
        –El amigo de mi padre –hizo una pausa–. Eso sí, no se lo digas a nadie.
        –Ok –respondió Renato en señal de extrema confidencia.
        Isabella toca el tema con su padre y él, desinteresado, acepta contactarse con su amigo.
        –Cítalo mañana en la Plaza de Armas, frente a la Catedral.
        Al día siguiente recibe un mensaje en su celular que le indicaba sobre el encuentro. Nunca se imaginó que sería el comienzo del final. Cogió lo primero que había en el closet y fue a darles el encuentro.
       Llegó al lugar. Encuentra al padre de Isabella sentado con un hombre misterioso. Él no era de Italia. Tenía rasgos latinos, supuso que era de Colombia. Era de piel morena y tenia pelo crespo. Vestia smoking y en la boca tenía un puro.
       –Hola muchachón –dijo aquel hombre misterioso.
       –Buenas tardes –en ese momento Renato sintió un nudo en la garganta.
       –Vamos a ir directo al grano –replicó aquel hombre sacando una pequeña caja.
       Renato frunció las cejas en señal de desconfianza.
       –Quiero que lleves esta mercaderia en tu cuerpo. La envuelves y te la tragas pedazo por pedazo. No te pasará nada, este método es infalible.
       Miles de ideas pasaron por su mente, no sabía qué pensar ni qué responder. Estaba entre la espada y la pared. Sabía que era como jugar en un abismo: el mínimo error lo pagaría muy caro. No tenía otra opción.
       –¿Cuánto me pagaran?
       –Mucho, mucho.
       –Aproximadamente.
       Aquel hombre moreno chasqueó la boca.
      –Mil dolares, ¿qué mas puedes pedir para algo tan facil?
      Renato era de esas personas que nunca decían "no" ante una petición.
      –Ya pues...
      Ese problema lo atormentaba. Se puso distraido, ensimismado en aquel asunto. En la universidad no ponía  atención a la pizarra. La cabeza le daba vueltas.
      –¿Qué te pasa? –preguntó Thiago.
      Luego de un rato movió la cabeza negativamente.
      -No, nada.
      Thiago se dio cuenta de que algo le estaba pasando a su amigo.
      El día pactado llegó. Envolvió los gramos de cocaína con un guante quirúrjico en forma de grandes píldoras y se las tragó. Le dijo a  sus padres que se iba a ir una temporada al extranjero con la universidad, presintió que quizás no los volvería a ver después de mucho tiempo. Se despidió de ellos con un fuerte y emotivo abrazo. Se dirigió al aeropuerto en taxi. No pudo aguantar el gran malestar que sentia debido a lo ingerido.
      –¿Dónde está el baño?, me siento mal –dijo Renato.
      –¿Qué tiene? –respondió el supervisor.
      –Un fuerte dolor de estómago.
      –¿Llamo a un médico?
      –No, no. Nada de médicos. Sólo quiero ir al baño.
      –Bueno, siga defrente a la izquierda.
      –Ok.
     Renato defecó y vio que la "mercadería" estaba flotando en el excusado. Sin pensar se las tragó de nuevo. Estaba totalmente asqueado por lo que se cepilló los dientes para así anular el hedor producido.
      Al salir del baño se encuentra con el supervisor.
      –Señor, su vuelo se ha retrasado debido a unos inconvenientes.
El vuelo era a la una; el próximo salia a las cuatro de la tarde. Renato sintió que se estaba hundiendo en un pantano. Su rostro se desencajó al escuchar aquella noticia. La droga se le estaba reventando en el estómago. No creyó que pudiera aguantar más y volvió ir al baño. El supervisor se dio cuenta de esto y llamó a los oficiales. Estaban esperándolo afuera del baño. Lo llevaron a un cuarto en donde un tipo le ordenó que se desvistiera para asi poder revisarlo.
      –¡Llama a DIRANDRO! –dijo el supervisor al sospechar de que algo no estaba bien.
      Vinieron los seguridad de DIRANDRO (Organización de policia antidrogas) y con un fierro pincharon su maleta de bodega.
      –Esto es droga –dijeron los oficiales.
      –No, no –suplicó– ¡Esto no es mio!
     Renato estaba hecho mierda, en ese momento deseó no haber nacido. Lo llevaron a la cárcel de inmediato. Entre las rejas maldecía haber cometido esa estupidez, la desesperación y las malas decisiones lo llevaron a un nefasto final.
    Sus padres y amigos lloraron su pérdida. Fue en eso cuando Isabella no aguanta más y le cuenta a Thiago que fue por su culpa.  Thiago se sintió traicionado, sabía que no podía confiar en ella. Desde ese momento se alejó de ella y la odió por algunos días.
    
      
       

sábado, 20 de febrero de 2010

Capítulo III - Amor incondicional

El alba apareció, de repente, de una manera majestuosa, grandilocuente, pomposa, realmente indescriptible. Las estrellas dejaron de brillar como lo solían hacer. Un indescriptible, estruendoso sonido logra sacudir a Alexis de la cama y despertarlo del sueño en el que estaba sumergido. Luego de apagar la alarma de su celular, se da cuenta de que sus padres no están en casa al encontrar una nota que dejó su mamá, encima de la mesa de noche, indicando el motivo de su ausencia. Esto no le interesaba en lo absoluto. Prende la radio y coloca un disc compact de Elektroduendes. Era su banda favorita. Adoraba la música punk. Empezó a asistir a conciertos de rock subterráneo a los catorce años. Desde esa edad comenzó a beber y vivir sin respetar regla alguna. Era un rebelde sin causa. Solía ir a Cailloma a perder tiempo con jóvenes mayores  que él. Vestidos de negro, usaban casacas de cuero, correas metálicas, zapatos ridículos y peinados estrafalarios. Se hacían llamar anarco punks. Siempre lo fastidiaban porque Alexis no tenia ningún motivo para estar en contra del gobierno, peor aún, era de la clase social privilegiada, por eso lo tildaban de burgués. Esto no le importaba mucho. Más tarde, entra a la ducha y se baña escuchando el estridente ruido. Se cambia. Saluda a Diana, la empleada de casa, desayunan juntos. Con un beso en la mejilla se despide de ella y se va en auto hacia la universidad.
En dicho lugar se encuentra con sus amigos y los invita a una fiesta por fin de parciales, en su casa, indicándoles que será destrucción total: sexo, drogas y alcohol. Estos, sin pensarlo dos veces, aceptan.
Regresa a su casa y observa con infinita ternura a Diana barriendo.
–Diana, acompáñame a Ripley.
–¿Qué vas a comprarte, esta vez?
–Para mí, nada.
 – ¿Entonces? –mirándolo extrañada.
 –Haré una fiesta y quiero que estés ahí, divirtiéndote, es por eso que te compraré ropa. No acepto un “no” por respuesta.
–No, Alexis. No puedo aceptarlo, no quiero ser una oportunista, ni mucho menos abusar de tu confianza.
–Siempre has estado desaprovechando tu juventud. Es hora de que vivas como alguien de tu edad. Siempre querré lo mejor para ti.
–Gracias –responde Diana avergonzada.
Al salir de Ripley, le dice a Diana que la espere un momento. Se acerca a un sujeto de actitudes poco inusuales y, sin que nadie se de cuenta, compra diversos tipos de drogas, como éxtasis, speed, metadona, heroína, anfetaminas y LSD.
Más tarde, de a pocos, empiezan a llegar los invitados, no sólo su grupo inseparable de la universidad, sino gente desconocida, amigos de invitados.
–¿De dónde has sacado tanta gente? –comienza Yardel
–Pa’ que veas pe’ papá –haciendo un gesto, con las manos, de grandilocuencia.
–Apuesto que no conoces ni el cincuenta por ciento.
–Ni cagando… más.
Yardel lo mira con una mirada fulminante.
–Ya, ya, bueno, manyaré a un veinte por ciento. En la variedad está el gusto, no seas matachongos.
–¡Puta madre! Puro paracaidista.
Rieron. Entretanto, Thiago besaba a Rita, en el sofá. Yardel bailaba desenfrenadamente. Roberto, Renato y Leslie hacían unas mezclas alucinantes, tomaban whisky, vodka, ron y tequila, alcoholizándose sin medir las consecuencias. Los demás invitados bailaban y se aplicaban un poco de la dosis necesaria, algunos se metían a los dormitorios haciendo que la noche sea testigo de su intimidad. Por primera vez, Alexis estaba sobrio, sano totalmente, sin consumir droga alguna, todo por Diana. La invita a bailar y ésta se rehúsa, argumentando no saber bailar, él no se da por vencido y la logra sacar, como ella no sabía, le enseña unos pasos. Aprovechando que estaba en una canción lenta, se acerca a su oído.
–Gracias por estar aquí –sus ojos brillaban como las estrellas– eres especial.
Ella al escuchar eso se asombra y permanece callada, ruborizada, en realidad ella también estaba enamorada de él. Las horas siguieron pasando. La fiesta concluye a las 6 de la mañana del siguiente día.
En la tarde, Yardel decide visitar a Alexis en su casa para conversar sobre el éxito de la fiesta.
–Oye, ¡estuvo de puta madre!
– Se hace lo que se puede –presumiendo, como siempre lo hace.
–¡Alucina!, habré estado tan pasado que no te vi lanzado –sonriendo mostrando los dientes amarillos producido por el consumo de marihuana.
–No lancé ayer.- responde Alexis bajando la mirada.
–Ni cagando huevón –ceñiendo las cejas– ¿firme?
Alexis había decidido darle una vuelta de ciento ochenta grados a su vida, dejar los malos hábitos, comenzar a ser buena persona, importarse en los demás y no sólo en sí mismo. No había mayor motivo, ¿mayor motivo?, Diana era su único motivo de seguir sobreviviendo a esta dura etapa existencial llamada vida. Sabía que su estatus social no le iba a permitir estar con Diana, por ser de clases sociales abismalmente diferentes pero esto no le importó, nunca le había importado nada; sin embargo,  desde que la conoció supo que es interesarse por algo, en este caso, por alguien, y descubrir aquel sentimiento que lo hacía sonreír y llorar; soñar y aterrizar; querer y odiar.
A pesar de numerosos intentos fallidos de conquistarla; regalándole flores, chocolates, dedicándole canciones y escribiéndole los poemas más cautivantes que se hayan leído; ella no le correspondía, se hacia la difícil. Hasta que un día, entra al cuarto de Diana muy decidido, ella estaba viendo tv y lo apaga.
–Quiero que me respondas lo que te voy a decir.
–¿Qué pasa?, ¿qué quieres que te diga?
–¿Me quieres?, ¿sientes algo por mí?
–No, no te quiero.- responde volteando el rostro.
–Dímelo, pero esta vez mirándome a los ojos. Te conozco Diana, no me puedes engañar.
–Y si así fuera, lo nuestro nunca funcionaria.
–¿Por qué lo dices?
–Mira, soy la empleada de la casa, tú mereces alguien mejor. Somos de mundos diferentes. Esto no es una ridícula telenovela donde la pobre se enamora del rico, esto es la realidad. Te amo, pero nuestro destino es no estar juntos.
Al escucharla decir eso, la coge de la cintura y la besa apasionadamente. Ella corresponde con el beso, pareció que el tiempo se detenía para los dos.
–Olvida esos prejuicios, ¿quieres estar conmigo?
Ella acepta y se vuelven a dar un beso, pero esta vez, fue un beso tan sincero que selló el amor incondicional que se tenían, ese amor verdadero, ese amor capaz de traspasar fronteras.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Capítulo II - Una confesión

(Primer viernes del ciclo. Roberto, Alexis, Leslie, Tony, Rita, Thiago, Renato y Yardel a pesar de que sólo tenían una semana de conocerse habían hecho un grupo muy unido).

TONY.- Muchachos, puta que hemos estudiado mucho esta semana, merecemos desestresarnos un toque.
ALEXIS.- Locos, qué les parece si vamos al hueco.
THIAGO.- ¡Jaja! Por mi normal ah.
ROBERTO.- No se dice más. Somos hueco.
RENATO.- Hay somos hueco, que tal gay.
ROBERTO.- ¡Calla oe conchatuvida! Déjame pe.
TONY.- Ya déjense de huevadas, una más y los desahuevo a los dos.
LESLIE.- ¡Compórtense!, parecen idiotas, carajo.
(Se escuchó un silencio que quizás, pareció una eternidad).
ALEXIS.- Siguiendo con el tema. Hay que entrar empilados pues.
YARDEL.- ¿Tienes hierva?
ALEXIS.- Cannabis.
THIAGO.- Disculpen, pero no le entro a esa huevada.
RITA.- ¡No jodas!, ¿lo dices en serio?
THIAGO.- Sí.
TONY.- Acá nadie va obligar a nadie, esto es problema de cada uno.
(Alexis saca la hierba y lo prepara. Thiago al sentirse cohibido no tiene más remedio que probar)
YARDEL.- Ya ves tanta cosa por las huevas.
RITA.- Una piteada cada uno nomás, es sólo para empilarse.
ALEXIS.- Ahora van a ver el rey del party ponerse en acción.
YARDEL.- Oe cawsa tú no eres metal, emo, punk esa huevada.
ALEXIS.- Jaja, nada. Antes era punk, pero eso ya pasó, lo pasado pasado.
YARDEL.- Yo sólo quiero que me la soben. Ojalá pongan Dj peligro, Dj Warner, un poco de perreo intenso.
ROBERTO: Flow de mierda.
YARDEL.- ¡Cha pasa on!
TONY.- Es hora de irnos, nos fuimos…

(Caminan en dirección al hueco. Desde la esquina ven en la puerta a dos huachimanes)
TONY.- ¡Putamadre!, ¿todos son mayores de edad, no?
THIAGO.- Yo tengo 17, pero tengo DNI
YARDEL.- ¿Azangarazo?
THIAGO.- Jajaja, nah. Ahora la nueva ley dice que se puede sacar DNI desde los 17 años.
LESLIE.- Entremos.
GUACHIMAN.- Haber, muestren sus DNI
(Todos sacaron sus respectivos DNI. El guachimán los deja pasar).
TONY.- Hay que hacer una chanchita pa’ sacar chelas.
YARDEL.- ¿Cuánto por cabeza?
TONY.- Cheque y medio para comenzar. Hoy tiene que ser destrucción.
(Cada uno entrega 15 soles. Al rato aparece Tony con una caja de margarinas, se sientan en la mesa y comienzan a tomar)
RENATO.- Putamadre, no avisé a mi casa, no importa. Esto no es todos los días.
ALEXIS.- Esto será así, todos los viernes.
(Ríen. De pronto, suena “culipandeo”, Rita, decidida, sujeta del brazo a Thiago y lo saca a bailar. Al terminar el baile lo besa)
RITA.- Discúlpame, es que me gustas.
(Thiago iba a responder, pero ella lo detiene poniéndole un dedo en los labios)
RITA.- No nos apresuremos. Hay que conocernos y después ver que pasa.
THIAGO.- (sonriendo) Está bien, no hay problema.
(Luego Thiago se va al baño y ve a Alexis tirado en el suelo, inhalando un poco de cocaína)
THIAGO.- Qué fue.
ALEXIS.- Nah, acá un toque activándome. Ahorita salgo.
RENATO.- (Sorprendido entra al baño) Thiago, están que te atrasan afuera.
THIAGO.- Hablas pichuladas.
RENATO.- Vamos, vas a ver.
(Salen del baño y ven a un tipo besándose con Rita)
THIAGO.- (decepcionado) ¡Pero que tal perra!
RENATO.- Todas son iguales.
THIAGO.- Y yo ya iba a caer en sus engaños.
YARDEL.- ¡Hey!, ese huevón esta que agarra con ella por la fuerza.
THIAGO.- Quién chucha se creer ese conchasumadre. Le voy a hacer el pare (sujeta del brazo a Rita) Perdiste pe bro, ella vino conmigo. (El otro no se queda atrás y lo empuja. Acto seguido, en defensa de su amigo, Yardel le tira un puñete en la nariz al seductor. Viene el guachimán y los separa)
TONY.- (Encolerizado) Larguémonos de esta mierda.

(Al día siguiente, Rita llama por celular a Thiago)
RITA.- ¿Aló?
THIAGO.- ¿Qué mierda quieres?
RITA.- Discúlpame, me comporte como una perra. Necesito hablar contigo, por favor.
THIAGO.- No sé que pensar de todo esto.
RITA.- Te espero en Larco a las 7 pm.
(Thiago la ve sentada, se acerca y la saluda)
THIAGO.- Mínimo, necesito una explicación.
RITA.- Pucha, estaba ebria, y ese weon vino, me sacó a bailar y luego me besó por la fuerza. Es uno de los tantos ganones que abundan en esos lares.
THIAGO.- No sé si creérmela.
RITA.- (Baja la cabeza) Me gustas mucho, es por eso que quiero cambiar. Dame una oportunidad.
THIAGO.- La verdad, que también me gustas, pero no quiero que me agarren de huevón.
RITA.- Olvidémoslo. ¿Ok?
THIAGO.- Bueno, que más da…
RITA.- Hablemos de nosotros, mejor. ¿Y dónde vives?
THIAGO.- En Breña.
RITA.- Manya…
THIAGO.- ¿Y tú?
RITA.- Chacarilla del Estanque.
(Siguen conversando hasta que Rita se siente en entera confianza y decide confesarle su secreto)
RITA.- Lo que te diré, prométeme que no se lo contaras a nadie.
THIAGO.- Ya, normal... Dime.
RITA.- Cuando estaba en quinto año de secundaria, fuimos de viaje de promoción a Punta Cana, nos divertimos un pincho. Pero la cagué, una noche tuve sexo con un pata y lo peor de todo fue sin protección. Al darme cuenta del embarazo, sentí que mi mundo se terminaba, que no iba a tener futuro, un futuro digno, iba ser una deshonra para mi familia. Después de mucho tiempo de analizar con mis viejos sobre ese tema, llegamos a la conclusión de que no abortase. Terminé el colegio con cuatro meses de embarazo. Dí a luz y mis padres firmaron el bebe como suyo, o sea, legalmente es mi hermana.
THIAGO.- (Sorprendido) Pucha, cuanto lo siento.
RITA.- Espero tu discreción.
(Rita se puso a llorar y Thiago no tuvo otra opción que abrazarla, en señal de acompañamiento a su dolor)