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viernes, 10 de mayo de 2013

No es suficiente lamentar

Aquel poste de luz nos alumbraba con timidez. Nos encontrábamos parados frente al Plaza Hogar en Surquillo. Saco mi celular y llamo por enésima vez a Yesenia y al loco. Ninguno de los dos me contestaba. Después de la insistencia se les ocurre apagar sus respectivos celulares. No supimos que hacer. Al ver que se aproximaba un grupo de wachiturros, decidimos abandonar la espera y cruzar la pista con ligero disimulo. 

–No entiendo como hay personas que pagan entrada y no van al evento –dije ofuscado. 
–Ese conchasumadre del loco, siempre la misma huevada –dijo Blind- es un enfermo. 

Apolaya movió la cabeza mirando el piso. Ya estábamos allí, no había vuelta que darle. Nadie de nosotros quería vender las entradas del loco y Yesenia. Nadie. Sin duda, llegamos muy apagados a la mierda esa. En la puerta del centro comercial estaban unas chicas tan espectaculares, que atraían las miradas masculinas como las sirenas, en Sicilia según la mitología griega, hacían con los tripulantes de los barcos. Una de ellas se nos acercó y nos ofreció entradas. Le contesté que ya teníamos y que vendíamos dos. Sonrió y se esfumó. De pronto, un grupo de muchachos salen a raudos pasos vociferando. Algo de lo que pudimos escuchar fue que el tono era una mierda y que se dirigían a Barranco a uno mejor. Las malas vibras llegaban. 

–¿Hasta qué hora nos quedamos? –dije. 
–Hasta la 1:30 o 2 –respondió Apolaya. 

Ceñí las cejas. Tenía la idea de quedarme hasta que salga el sol. Siempre hacia eso. Lo hacía por muchas razones: para no pagar taxi, para no correr peligro de que en el camino del paradero a mí casa me roben –si es que me iba en bus- y para, simplemente, justificar el dinero gastado. 

–Ya normal –añadí– allí vemos. 

Subimos las escaleras. Vimos muchos chibolos chupando, tenían la cara tan roja como los camarones. Muchos de ellos eran menores de edad. Desde que cumplí dieciocho años siempre evité aquellos eventos donde dejaban entrar a menores. Antes de entrar al local vendimos las dos entradas a dos tipos a treintaicinco soles. “Con esa plata pagamos el taxi”, dijo Blind y así fue. 

El local estaba repleto. Luego de caminar con extrema lentitud, como si estuviéramos en una procesión, nos acercamos a la barra. El evento era barra libre así que debíamos aprovechar y embriagarnos hasta morir. Le pedimos al barman que nos sirviera trago. El despreciable sujeto no nos hacía caso, so pretexto de la bulla de la música. No nos movimos de allí y luego de unos minutos el tipo saco una botella de tres litros y vertió el contenido. El líquido era blanquecino. Era vodka o ron. Supuse que era lo segundo, ya que la organización del evento era una reverenda mierda. Lo vació hasta casi rellenar el vaso, le echó un poco de refresco, no le puso hielo, y nos entregó los vasos. 

–Ese tipo es un asesino –dije– ¿han visto cuanto alcohol nos ha servido? 
–Sí, conchasuvida –dijo Blind– seguro para que no le pidamos más. 

El trago era una asquerosidad. Me sentía avergonzado por traerlos a un sitio tan repugnante como ese. Me acuerdo que en mi cumpleaños número veinte, en mi casa, quedamos en ir al Hebraica por el rave de Marco Carola. Sabía que a mis amigos no les gustaba la electrónica, bueno, a excepción de Blind, a los demás no. Debido a eso, pensé en cambiar de planes, días posteriores, e ir al evento innombrable que prometía barra libre, música variada y más a un precio ridículo. Lo barato sale caro, dicen. Tienen razón, con eso aprendí. 

La música era repugnante: harta pachanga. No hubo ni media hora de electrónica pura. Las chicas se botaban peor que agua sucia, bailaban con su grupo de amigos de colegio, universidad, barrio, lo que mierda fuere. Habían muchas chicas simpáticas, eso ni negarlo. Pero no estaba lo suficientemente borracho o empilado -no sé cómo lo llames, lector- para sacar a bailar a alguna fémina. Es cierto no soy ningún bailarín, ya que bailo pésimo, no tengo ritmo y no me gusta bailar. Pero cuando hay un buen ambiente, chicas ricas, amigos, buena música y un poco de alcohol, me convierto en otra persona y muchas veces me vuelvo el alma de la fiesta. ¿Qué? Bueno, tampoco les mentiré. Pero eso sí, bailo y mis pasos mejoran al pasar de los minutos y del trago. Blind en un tímido intento sacó a bailar a una chica casi diez centímetros más alta que él. Ella lo miró con desprecio y miró a sus amigas como diciendo: “Y este huevón, que chucha tiene, aj, o sea”. Una de sus amigas volteó y dijo algo así como que nos alejemos de ellas, una cosa así. “Lo que faltaba”, dije y me fui al baño. Dicho lugar estaba infestado de mierda, de mierda pura, ya era lo último. Regresé con mis amigos. Me seguía doliendo el estómago, obvio no hice nada en el baño ya que no suelo cagar en discotecas, además de que no había agua ni papel ni esperanzas. Blind estaba por el cuarto vaso. Pensé que él era el único que se divertía, por eso decidí quedarnos un rato más a pesar de que Apolaya quería desaparecer al igual que yo. Blind se iba y venía. Buscaba cigarrillos. Le preguntó a una chica que fumaba, entre la multitud, si le podía vender. Ella lo miró y le regaló uno. Compartimos el cigarrillo como si fuera un troncho. “Qué fea mierda, ni más”, dije entre mí. Blind se volvió a ir. Cuando nos dimos cuenta estaba buscando trago. Ahora estaba con unos malandros pitucos. Apolaya y yo le dimos el alcance. 

–Ellos tienen whisky –dijo Blind 

El líder del grupo nos miró y se nos acercó. Hablamos un rato sobre cosas que carecen de sentido y de pronto, nos dijo que debíamos sacar otro whisky para poder unirnos a su grupo. “Está cojudo ese conchasumadre”, pensé. Encima querían que los ayudemos a mecharse contra otros idiotas. Nos fuimos de inmediato de allí. Blind se fue al baño. Demoraba una eternidad. Decidimos darle el alcance. Vimos que unos mocosos lo estaban vacilando. A pesar de que eran chibolos, median alrededor de 1.80. “¿Algún problema?”, dije. Se hicieron los locos. Blind entra al baño y luego de un rato, sale junto al intento de barman que lo invitaba a retirarse del recinto. Aquel hombre cabeza de rodilla era, además, seguridad del local. Estaba decidido a golpearlo. Al ver esto nos llevamos a Blind. En el camino se ponía duro y no quería salir. Hubo una discusión entre Apolaya y Blind. Antes de que pasara algo grave, solté un par de carajos y les dije que nos fuéramos ya. El pelón seguía diciendo que lo lleváramos a su casa o que nos íbamos a ganar un gran problema. El bajar las escaleras fue lo más complicado. Teníamos miedo de que Blind pisara mal y se caiga. 

Por fin salimos de esa mierda. Paramos un taxi. Blind seguía ebrio y avergonzado, Apolaya enojado y yo no sabía qué hacer. Prendí música de mi celular y con algo de electro le di color a aquella madrugada nefasta. Apolaya siguió el camino a su casa, yo me bajé antes y dejé a Blind en la suya. Como no quería irme a mi casa, me quedé en la de Blind a dormir en el mueble, hasta que saliera el sol. Si hubiera sido un mal amigo lo hubiera dejado a la deriva, pero no, era lo mínimo que podía hacer. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Creamfields Perú 2012

Abro la puerta de mi casa y veo al loco, salgo, lo saludo y nos dirigimos al paradero. A medio camino saco la cámara de mi pantalón (en una parte recontra caleta) y lo guardo en el bolsillo de mi polera negra. Mientras caminábamos loco me decía un y mil pretextos. Me paré y le dije que si no quería ir no importaba, pero qué chucha iba a hacer con su entrada. Luego de parlotear un rato y al llegar a la casa de Blind, llegamos a la conclusión de que vendiera su entrada. Al ver que no iba a ir con él, le dije a Blind que guarde la cámara en su casa porque no había motivo para llevarla ya que íbamos a ser dos puntas nada más y, además, la web de Loop había recomendado evitar llevar objetos que condicionen el ingreso. Me la bajó. Con Blind nos fuimos hacía la Richi, hacía mi querida alma matter, a esperar el bus del evento. Pensé que no dejarían subir a gente en estado etílico al bus, por eso que no hice previas, pero me llevé la sorpresa que frente al bus la gente se embriagaba sin problemas y control. “Putamadre”, pensé. Subimos. El bus era bien apagado, como decían las malas lenguas, sin música, peor que cementerio. Detrás de nosotros se sentaron un par de gringos, no sé de dónde chucha eran, que hablaban huevadas en inglés. Uno de ellos era bien amanerado y repetía: “Oh, my fucking god”. Más allá, estaban unos wachiturros que pensaban que algún dj iba a tocar un mix del baile del caballo. Sin duda, eran la pose en persona.

El puto bus nos dejó a medio kilómetro del local. Caminamos a oscuras. En el camino un pastrulín me preguntó si tenía grifa. ¿Cara de dealer, qué mierda tenía? Le dije que no y seguí. Llegamos al lugar, antes de entrar, esperamos para vender a alguien la entrada del loco. Le dije a Blind que me ayudara a vender a lo que me dijo que no. Le dije: “si vamos a estar parados como pichulas, mejor entramos de una vez”. No respondió. De pronto, se acercaron a la boletería un grupo de tres chicas bien ricas con un brother. A los segundos se acerca un piraña ofreciéndoles entradas. Ellas no le pararon balón y le obligaron a retirarse. Sin pensarlo me acerqué a ellas, estaba cansado de esperar, y les dije: “Hola, tengo una entrada general, ¿quieren?”. Una de ellas me dijo que sí y me preguntó a cuánto lo estaba vendiendo. Le dije a 120, a pesar de que al loco le costó 139. En la vida iba a venderla al mismo precio o más. No había sentido, frente de nosotros había una boletería donde ellas podían comprar sin correr el riesgo a ser estafadas. La chica vio la entrada y quedamos en que iba a ir hacia la cola con la entrada. Si entraba me pagaba. Chasquié la boca y como no tenía otra opción ya que la gente que venía, todas, tenían su entrada y ya estaba harto de esperar, acepté. Hice cola con el brother que estaba con ellas. El tenía la plata. Lo que me pareció raro que esas chicas eran de la “alta sociedad”, bellas como las estrellas de una noche memorable, mientras que el pata era de rasgos étnicos que al hablar lo asentaba más. Eran totalmente diferentes. “¿Cómo chucha ese huevón sale con esas conchasumadres”, pensé. Había un millón de opciones: o eran amigos de universidad porque no era enamorado de ninguna de ellas o tenía harta plata o por último, era cabro.

–¿Por qué compraste dos entradas? –me dijo extrañado.
–Nada, esa entrada es de un brother que a última hora se desanimó y me dijo que la vendiera –le respondí– medio huevón es ese conchasumadre.
–¿Es tu primer Creamfields? –añadió.
–He ido a eventos de Loop como Superclub y Loop Arena pero es la primera vez que voy al Creamfields.
–Aya –respondió.

Entramos. Me pagó. Una vez con la plata en mi bolsillo nos fuimos hacía el Main Stage donde estaba tocando el che Hernan Cattaneo. En el trayecto compramos un par de latas de Miller y posteriormente una cajetilla de Lucky Strike convertible a un cojudo de seguridad. El pendejo me quería vender a veinte soles la cochina cajetilla. Al final quedamos en diez soles, ya que todas las cosas en los raves se triplican y cuadriplican el precio: las latas de Miller estaban doce soles, la botella de agua personal estaban ocho soles. Debo confesar que no soy un fan del tech house pero un rave sin techno, minimal, deep y tech-house no es rave. Tocó muy sobrio, no deslumbró ni aburrió. Su set fue medio progressive house y medio tech-house.

A eso de las 2;15 am., como decía el set time, subieron al escenario, dos rubias, altas y con una gran sonrisa. Eran las gemelas Nervo. Con su electro house y estilo medio pop sorprendieron a los asistentes. La primera hora estuvieron estupendas. Comenzaron su performance con The way we see the world, luego tocaron we are all no one, you’re gonna love again, Reason, Something to believe in, Irresistible, Here we go (Hard Rock Sofa & Swanky Tunes), Reload (Sebastian Ingrosso & Tommy Trash) y remixes de Nicky Romero como Toulouse, entre otras. La segunda hora estuvo medio aburrida, con el mismo estilo. A mi humilde opinión, darles dos horas en el Main Stage de un Creamfields es demasiado, una hora hubiera sido genial. La gente estaba esperando con ansias el performance de Armin, el dios del Trance, el 5 veces número uno según el TOP MAG. Mientras tanto, nos dirigimos al medio del Main frente a la caseta de Barena, a sentarnos en el puto grass. Cerraron su presentación con unas palabras “It’s been amazing to play in Peru… love ‘u guys”. Déjenme confesarles que me encantó su inglés australiano, demasiado elegante.



El reloj marcaba las 4:15 am, era el turno de Armin. La gente se emocionaba más cada segundo que pasaba. El Main Stage se llenó en un santiamén. Todos querían escucharlo y estar en el paraíso. Su set comenzó con “We are here to make some noise”, sí, el video donde sale haciendo algunos malabares con el balón. Su set fue grandioso. Tocó, de las que me puedo acordar: Emma Hewitt feat Dash Berlin - Waiting, Faruk Sabanci - Elveda, Zedd feat. Matthew Koma - Spectrum (AvB Remix), Beat Service - Fortuna, AvB feat. Jennifer Rene - Fine Without You, Laura Jansen - Use somebody (AvB rework), AvB VS Sophie Ellis - Not giving up on love, AvB feat Ana Criado - I'll listen, Omnia & IRA - The fusion, Gareth Emery feat. Christina Novelli - Concrete Angel, Zedd - Spectrum (AvB Remix), AvB feat. Sharon den Adel - In and out of love. Spectrum fue lo mejor de la noche. En los visuales uno podía ver la letra y cantarla a todo pulmón, los lasers increíbles y los juegos artificiales hacían que la noche sea holandesa, sea trance, sea de Armin. Hubiera sido inolvidable si se tocaba una de Above and Beyond como Sun and Moon o Thing called love, pero bueno, no todo se tiene en esta vida, ¿no? Al terminar su presentación, bajó y como pocas celebridades, humilde, se acercó a los fans que estaban cerca a las barandas y firmó algunos discos, polos y algunos senos. Armin, vuelve pronto, el Perú necesita a gritos un “State of Trance”.




PD1. A muchas personas dentro del local le robaron sus pertenencias como celulares, cámaras, bolsos, entre otras cosas. LOOP, deja de vender tan caro las cosas en tus eventos y preocúpate en invertir en una buena seguridad. 
PD2. El bus del evento (Creambus) debe dejar y recoger a las personas en la puerta del local, no a medio kilómetro. Gracias a eso dieron cabida a accidentes y robos. 
PD3. Inviertan en un line-up más equilibrado, más variado. Mucha gente tuvo que vender sus entradas al ver que el line-up no satsifacía sus expectativas. 

domingo, 3 de julio de 2011

Día del amigo

Leía Lolita –aquella novela que desde hacía no mucho, soñé y anhelé tener en mis manos– en mi cuarto, hasta que, el estruendoso sonido del vibrado de mi celular me desconcentra. Era un mensaje de texto. Lo leo: “Soldado, ya chapé moto”. Dibujé una sonrisa burlesca en mi rostro y continué leyendo, hasta terminar el capítulo.

“¿Llevo DNI? No, ni cagando, ¿para qué?, cualquier huevada saco mi carnet universitario del 2009 y las huevas, ahí están todos mis datos. ¿Y celular?, peor, fácil venga medio picado y pierda, así que no, por las huevas. ¿Y plata?, ¡puta madre!, llevaré dos cheques… no tengo sencillo”.

Luego de unos minutos me llama el loco diciendo que está afuera de mi casa. Era la medianoche y todos estaban en sus respectivos dormitorios. Subo y rutinariamente pido permiso a mi viejo. “Ya, ten cuidado”, sentenció luego de aceptar mi solicitud.

Volver a ver a mi amigo, ¿amigo?, es casi como mi hermano… por Dios; era lo más gratificante que tuve aquel domingo naciente. Mientras caminamos, conversamos sobre las novedades que habíamos tenido durante ese lapso de no vernos.

Veíamos, sin querer, a la multitud de gente alrededor de las discotecas, caras sonrientes, y otras, al acecho. Sentíamos el frío, un frío tímido comparado a otras noches.

Me llegan al pincho las fechas comercialonas, pero bueno, cualquier pretexto para pasar un buen rato y olvidarme de la universidad y esas cosas que consumen mi sagrado tiempo son justificables. 

Llegamos a la licorería, un pequeño establecimiento ubicado al frente de Metro, debajo de una discoteca de mala muerte.

–Dos vinos, esos de cuatro soles –Loco me entrega su parte en términos monetarios.

El proveedor del alcohol tenía una cara de zombie, lo más probable era que estaba coqueado. Nos mira y se queda pensando.

–Ya, pero faltan dos soles.

“Hey, un toque, nosotros nunca le habíamos pagado. Dos cosas: nos está probando o en verdad se ha confundido”, pensé. Nos miramos las caras. “Vamos a arriesgar”, pensé.

–Dale sus dos lucas –entregándoles dos monedas a loco.

Loco le paga y el proveedor desaparece. Después de unos breves segundos aparece con las botellas y nos las entrega. “Vámonos al toque”, le dije a loco, huyendo a raudos pasos.

Cruzamos y nos dirigimos a las Flores. En el trayecto nos percatamos que el distrito tenía lo suyo: chicas entre veinte a más, de gran belleza y picardía, caminando ostentosamente en grupo.

–Vamos a comprar puchos ­–dije.
–Nada –con un gesto de desaprobación–, compra y yo te acompaño.

Vimos una tienda que estaba medio cerrada, adentro estaban tres compañeros del alcohol, tomando unas Pilsen.

–Una cajetilla de Marlboro –dije.
–Espera –dijo el tío– voy a ver si hay.

Uno de los beodos me mira, mueve su cabeza y me hace el habla.

–¿De puta madre no?
–Claro –dije
–¿Sabes quiénes son?
–Nada brother.
–Nirvana pe –haciendo, con sus brazos, como si tocaría una guitarra.

Me resultó extraño que un sujeto así me esté dando clases de rock, pero bueno, a decir verdad, mis gustos musicales han cambiado descomunalmente desde que terminé el colegio.

El tío regresa con una cajetilla de veinte unidades.

–Pucha no tiene una de diez.
–No, no hay.
–Entonces una cajetilla Lucky.
–Y también un encendedor –dice el loco.

Le pago veinte soles y me da como saldo de la operación quince soles.

–¿Un sol está este encendedor? –enojado dice el loco.
–Puta, ya fue –Lo único que quería hacer era irme de esa mierda de lugar y dejar a aquel ebrio que hablaba incoherencias.
–Me llega al pincho la gente que se cree pendeja cuando no lo es –finalizó el loco.

Nos sentamos afuera de la puerta de la casa de Yesenia. El loco la llamó a su celular, pero ella no contestó.

–¿Estás seguro que te dijo que normal podíamos venir?

Me resultó extraño porque ella, hacía un par de horas, me mando mensajes diciendo que mejor lo posterguemos para el domingo. Loco revisa el mensaje.

–Puta madre, me equivoqué.

Reímos.

–Pero igual voy a llamar hasta que reviente el teléfono. Los intentos resultaron en vano.

Abrí una botella, me serví, saqué un pucho, me lo puse en la boca, exhalé lentamente liberando un fino hilo de humo; mientras loco hablaba con una bandida por celular.

Loco se sirve y me empieza a hablar de política. La bohemia alcanzaba su máximo esplendor.

Un tipo se sienta al costado de nosotros, sin duda, era un choro. Nosotros nos dimos cuenta y seguimos hablando de lo más normal. A los minutos aparecen más choros. Seis se fueron a la derecha, el camino donde había más gente. El choro que estaba sentado se va y se encuentra con tres choros más. Luego cuatro choros se van a la izquierda, el lugar más oscuro. Nos tenían acorralados.

Sale la inquilina de Yesenia. “Ella no va a salir y no hagan bulla que el bebe está durmiendo”. Nos recordamos que Yesenia un día nos contó que tenía una inquilina maleadaza, era la líder de una secta de delincuentes. La tipa se reúne con los demás choros y conversan sobre algo. Desaparecen.

–Ya, vámonos, salgamos por la derecha.
–Es ahora o nunca.
–Yo llevaré la botella.

Habíamos terminado una y la otra estaba casi llena.

–Yo llevaré los puchos y el encendedor.

Huimos.

–Fíjate si nos siguen.

Llegamos al paradero y observamos a un serenazgo.

–Vamos por la alameda –generalmente serenazgos custodian dicho lugar.

Ya nadie nos seguía, pero aun no estábamos librados, el camino por recorrer era largo y peligroso. Ebrio, orino en plena vía pública, hacía tiempo que no hacía eso.

En el camino seguimos tomando, eso me hacía recordar cuando tenía quince años y chupaba en la calle rumbo al rock en el Parque. Llegamos al paradero 12 y nos subimos a un muro a descansar un toque, de paso, fingíamos ser malandros para engañar a la gente.

–Pura pareja nomás pasa.
–Sí, ¿no era día del amigo?

Reímos.

–Esas flacas están hasta las huevas, de ley van a tirar.
–Sin duda…
–Amigos con beneficios pe.

Y en eso, pasan por nosotros dos alcohólicos. Uno me miró y pensó que estaba fumando marihuana, al ver que fumaba un cigarrillo pequeño…

–Invita.

Le entrego el pucho.

–Llévatelo nomás –dijo el loco.

Y siguieron su camino.

–Quiero vomitar –dice el loco.
–Vomita nomás, como si las huevas.

Y lo hace. La gente que pasaba por el lugar nos miraba.

–Párate, parado nomás –decía argumentando que no estábamos ebrios.

Volver a tomar, después de un largo tiempo, nos pasó la factura, bueno, le pasó factura.

–¿Puedes llevarme a mi casa?
–Las huevas, vamos.

Lo dejé en su casa y ahora tenía que ir a la mía. Me llegó todo, no tenía mucho que perder, tan solo quince soles y un carnet antiguo. Además no tenía otra opción.

En el trayecto pasé por alcohólicos que salían de los bares, parejas que salían del telo, prostitutas esperando a sus clientes y choros.

Eran ya las cuatro de la madrugada. Toqué. Mi madre mencionó mi nombre.

–Sí, soy yo, ábreme.

Entré, mi perro salió, lo hice pasar. Me dirigí a la cocina a tomar un vaso con agua. Me saqué las zapatillas y la billetera de mi bolsillo. Y en acto de victoria caigo rendido a mi cama.

martes, 16 de noviembre de 2010

Noches gélidas, alcohol y cigarrillos

Cenaba junto a mis padres viendo un conocido programa sabatino, cuando de pronto, alguien tira algo con suma violencia contra la puerta. Mis padres me miran confusos, pensando que fue obra de alguna pandilla. Mi papá, molesto, abre la puerta a ver quien era. 

–Disculpe señor –dice el loco–, es que el perro estaba gruñéndome y si tocaba la puerta, de repente me mordía. 
–Hubieras llamado –respondió mi papá, con más calma–. Pensamos que habían tirado una piedra y que querían romper la puerta. 

Al escuchar una voz familiar salgo y lo veo, lo saludo; mi papá entra a la casa. 

–Puta madre, te demoraste un culo –dije viendo la hora. 
–Tuve unas cosas que hacer –respondió mi gran amigo. 

Caminamos hacia la casa de Yesenia, en el camino hablábamos de todo, desde cosas sin sentido hasta asuntos de la universidad. Pasamos por Metro y al frente, compré un par de vinos (en ese tiempo estaba muy bien financiado y por ende, tenía toda la plata del mundo para gastar) y el loco, una cajetilla Marlboro. 

En unos escasos minutos llegamos a la casa de Yesenia. Tocamos. Nos abrió su primo. 

–Hola –me presenté– ¿está Yesenia? 
–Sí –respondió su primo– ahorita sale. 

Conversando, fumando y tomando vino, matábamos el tiempo los sábados. Luego de tomarnos los vinos, Yesenia y su primo se aportaron un ron Cartavio. 

–Chicos, acá cerca hay un pub donde toca una banda de rock –dijo Yesenia– que tal si vamos. 

Después de parlotear, decidimos ir. 

En la puerta de dicho pub, se encontraba un sujeto que conocía a Yesenia, se veía que se tenían mucha confianza. Entramos. Escogimos donde sentarnos y pedimos una jarra de cerveza. El sujeto de la puerta seguía hablando con Yesenia, pero cada vez era más meloso. Su primo conversaba conmigo y con el loco. La mesera trajo la jarra, probamos y nos llevamos un fiasco: era agua con cerveza. 

–Aj, conchasumadre –dije– una huevada este lugar. 
–Mejor hubiéramos seguido con el ron –añadió el primo de Yesenia. 
–Hay que traerlo –dijo el loco. 

Lógico, no dejaban entrar al pub con trago de afuera. Pero no sé cómo, a los veinte minutos, entró el primo de Yesenia con el ron, camuflado. En el transcurso de los veinte minutos, loco y yo, mirábamos la mesa del costado, eran cinco patas rodeando una chica, que por cierto, era muy bonita, vestía una blusa celeste y esos shorts minúsculos; nos parecía familiar, creo que estudió en nuestro colegio, pero era como tres o cuatro años mayor. “Qué tal perra”, fue el comentario entre risas. 

–Listo, el ron y la coca cola –dijo sonriente el primo de Yesenia. 

Como estaba un poco embriagado agarré las botellas y mismo barman mezclé dichas sustancias. Chupábamos sin problemas, el alcohol era un gran aliado para salir de la realidad. 

–Si apruebo Matemática II –dije mirando fijamente al loco- compro un vodka y chupamos los dos juntos. 

Esa fue la gran promesa que hice aquella noche. Estaba a punto de jalar el curso, ya tenía dos prácticas jaladas y el parcial con 06, felizmente, me estaba dejando de huevadas y empecé a estudiar duro. 

Salimos del pub y fuimos a la casa de Yesenia. Ella entró a su casa, y yo, sentía ganas de vomitar. 

–Voy a buitrear –dije en joda. Pero al final se concretó. 

Llegamos a mi casa. Toco la puerta y en un segundo me abre mi madre, enojada. Paso y dejo al loco sentado afuera. 

Al día siguiente entro al Messenger y los encuentro en línea. 

–Oye no pienses mal –dijo Yesenia. 

Intrigado, abro otra ventana y le pregunto a loco lo que pasó y me dijo que ella y el pata de la puerta se besaron más de una ocasión, bueno, toda la noche estuvieron agarrando. Producto del alcohol no recordaba aquellas escenas. 

–Puta madre –le dije al loco– estaba tan ebrio que me perdí de esos detalles. 

Enterado de lo sucedido, regreso a la conversa con Yesenia. 

–No te preocupes –le dije– mejor hablemos de otra cosa.


PD. Después de la sacadera de mierda que me di, logre aprobar MATEMATICA II, y loco desapareció de repente, sin decir nada. Loco, si alguna vez lees este post, recuerda que te debo el vodka que te prometí, estoy esperando con ansias revivir aquellas noches de alcohol.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Los jóvenes y el cachuelo

      Llevaba esperando diez minutos en la puerta del hospital, donde habíamos quedado, agarro mi celular y llamo a Yogui, me dice que está al frente en la farmacia. Cruzo la pista, boto el cigarrillo y lo encuentro más crespo que nunca. A los diez minutos viene el loco. Nos vamos hacía la casa de Yogui, quedaba por el penal de Lurigancho. A lo lejos vemos una casa de dos pisos con la puerta abierta. Esa era su casa. Entramos y saludamos al dueño del cumpleaños (papá de nuestro gran amigo Yogui). Luego, Yogui nos indica cual iba a ser nuestra función: teníamos que ayudarlo a vender cervezas, agua mineral y gaseosas; y cuando haya botellas vacías, guardarlas dentro de las cajas, antes que algún ebrio las rompa.
      Habían contratado a artistas folkróricas, a pesar de que a mi no me vacila esa vaina, me pareció novedoso y, entre patas, hacíamos chongo. Con loco, salíamos de vez en cuando a fumar unos cigarrillos. Al final terminamos chupando algunas "cusqueñas". Qué rico era chambear hueviando con tus amigos. El sueño me venció cerca de las cuatro de la mañana y fui despertado bruscamente por el papá de Yogui; me desperté y seguí con lo que tenía que hacer. Esperamos que amaneciera para poder irnos. Yogui antes de despedirnos nos entrega a cada uno, treinta soles, resultado de nuestro trabajo.
      Compré una Inka Kola de litro y medio,  y la tomamos en el almuerzo, toda la familia: mis padres, mi hermano mayor y yo. Mi padre se sintió orgulloso de mi. Aunque mi ofrecimiento haya sido tan minúsculo, la intención era lo que valía. Mientras comiamos, pensaba: "Estudiaré muy duro y luego seré gerente de una empresa transnacional, muy pronto, a esta casa no le faltará nada".

PD. Hoy estaba viendo los premios de los JUEGOS FLORALES URP del año pasado y me di con la sorpresa de que la mayoría de ganadores eran de la Católica. Bueno, estoy esperando con ansias los resultados. Cruzen los dedos para que gane.