miércoles, 24 de agosto de 2011

Blog Day 2011

Había cambiado de planes otra vez. Aquel luminoso viernes me dio tanta flojera de asistir a la ceremonia de la premiación de los 20 blogs peruanos, una porque desafortunadamente, para no decir injustamente (el lector se dará cuenta de cuan picón que soy) , no clasifiqué a la final de la categoría en la que concursaba (personal, en vez de literatura como debió ser) y otra porque no tenía con quien ir al after party. Supuestamente los que me iban a acompañar solo iban a ir a la ceremonia mas no a la fiesta, pero no fue así. Me conecto al facebook chat y dialogo con Zeila, invento excusas para no asistir, ya que había quedado con ella para ir. Analicé la situación, dejé de pensar solo en mí y pensé en los demás. No podía hacerle eso. Confirmo mi asistencia y llamo a Blind -también había quedado con él- para irnos a dicho evento. Y lo que sigue a continuación es la típica rutina de salir: me baño, me cambio, almuerzo, me pongo gel, me visto con la casaca que me habían traído de EEUU, me hecho perfume y por último saco dinero y mis documentos. Las demás cosas que pasaron luego no merecen ser contadas, no quiero aburrirlos, mis cultos lectores.
      En el microbús conversaba con Blind acerca de anécdotas, al mismo tiempo escuchábamos un poco de electrónica y mirábamos las calles sin gracia. Cuando llegamos al Auditorio de la Fundación Telefónica vislumbramos, desde lejos, pocas personas fuera de dicho lugar. Aun era temprano, así que fuimos en busca de algunos cigarrillos. La anciana que me atendió, me atendió con tal hostilidad que al momento de entregarme el vuelto, tiró las dos monedas de un sol cada uno a la vitrina. Estoy seguro que un poco más y me decía: “Chibolo concha tu madre para qué chucha me compras”. Regresamos y encontramos una pequeña cola, continuamos el orden e inspeccionábamos a las demás personas. Atrás de nosotros se ubicaron unos otakus sin vida y empezaron a hablar incoherencias -para los que no saben que significa otakus averígüenlo en internet, disculpen, son cosas que carecen de sentido. Zeila me llama y me dice que se encuentra al último de la fila. El momento de entrar fue calamitoso, había una puerta como las del aeropuerto, donde uno pasa y si tiene algo de metal, hay un censor que suena. Tuve que pasar tres veces, sacarme la casaca y el celular, todo para, al final, mostrar mi correa punkeke. Entrego mi DNI y lo pasan en una luz roja, acto seguido me dan un sticker. Blind pasa y es interrumpido por una alta señorita vestida de blanco, ésta le hace preguntas. “Hola Andrés”, le dice mirando el sticker que decía su nombre. “Hola”, responde. “¿Cuál es tu blog?, dijo. “No tengo blog, yo vine a acompañar a mi pata que tiene su blog LA MENTE MAESTRA”, añadió mi estimado amigo señalándome. Luego de pronunciar aquellas palabras la cámara me enfoca. Escogimos un apropiado lugar donde sentarnos y esperamos que comience dicho evento.
      La ceremonia comenzó con las palabras de un español promocionando un nuevo proyecto. Luego fue el estreno del video publicitario del evento. Me palteé al verme haciendo cojudeces en dicho spot, la gente se vacilaba, salió magnífico. Después pasaron videos acerca de los mejores bloggeros, aquellos que marcaron historia. Y por último la premiación según categorías: parecía la entrega del óscar, muy bien organizado. Anhelé recibir el premio y el diploma y el premio adicional y tomarme foto con la anfitriona y los entregadores de premio y mencionar algunas palabras de agradecimiento. Como presentador estuvo Henry Spencer, como premiadores de premio estuvieron, entre los más conocidos, la popular “Lava pie” Sasieta (Ex – congresista), la escritora del comercio y del blog “Busco novio”, entre otros. Una vez finalizada la ceremonia fuimos a comer algunos bocaditos y tomar una copa de Pisco Sour. Me tomé foto con unos sujetos que tenían la máscara de ANONYMUS. Pedimos nuestras respectivas pulseras para el after party y subimos al bus. Nos dejó en la puerta de la discoteca Glow. Describiré rápidamente el lugar: ambiente muy acogedor, tamaño preciso, excelente barra, buena música, chicas bonitas, trago por doquier, risas y alegría. Confieso que la idea era quedarnos un toque en la discoteca, pero al ver lo bien que la estábamos pasando, nos quedamos hasta la una y media. Zeila y yo comenzamos con un vodka; Blind, con un whisky. Luego pedimos muchas, demasiadas cervezas, de todas las marcas, la cosa era tener alcohol en el cuerpo. Era gratis, estábamos en la gloria. Muchos vinieron en grupos numerosos; en cambio nosotros éramos tres, luego se nos une un bloguero de Kpop y unos tíos de la Prensa, qué locura, ¡concha su madre! Uno de los tíos estaba tan borracho que hacía huevadas, hacía como si fuera cabro, jodía a las flacas que pasaban, discutía con los guardaespaldas, había perdido el control. Nos tomamos un par de fotos con Charlie Parra del Riego (gran guitarrista de la movida subterránea). Al final decidimos llevar al nuevo compañero (bloguero Kpop) a su casa, al verlo en tan malas condiciones. Posteriormente, dejamos a Zeila y continuamos conmigo, Blind fue el último en irse. ¡Qué noche!, sin duda, las cosas que no fueron planeadas salen increíbles.





PD1. El siguiente video fue el spot publicitario de los 20 blogs peruanos 2011, alucinen que fui parte de esa payasada, pero salió paja. Si no me sacan, soy el muchacho de casaca blanca con polo negro (min. 0:53 y 2:58)
PD2. Qué tal temblor csm. Fea huevada. Muchachos, hagan lo que tienen que hacer porque fácil la hora final se acerque muy pronto, suerte.

domingo, 14 de agosto de 2011

Final inevitable

Me encontraba sentado con mis amigos por la facultad de Ciencias Económicas, mientras Kevin hacía sus estúpidas bromas. Grupos de jóvenes con sonrisas resplandecientes pasaban por nuestro lado; los rostros parecían idénticos. Sin hacer mucha articulación saco mi celular del bolsillo, alguien me estaba llamando, el número era desconocido. Contesto. Se trataba de una chica que se hacía la misteriosa, no decía quién era. Al creer que era una broma de alguna orate, cuelgo y sigo conversando sin darle importancia. 

El profesor de filosofía seguía hablando temas aburridos; yo, miraba los dibujos que hacía Stefano y a la vez escuchaba las perradas que hablaba una chica que estaba sentada delante de mí. Mi celular, de nuevo, vibra. Observo y eran un par de mensajes de texto. “Nos conocimos en el cumple de tu prima, bailamos un toque pero me fui temprano”. El otro decía: “Si me quieres conocer, contesta o devuélveme la llamada, sino, no hagas nada y siempre nos preguntaremos que habría sido”. Qué tal misterio, empecé a recordar… 

Hacíamos cola para ingresar a la Calle 8 (una discoteca de mala muerte, concurrida por delincuentes, pirañas, putas y flows). Una muchacha vestida de polo blanco y jean azul me hace el habla, era amiga de mi prima. Todo concordaba, era ella, lo malo era que no me acordaba de su rostro. El reggaetón sonaba a todo volumen, las parejas bailaban desenfrenadamente, rompían la pista de baile; yo tomaba con mis primos un poco de cerveza con agua y sangría. Mi prima se acerca y me dice que saque a bailar a su amiga. Estaba sola. “Bailamos”, le dije en un fingido papel de seductor. La chica me coge del brazo y me lleva a un lugar donde había espacio, suficiente espacio para bailar. Me da la espalda, se acerca rosando nuestros cuerpos y se empieza a mover como una excavadora. Traté de seguirle el ritmo. Habremos bailado como cinco canciones seguidas, hasta que de repente, se fue, sin despedirse, sin decirme ni siquiera su nombre. 

Salgo del aula y decido llamarla. Mantuvimos una conversación amena, la verdad, no me acuerdo de lo que hablamos exactamente. Me dijo como se llamaba, su nombre era Maruja, feo nombre por cierto. Me dijo también que estudiaba odontología y estudiaba en el Británico. Le pedí su Messenger y prometí que seguiríamos estando en contacto. No me podía sacar de la mente que de repente era una fea de mierda y me iba a llevar una horrible sorpresa, entonces llamé a mi prima. Me dijo que era bonita y buena onda. No satisfecho o más bien dicho, no tan crédulo por aquella descripción, la busco por facebook, entro a su perfil, veo sus fotos, en muchas fotos salía muy descarada; a pesar de eso no me llamó la atención, no era de mis gustos o no era lo que yo buscaba. Me desilusioné. Pero pensé rápidamente, analicé la situación y llegué a la conclusión de no tomarla en serio, ni cagando iba ser mi enamorada, pero podía ser un agarre o algo más. 

Desde esa vez nunca volvimos a hablarnos por celular, nos manteníamos en contacto a través del Messenger o por mensajes de texto. Cada mañana recibía mensajes suyos, mensajes ridículos, como: “que tengas un buen día bebé” y cosas que no vienen al caso ser escritas. Me llegué a hartar de su obsesión y sus constantes acosos. Un día me preguntó qué había pasado entre nosotros y le dije lo que pensaba, no, no le dije lo que pensaba, le seguí el maldito juego y me dijo que estaba sola en casa, supuse que esa era la noche, me bañé y me fui a darle el encuentro. Estaba preparado supuestamente para todo, pero nunca me imaginé lo que iba pasar. 

Su casa quedaba en La Victoria, una zona un poco sabrosa, llegué en taxi para evitarme problemas. Bajé y cantando una canción de Chabelos en son de victoria me dirijo a su hogar. Me abre ella. Será por la emoción o no sé qué, pero no la vi tan fea. Oportunidades así no se presentan todos los días así que tenía que aprovecharla. Estaba vestida con un top negro y un minúsculo short deshilachado. Nos dirigimos a su cuarto, sin parlotear mucho, de frente al grano. Le dije que me espere un momento y me fui al baño. Cerré la puerta e hice un gesto de triunfo con los brazos. Me miré el rostro a través del espejo, sonreí y acaricié mi quijada. Llamé a mi prima para darle las gracias y contarle que estaba a instantes de la hora final. 

–¿Dante? –en el tono de su voz comprendí su tremenda tristeza. 
–Sí –dije– ¿Por qué estas así? 
–Maruja murió. 
–¿Es una broma? –dije– estoy en su casa ahora. 
–Habla bien. Murió una semana después de mi cumpleaños: el 5 de abril. 

Traté de recordar y sacar cuentas, la única vez que hablé con ella fue más o menos el 2 o 3 de abril. Desde el 5 me comuniqué con ella solo por Messenger y mensajes de texto. Recordé también que en su facebook sus amigos le escribían cosas como: “que en paz descanses” o “espero que estés en el cielo con tus seres queridos”. Abrí los ojos desorbitadamente. Pensaba que lo hacían de broma. Mi celular cae al piso y se abre, la batería se desplaza a una distancia considerable. Mis piernas empezaban a temblar y el sudor frío caía por mi rostro. Abro la puerta del baño y veo la cabeza de Maruja tirada en el piso. Grité como nunca lo había hecho. Salí de la casa y corrí sin rumbo, a toda velocidad, sin importar lo que pensarán de mí, con la única intención de escapar de aquella pesadilla. 

Buscando en google me enteré que ella murió en un accidente automovilístico, ella cruzaba la pista hablando por celular y un negligente conductor la atropella, salió disparada, llegó otro auto y la arroyó, sacándole la cabeza. Justo esa tarde hablaba conmigo…


jueves, 28 de julio de 2011

El practicante

      Bajo del microbús. El paradero era una avenida donde se podía apreciar un cuadrado delimitado por fierros azules y un vidrio transparente. Siempre estaba habitado por algún alma errante, mayormente eran escolares lo que se detenían a esperar su carro, muy poco se veía a jóvenes trabajadores y adultos sentados. Al frente se podía apreciar un hermoso parque, de un tamaño promedio, lleno de árboles y sin asientos. En dicho lugar se concentraban algunos militares, esos cachaquitos vestidos de verde, uniformados y con sonrisas estúpidas.
      Cruzo la pista, ya conocía el lugar, era imposible perderme como lo hice en la entrevista, un día anterior, un día en el cual en vez de estar feliz por mi primer trabajo, me sentía preocupado, sin saber cómo iba a hacer para estudiar en la universidad y trabajar a la vez. Sin duda, hay que tener huevos y ser lo suficientemente responsable para hacerlo. Toco el maldito timbre y luego de unos agobiantes minutos se abre la puerta. Subo. Entro y saludo al contador, aquel sujeto era el contador general y gerente de la empresa. Su esposa era la gerente administrativa y tres muchachos (dos féminas y un patita que me llegaba al pincho) eran los auxiliares contables. Yo iba a ser el practicante, el chibolo inexperto, aquella persona que trabajaba por horas y por la mísera cantidad de trescientos soles, ¡un abuso!, pero qué se puede esperar de un país que un simple empleado de telemarketing o colaborador en algún restaurante gane más que un estudiante que empieza a trabajar realizando prácticas. El primer día fue increíblemente agotador. Me acuerdo que llegué a mi casa y dije: “nunca más regreso a ese lugar y continuaré el Británico”, pero mi hermano y mi padre alentaron a que no me dé por vencido. Pensándolo bien me dieron muchas facilidades al permitirme ir los viernes a las 5.00. Bueno, posteriormente llegaba un poco más tarde, era demasiado relajado.
      Aprendí a efectuar registros de venta y compras, según sea el caso. Es increíble pensar que si te equivocas en algún monto o descuidado das enter y no te fijas en la cantidad del IGV, la cagas todo. Mínimo tres o cuatro días para vaciar los datos de las facturas, y un par de horas para revisar si te cuadró o no. Lo más tedioso, sin duda, era ver que te haya cuadrado porque basta que te hayas equivocado en algo, tienes que revisar cuenta por cuenta los montos, imagínense que cada registro tenía como doce páginas, por lo regular, y cada página tenía como cuarenta asientos contables (para el que no sabe de contabilidad, aunque no sea así, le vamos a llamar facturas), multipliquen y se darán cuenta. Obligado, se aprende a ser paciente y ordenado. Otras veces me la pasaba sellando o rellenando facturas. O al final, a sacar percepciones de los PDT.
      Me inflaba el pecho diciendo: “yo trabajo pe”, “yo soy asistente contable”, “puta, no tengo tiempo”. Aunque a veces me daba pena faltar a reuniones o eventos donde el alcohol no iba a faltar y muchas cosas interesantes, pasar. Gajes del oficio, eso eran.
      Tenía que comer solo cuando no me tocaba clases de microeconomía, porque mis “amigos” se iban a la 1:00 ya que no tenían clases en la tarde. Era rutinario, luego de comer en algún restaurante frente a la universidad o adentro, cuando llevaba taper los sábados, iba al baño, trataba de demorarme lo más que podía. Salía y me daba vueltas por la universidad, por las facultades, viendo los carniceritos de Medicina o la gente rara de Lenguas Modernas o los pastrulos y chicas ricas de Arquitectura.
      Lo que me llegaba la pincho era cuando me mandaban a pagar tributos al BCP. Lo bueno era que dejaba de trabajar y hacía hora, relajaba mis piernitas ya que odio estar sentado mucho tiempo consecutivo. Los cajeros me llegaban al pincho, muy creídos eran, más de una oportunidad me hicieron regresar por cojudeces, pero bueno, tenía que pagar el derecho de piso, como se dice. Un día el contador me pidió que pague las CTS y me indico los pasos que debía a realizar. Con el dinero en los bolsillos, me dirijo caminando hacia el BCP (La Molina), dicho lugar quedaba a corta distancia de mi centro de operaciones. Mirando las calles, los postes inertes, los árboles verdes, la gente amargada y presumida. Pregunto a una señorita vestida de azul, con voz ridícula y sonrisa fingida dónde es la cola para pagar las CTS, la señorita me indica que si tengo tarjeta en la C o si no en la S. Me dirijo en la C (ya que el contador me había dado su tarjeta para ahorrar tiempo). El esperar se hacía eterno. Al fin, mi turno. Deslizo la tarjeta y no suena (nunca me salió esa huevada), el insolente cajero me pregunta si era mía, miento, le digo que sí, lo pasa por la máquina y suena el aturdecedor ¡Pi! Le entrego el documento en físico y el USB.
      -El documento tiene que estar con la fecha actual.
      -Así me lo dieron.
      -¿Está lejos tu trabajo?
      -Está cerca, en Flora Tristán –respondo inocentemente.
      -Por esta vez te voy a hacer pasar –contesta el hijo de su madre aquel, como si estuviera haciéndome un favor-, pero la siguiente no, ya sabes tiene que estar con la fecha actual.
      -Ok.
      Se acerca su supervisora con cara de pocos amigos.
      -¿Con que nombre está el archivo? –indica.
      -No sé, ¿hay muchos archivos?
      -Sí, demasiados, tienes que regresarte para que preguntes, el buscar es una pérdida de tiempo, tenemos que atender a los demás clientes.
      “Puta madre”, digo entre mí. Me voy. El sol se ocultaba entre las nubes. Llego a la empresa y le cuento todo lo ocurrido al contador. “Mete el USB y mira con que nombre está”, dice. Habían demasiados archivos, sí, pero había uno que decía, bien claro, CTS mes de junio. Era obvio que lo hicieron a propósito. Quedé como un perdedor, un forever alone, un imbécil. El contador estaba que reventaba. “Quiero que regreses y te hagas respetar, no es posible que esos sujetos por ser practicantes en un banco se crean lo máximo y hagan lo que se les da la gana, mándalos al carajo, porque si no lo haces quedarás como un idiota”.
      Minutos pasaron y vengo con las facturas selladas con “Pagado”. El contador me pregunta qué pasó, le cuento con algunas leves mentiras. “Romario, yo sé que eres un chico bueno, con valores, no se te ve malicia en los ojos. Pero debes comprender que el mundo está rodeado de basura, gente que se cree más astuto que uno, psicópatas, gente basura, violadores, rateros, tanta inmundicia se ve en las noticias, ¿Has visto la noticia de aquel imbécil que se creyó Romeo y se suicidó y mató a su enamorada por el sólo hecho que nadie estaba de acuerdo con su relación? Quiero que te des cuenta que el mundo está infestado de escorias y si no empiezas a cambiar te irá mal”.
      A la semana me acostumbré, trabajaba escuchando música, con los audífonos en mis oídos, alejado de los demás trabajadores, concentrado en aquella sinfonía del momento y lo que tenía que hacer. Un plauso se merece Elizabeth, aquella compañera que nunca dijo no a mis preguntas e inquietudes, siempre estuvo dispuesta a ayudarme. Personas así no se ven carajo. Los demás trabajadores también fueron amables conmigo, para qué. El hijo del contador me llegaba al pincho. Venía a joder, hablando cojudeces, típico de los chibolos acojudados.
      Nos dirigíamos a cobrar a un cliente. Estaba sentado en el automóvil del contador, él manejaba y su esposa iba al lado.
      -¿Qué es lo que me querías decir ayer?
      No sabía que decirle, tenía un nudo en la garganta.
      -Debido a mis estudios, la falta de tiempo, voy a tener que dejar de practicar.
      -En la empresa vemos eso –me contesta fríamente, como si no le interesara.
      Los días que siguieron para completar el mes, fueron monótonos, aburridos y estresantes. El último día fue el más pesado tenía que completar todo lo que me faltaba, sino no me pagaban. “A la mierda”, digo, viendo en la computadora la hora, eran las 8:05. La gerente administrativa se acerca y me da los s/. 300, correspondientes, en efectivo. Mi corazón latía de forma acelerada. Firmo la hoja que me da. “Eso es todo Romario”, me dice. Le estrecho la mano, protocolarmente, y le digo: “Gracias por darme la oportunidad (de trabajar)”. “De nada, gracias a ti, más bien Romario”, finalizó con voz dulce y tierna. Me aproximo al paradero. Era una de las noches más felices de mi vida. El pago fue una miseria, sí, pero era el dinero ganado por el sudor de mi frente, esfuerzo y conocimientos y eso significó mucho para mí.

PD1. Estoy concursando en el BLOG DAY (20 MEJORES BLOG DEL PERU) en la categoría personal http://20blogs.pe/votar/?id=855
PD2. Salí invicto en el cuarto ciclo, fue un ciclo estupendo, histórico, aprobé Estadística sin problemas y fui a un sólo sustitutorio.
PD3. Estas vacaciones aprovecharé en escribir, corregir cuentos y alistarme para los XV JUEGOS FLORALES UNIVERSITARIOS URP.

domingo, 3 de julio de 2011

Día del amigo

Leía Lolita –aquella novela que desde hacía no mucho, soñé y anhelé tener en mis manos– en mi cuarto, hasta que, el estruendoso sonido del vibrado de mi celular me desconcentra. Era un mensaje de texto. Lo leo: “Soldado, ya chapé moto”. Dibujé una sonrisa burlesca en mi rostro y continué leyendo, hasta terminar el capítulo.

“¿Llevo DNI? No, ni cagando, ¿para qué?, cualquier huevada saco mi carnet universitario del 2009 y las huevas, ahí están todos mis datos. ¿Y celular?, peor, fácil venga medio picado y pierda, así que no, por las huevas. ¿Y plata?, ¡puta madre!, llevaré dos cheques… no tengo sencillo”.

Luego de unos minutos me llama el loco diciendo que está afuera de mi casa. Era la medianoche y todos estaban en sus respectivos dormitorios. Subo y rutinariamente pido permiso a mi viejo. “Ya, ten cuidado”, sentenció luego de aceptar mi solicitud.

Volver a ver a mi amigo, ¿amigo?, es casi como mi hermano… por Dios; era lo más gratificante que tuve aquel domingo naciente. Mientras caminamos, conversamos sobre las novedades que habíamos tenido durante ese lapso de no vernos.

Veíamos, sin querer, a la multitud de gente alrededor de las discotecas, caras sonrientes, y otras, al acecho. Sentíamos el frío, un frío tímido comparado a otras noches.

Me llegan al pincho las fechas comercialonas, pero bueno, cualquier pretexto para pasar un buen rato y olvidarme de la universidad y esas cosas que consumen mi sagrado tiempo son justificables. 

Llegamos a la licorería, un pequeño establecimiento ubicado al frente de Metro, debajo de una discoteca de mala muerte.

–Dos vinos, esos de cuatro soles –Loco me entrega su parte en términos monetarios.

El proveedor del alcohol tenía una cara de zombie, lo más probable era que estaba coqueado. Nos mira y se queda pensando.

–Ya, pero faltan dos soles.

“Hey, un toque, nosotros nunca le habíamos pagado. Dos cosas: nos está probando o en verdad se ha confundido”, pensé. Nos miramos las caras. “Vamos a arriesgar”, pensé.

–Dale sus dos lucas –entregándoles dos monedas a loco.

Loco le paga y el proveedor desaparece. Después de unos breves segundos aparece con las botellas y nos las entrega. “Vámonos al toque”, le dije a loco, huyendo a raudos pasos.

Cruzamos y nos dirigimos a las Flores. En el trayecto nos percatamos que el distrito tenía lo suyo: chicas entre veinte a más, de gran belleza y picardía, caminando ostentosamente en grupo.

–Vamos a comprar puchos ­–dije.
–Nada –con un gesto de desaprobación–, compra y yo te acompaño.

Vimos una tienda que estaba medio cerrada, adentro estaban tres compañeros del alcohol, tomando unas Pilsen.

–Una cajetilla de Marlboro –dije.
–Espera –dijo el tío– voy a ver si hay.

Uno de los beodos me mira, mueve su cabeza y me hace el habla.

–¿De puta madre no?
–Claro –dije
–¿Sabes quiénes son?
–Nada brother.
–Nirvana pe –haciendo, con sus brazos, como si tocaría una guitarra.

Me resultó extraño que un sujeto así me esté dando clases de rock, pero bueno, a decir verdad, mis gustos musicales han cambiado descomunalmente desde que terminé el colegio.

El tío regresa con una cajetilla de veinte unidades.

–Pucha no tiene una de diez.
–No, no hay.
–Entonces una cajetilla Lucky.
–Y también un encendedor –dice el loco.

Le pago veinte soles y me da como saldo de la operación quince soles.

–¿Un sol está este encendedor? –enojado dice el loco.
–Puta, ya fue –Lo único que quería hacer era irme de esa mierda de lugar y dejar a aquel ebrio que hablaba incoherencias.
–Me llega al pincho la gente que se cree pendeja cuando no lo es –finalizó el loco.

Nos sentamos afuera de la puerta de la casa de Yesenia. El loco la llamó a su celular, pero ella no contestó.

–¿Estás seguro que te dijo que normal podíamos venir?

Me resultó extraño porque ella, hacía un par de horas, me mando mensajes diciendo que mejor lo posterguemos para el domingo. Loco revisa el mensaje.

–Puta madre, me equivoqué.

Reímos.

–Pero igual voy a llamar hasta que reviente el teléfono. Los intentos resultaron en vano.

Abrí una botella, me serví, saqué un pucho, me lo puse en la boca, exhalé lentamente liberando un fino hilo de humo; mientras loco hablaba con una bandida por celular.

Loco se sirve y me empieza a hablar de política. La bohemia alcanzaba su máximo esplendor.

Un tipo se sienta al costado de nosotros, sin duda, era un choro. Nosotros nos dimos cuenta y seguimos hablando de lo más normal. A los minutos aparecen más choros. Seis se fueron a la derecha, el camino donde había más gente. El choro que estaba sentado se va y se encuentra con tres choros más. Luego cuatro choros se van a la izquierda, el lugar más oscuro. Nos tenían acorralados.

Sale la inquilina de Yesenia. “Ella no va a salir y no hagan bulla que el bebe está durmiendo”. Nos recordamos que Yesenia un día nos contó que tenía una inquilina maleadaza, era la líder de una secta de delincuentes. La tipa se reúne con los demás choros y conversan sobre algo. Desaparecen.

–Ya, vámonos, salgamos por la derecha.
–Es ahora o nunca.
–Yo llevaré la botella.

Habíamos terminado una y la otra estaba casi llena.

–Yo llevaré los puchos y el encendedor.

Huimos.

–Fíjate si nos siguen.

Llegamos al paradero y observamos a un serenazgo.

–Vamos por la alameda –generalmente serenazgos custodian dicho lugar.

Ya nadie nos seguía, pero aun no estábamos librados, el camino por recorrer era largo y peligroso. Ebrio, orino en plena vía pública, hacía tiempo que no hacía eso.

En el camino seguimos tomando, eso me hacía recordar cuando tenía quince años y chupaba en la calle rumbo al rock en el Parque. Llegamos al paradero 12 y nos subimos a un muro a descansar un toque, de paso, fingíamos ser malandros para engañar a la gente.

–Pura pareja nomás pasa.
–Sí, ¿no era día del amigo?

Reímos.

–Esas flacas están hasta las huevas, de ley van a tirar.
–Sin duda…
–Amigos con beneficios pe.

Y en eso, pasan por nosotros dos alcohólicos. Uno me miró y pensó que estaba fumando marihuana, al ver que fumaba un cigarrillo pequeño…

–Invita.

Le entrego el pucho.

–Llévatelo nomás –dijo el loco.

Y siguieron su camino.

–Quiero vomitar –dice el loco.
–Vomita nomás, como si las huevas.

Y lo hace. La gente que pasaba por el lugar nos miraba.

–Párate, parado nomás –decía argumentando que no estábamos ebrios.

Volver a tomar, después de un largo tiempo, nos pasó la factura, bueno, le pasó factura.

–¿Puedes llevarme a mi casa?
–Las huevas, vamos.

Lo dejé en su casa y ahora tenía que ir a la mía. Me llegó todo, no tenía mucho que perder, tan solo quince soles y un carnet antiguo. Además no tenía otra opción.

En el trayecto pasé por alcohólicos que salían de los bares, parejas que salían del telo, prostitutas esperando a sus clientes y choros.

Eran ya las cuatro de la madrugada. Toqué. Mi madre mencionó mi nombre.

–Sí, soy yo, ábreme.

Entré, mi perro salió, lo hice pasar. Me dirigí a la cocina a tomar un vaso con agua. Me saqué las zapatillas y la billetera de mi bolsillo. Y en acto de victoria caigo rendido a mi cama.

lunes, 6 de junio de 2011

Elecciones otra vez

      El paradero atiborrado de masa humana, la mañana gris y los microbuses y combis haciendo su agosto, caracterizaban dicho día festivo. Me encontraba en el paradero esperando que pase un bus, el único que me lleva a la puerta del lugar de sufragio. Después de unos diez minutos pasa dicho bus. Lo paro. Y en mi extremo afán de terminar con todo, me trepo en la puerta trasera, el bus estaba tan lleno que a duras penas pudo cerrar la puerta. Con una mano me sujetaba del fierro que está contiguo a la puerta y la otra estaba metida en mi bolsillo, resguardando con gran recelo mi DNI y algunas moneditas que conformaban mi pasaje. No llevaba billetera ni mucho menos mi celular ya que el lugar donde me tocaba votar era el fin del mundo, un sitio maleadazo, peligroso, el centro de la delincuencia y gente de mal vivir.
      “Pashajes, pashajes”, se escuchaba a lo lejos, el cobrador descuidado no me cobró y siguió de largo. Las líneas automovilísticas hacían lo que se les daba la gana, me dejaron a medio camino, pensaba reclamar mis derechos, pero, viendo que todos se bajaban, no iba a ser el único que siga en el bus, resignado, bajé, sin evitar esconder mi desazón.
      Esperé que pasara otro bus, mi esperar pareció eterno. “No la hago”, dije, cuando pasó el siguiente bus y no paró, debido que estaba repleto. Ahora el reto era llegar al lugar de sufragio y votar. Desesperado tomé cualquier bus que vaya de frente, sin darme cuenta me desvié del camino y me bajé en Montenegro, me bajé porque todos bajaron.  No conocía el miserable lugar. Tenía que hacerme el del la zona, porque sino no llegaba vivo a mi casa. Cruzo la pista y veo a un serenazgo.
      -Disculpe, ¿conoce el colegio Juan Pablo II?
      -No, ¿Dónde queda más o menos?
      -No sé, Mariategui, Casa blanca, por ahí creo.
      -Ah, eso está más abajo, te has pasado.
      “Lógico pe huevón, claro que me he pasado, por eso estoy aquí”, pensé
      -¿Y cómo hago para ir aya?
      -Tómate un carro hasta el 5 de Mariscal y te vas a la derecha con otro carro.
      -Ok. Gracias.
      Hice lo indicado y luego de detalles que no merecen ser contados, llegué al 5 de Mariscal. El lugar ya lo conocía. “Cha voy a tomar carro, caminando nomás”, dije entre mí, y con el valor que pocas veces tengo, me dirigí caminado, sin importar estar en una zona maleada, en ese momento todo me llegaba, nada tenía importancia, sólo quería llegar, votar y acabar con esa huevada.
      Entro al colegio, el pabellón donde me tocaba votar estaba al frente de la puerta principal; el aula estaba vacía, no hice cola, de frente entré.
      Entrego mi DNI al miembro de mesa y con la cartilla en mano me dirijo a votar. Siendo sincero desde hacía mucho tiempo mi voto estaba decidido: VICIADO. Iba a realizar gráficos obscenos y escribir unas cuantas lisurillas, firmando con otro nombre, pero no, cambié de elección al último momento. No voté por Keiko, porque votar por ella era decir que estaba de acuerdo con lo sucedido hace más de diez años: dictadura, renuncia por fax, genocidio y violación de derechos humanos, era inevitable no sentir asco. En un acto impensado marqué la O, ni en mis más lejanas pesadillas pensé votar por él, pero bueno, amigos míos habían influenciado, sin duda, en esta elección. Doblo la cartilla, la meto en el ánfora. Firmo, meto mi dedo medio a un pomito donde había líquido azul y finalizo con el sufragio guardando mi DNI. Ya de espaldas a los miembros de mesa digo: “¿Tanto por esta huevada?” y de pronto, escuché carcajadas. 



domingo, 15 de mayo de 2011

Entrevista (la revancha)

Era un día normal, un viernes como cualquier otro. Entro a la sala de cómputo de la facultad de Lenguas Modernas de mi universidad, me siento y divago por el ciber espacio. Abrí mi correo, simplemente para hacer hora, ya que no había Messenger, ni Facebook, ni cosas en las que pueda hueviar un instante. Revisando, observé un correo de un destinatario que se me hacía un poco familiar. Era el contacto de una empresa diciéndome que llame y coordine sobre la entrevista.
Al día siguiente llamo, era sábado y nadie contestaba, el domingo también lo hice y no recibí mayor respuesta.
      Cansado, el lunes llamé por última vez y por suerte, la entrevista quedó pactada para el miércoles. Para eso tenía que salir temprano de Comportamiento Organizacional, faltar a Microeconomía I y luego de la entrevista, irme lo más rápido posible a la universidad para el seminario de Estadística.
      Llegó el día D, hice todo lo planeado, al pie de la letra. Fui a la universidad, entré a la biblioteca y encontré a Gretel y a Keyla estudiando estadística, las saludé y le pregunté a Keyla como nos había ido en el caso de Comportamiento, “Bien, nos sacamos 18”, dijo. Sonreí y charlé un toque hasta que el bibliotecario me invitó a retirarme si es que quería seguir conversando. Salí. Pregunté al guachimán de la puerta con que carro podía irme de frente a la av. Flora Tristán, y el muy conchasumadre me dijo que vaya hasta Javier Prado y de ahí tome otro carro; digo conchasumadre porque desde Benavides hay miles de carros que vayan de frente a dicho lugar; pero bueno…
      Bajé del carro y pregunté a muchas personas sobre dicha empresa, desafortunadamente, me enviaban al desvío, hasta que, de pronto, se me ocurre cruzar la pista, verifico los números y encuentro la puta empresa.
      Una gran puerta de fierros plomos resguardaba la empresa. El calor del sol disminuia cada vez más, aquel sol abrazante había mutado a un sol tímido y alumbrador. Toco, después de unos minutos veo a una señora de las cuatro decadas, se encontraba en el segundo piso, haciendo una seña, como queriendo decir que toque el timbre. Toco el timbre y la puerta se abre. Subo, entro y la saludo. Luego, la tía me entrega una hoja, la cual tenía que rellenar. Cuando finalizo, la tía me invita a la oficina del gerente.
        -Muy bien, Dante –mirándome- siéntate.
        Lo analizo fijamente.
        - He estado leyendo tu CV y bueno, hay una serie de inconvenientes.
        Torcí una ceja.
        -Primero, eres estudiante de administración y aquí queremos a muchachos que estudien contabilidad.
        - Sí, lo sé, pero he llevado muchos cursos relacionados con contabilidad, así que tengo conocimientos sobre eso.
        - Habrás llevado contabilidad I y II, pero acá se quiere a gente que sepa más que eso, como por ejemplo, Tributación, legislación laboral, y esos cursos.
        Chasqueo la boca, mostrando mi descontento. Yo recien cursaba los cursos mencionados y peor aun, algunos, los iba a ver en ciclos posteriores.
        -Por otra parte, veo que no tienes experiencia laboral… ¿No has trabajado ni siquiera como teleoperador en ventas?
        -La verdad no, pero creo que estoy en la capacidad de desenvolverme de la mejor manera en la función que se me otorgue.
        -Leí en la hoja, que tus expectativas salariales son el sueldo mínimo, pero acá a los practicantes sólo se les paga el pasaje y el refrigerio, que en términos de dinero, son 300 soles – finaliza- ¿Qué dices?
        -Pucha, normal, yo sólo quiero practicar –pensando que aunque me paguen una miseria, conseguiría experiencia y me serviría para mi CV.
        -¿Y cual sería tu horario?
        -Puedo todos los días a partir de las tres de la tarde, a excepción de los viernes que tengo clases hasta las 5:10, pero podría pedir permiso antes y estar acá a las 5:00.
         -¿Y los sábados, no tienes clases no?
        -También tengo clases los sábados, pero en la mañana, así que en la tarde no tendría mayor inconveniente.
        -¿Dónde estudias?
        -En la Universidad Ricardo Palma.
        -Ah, en la Richi.
        - Sí –dije luego de mostrar una sonrisa.
        -Ok. Empiezas mañana.
       Esa respuesta fue demasiado inesperada, escuchando todas las trabas que puso, en verdad pensaba que no iba a conseguir el empleo.
        -¿A qué hora vengo, tres de la tarde?
        -Sí -y finalizando- puedes venir con la ropa que te sea más cómoda.
        Sentí un alivio porque es pesado usar terno todos los días, además no estoy muy acostumbrado a usarlo.
        -¿Con zapatillas, camisa, normal?
        -Así es.
        Le extiendo la mano y me despido

PD1. Ya tengo un poco más de una semana trabajando, a decir verdad, al segundo día quise “patear el tablero”. Pero luego de analizarlo, tenía que darle un cambio a mi vida y no desaprovechar las oportunidades que se me presentan.
PD2. Tener 19 años recién cumplidos y ser Asistente Contable, como que le da un plus. Aunque sea compensa un poco la miseria que me pagarán a fin de mes.

martes, 22 de marzo de 2011

Anécdota

Abel permanecía ebrio y desafiando el equilibrio, parado, esperando que viniera un bus para ir a su casa. Eran las tres de la madrugada, lógico, la pista estaba vacía, desierta, sin carros, sin nada, sólo el brusco viento y la oscuridad de la noche. “Putamadre”, se decía una y otra vez. Y de la nada empezó a recordar todo.
Se venía de una fiesta, en Surco, de una amiga de la universidad. Se quedó anestesiado por el alcohol y el poco de cocaína que había inhalado. Al despertarse se dio cuenta que se había pasado de paradero y que estaba en el anexo 36 –dónde será esa huevada dirán ustedes, bueno, el anexo 36 es el último paradero del bus, exactamente donde se guardan los buses, llamado por algunas personas como el “portón”–. Se sintió aterrado. Rogó para poder dormir adentro, pero el chofer, inhumano, le dijo que saliera y se quede a dormir afuera. Pensó lo peor, pensó que iba a ser asaltado bruscamente, golpeado, hasta ultrajado.
      Miró atrás, adelante, hacia todas partes y sólo encontraba, simplemente, nada. De pronto, pasó un taxi, el cual estaba medio lleno. Una chica lo invita a subir; él sin pensarlo dos veces acepta. Los minutos pasaban y las chicas entablaban una entretenida conversación con Abel, el taxista también conversaba, lo extraño de todo era que el taxista tenía un dejo apitucado, “Cha hace acá este huevón”, se preguntaba en silencio. “Abel y si la seguimos en mi casa”, le dijo la más osada de las chicas. Abel empezó a analizar la situación, “Si he salido vivo de esto, las webas, vamos… no, no, mucha huevada, tengo una mala intuición”, pensaba.
      –Pucha –respondió Abel– estoy demasiado cansado, para la próxima puede ser.
      El taxi se detuvo, debido a que el semáforo indicaba la luz roja. Mira a la derecha y observa un policía, bruscamente abre la puerta y se lanza, huyendo de aquel taxi.

lunes, 7 de marzo de 2011

¿Amigos o desconocidos?

      2000.- Tengo ocho años e ingreso a un colegio enorme, enorme comparado a mi  anterior colegio. Luego de haberme adaptado a mi nueva realidad, escojo entre mis compañeros a mis futuros amigos. Mi mejor amigo de ese entonces era el chino Javier.
      2003.- Es la fiesta de promoción de primaria y me encuentro conversando y riendo con Pino y el chino. Conversando acerca de temas inocentes e infantiles. Recordando el viaje de promoción a Cajamarca y lo bastante que nos divertimos... No sabía que ese iba  a ser el último año en el que estudiaríamos, en la misma aula, con el chino.
      2005.- Después de un año de no saber nada del chino, se aparece. Ya estábamos en segundo de secundaria, había regresado al colegio, pero estaba en otra aula. Conversábamos sólo en los recreos. Esa amistad verdadera ya se había perdido, ya no éramos los mejores amigos, sino, sólo conocidos. Ese mismo año se va del colegio definitivamente.
      2009.- Estaba con Yogui en la rockola, escogiendo una canción de Slipknot, haciendo hora para luego ir al tono del enamorado de mi prima.
      –¡Christian! –escucho a lo lejos.
      Volteo y me doy una gran sorpresa.
      –Hola –mirándolo con sombrío terror y asombro- ¡Javier!
      Y luego de recuperarme del asombro conversamos un rato, al ver que estábamos en otras, gentilmente Javier se despide.
      Lo miro a Yogui con extrañeza. Era increíble pensar que aquel sujeto había sido mi amigo, y ahora, luego de mucho tiempo, me resulta, o al menos siento, que es un total desconocido.

lunes, 28 de febrero de 2011

Polos opuestos

       Prestaba atención a la clase, cuando escucho a dos flacas que estaban delante de mí, cuchichear.
      -Sí, ayer salimos… pero caleta nomás
      -Y que hizo Joaquín.
   ¿Joaquín?, ese nombre lo había escuchado, conocía solo a un Joaquín en la universidad, pero, ¿como sabía que estaban hablando del mismo Joaquín?, o quizá hablaban de un pata que no era de la universidad.
      -¿Y cuanto tiempo con tu flaco?
      -¿Flaco?, que raro sonó, ese huevón es gordo.
      Hey, un momento, Joaquín también era gordo, todo coincidía… Me entrometí.
      -¿Estás con Meyer? –Meyer era el apellido de Joaquín.
      Mariela, me mira con los ojos extremadamente abiertos y con un terror casual. No sabía que decirme. Luego de negarlo por unos minutos, terminó confirmándolo.
      Qué raro decían todos, aquella noticia era la primicia de la universidad; por cierto, en sitios como la universidad, basta que se entere una persona y se enteran todos. Joaquín y Mariela eran extremadamente diferentes: Joaquín era un gordito demasiado sociable pero sin malicia, Mariela también era demasiado sociable pero con toques de una picardía usual. Mariela era mayor por un año, pero era mucho más vivida que él.
      Luego de una semana, Mariela, otra vez en clases, comenta sobre su relación. Me daba lástima escucharla hablar, hablaba pestes de él.
     -El gordo es un huevón.
     -¿Por qué?
     -Es un imbécil, a la primera semana me dijo que me ama. El muy idiota fue a mi casa a conocer a mis viejos.
     -¿Cómo?
     -Es un pobre huevón…
     -Seguro eres su primera enamorada
     -Me dijo que ya tuvo flacas.
     -Qué raro.
    Y lo que decía no era para aparentar. Cuando el gordo iba a la universidad, ella lo ignoraba descaradamente, lo trataba peor que a una zapatilla barata y con hueco.
    -¿Y por qué estas con él?
    -No sé…
    Nadie del grupo la entendía, Mariela no era la gran cosa, era una chica normal, una miraflorina y nada más. El gordo parecía Barney y vivía en el cono norte.
    Salíamos de un examen, ese mismo día era San Valentín, un día comercialón y consumista. Jenny le arrebata el Nextel, por joder a Mariela, y llama a Joaquín: “Oye Joaquín por qué no vienes a la universidad”, en alta voz pudimos escuchar: “Yo quisiera ir, pero Mariela no me quiere ver”. “Qué tal cojudo”, decía entre sí. Entendía cada vez más la nota...
    -El gordo fue a mi casa y se cagó porque yo iba a salir con mi vieja y mi hermana a comprarle sus útiles.
    -Y que fue.
    -Fue con nosotros, todo el tiempo estuvo sin hablar… Mi hermanita de doce años lo vacilaba.
     -Ese gordo…
    -Fue tan huevón que le forró todos los cuadernos a mi hermana… yo no le dije ni mierda.
    No entendía el actuar de aquel sujeto. Era pisoteado y seguía ahí, dando la otra mejilla.
    Caminaba lentamente hacía las gradas, estaba demasiado agotado, hacía tres años que no jugaba fútbol y jugar, así de repente, me hizo mal. El gordo jugó por mí el siguiente partido; las risas y comentarios aumentaban, veo el campo de juego y observo al gordo con las medías levantadas, “Míralo, que huevón decían”, seguro se creía jugador profesional, se notaba que todo lo que hacía lo hacía con pasión, aunque a la larga demostrara una estupidez inigualable.
    Fin de ciclo y se veía los rostros angustiados de aquellos muchachos que necesitan una gran nota en el último examen para aprobar. Felizmente antes de dar aquel examen estaba aprobado, así que relajado, esperaba junto a Mariela y Raúl el comienzo del examen.
    -Terminé con el gordo.
    -No jodas.
    -Sí, no lo quería hacer por Nextel, pero me llegó al pincho.
    -¿Por Nextel?
    -Lo quería hacer face to face, pero ya no pude más y se lo dije.
    -¿Lloró?
    -No escuché llantos, pero me hizo un drama de dos horas… Me dijo que siempre me amará y me preguntó que si era por otro, eso sí me llegó al pincho, o sea, esta bien que crean que soy pendeja, pero como me va a decir eso, se pasó de niño…. Hasta me preguntó que hizo mal, me dijo que le diera una oportunidad, que le diga como debe ser para seguir juntos.
    Reímos.
   -Fácil hoy entra al examen, borracho y con un ramo de flores en las manos, pidiéndote volver.
    Luego de seguir riéndonos.
    -Ya no quiero saber nada de ese huevón.
   Aunque sé que al gordo le habrá dolido, sé que fue lo mejor que pudo pasar, eran abismalmente opuestos, como polos. Los finales tristes son más fuertes, pero a veces, necesarios.

PD. Por fin aprobé matemática III. Ahora que estoy de vacaciones hasta el 21 de marzo, tendré tiempito para escribir a mi gusto... Prepárense que se vienen nuevos post.

jueves, 17 de febrero de 2011

Humillación

Un señor de baja estatura, escaso cabello y con un estómago prominente entra al salón de clases; saluda a muchos alumnos, al parecer conocía a demasiados, éstos eran de una edad respetable, cursaban el séptimo u octavo ciclo y seguían llevando un curso de tercer ciclo: Análisis de los Estados Financieros. Dante, rápidamente se dio cuenta de la extrema dificultad del curso. “Era cierto aquellos rumores”, decía entre sí.
Seguía la clase con la mayor atención posible. A los veinte minutos después entra una hermosa chica; mientras ella pasaba, las miradas se clavaban en ella, nadie pestañeaba, todos los hombres examinaban aquella belleza traslucida en aquel cuerpo humano. Era dos años mayor que Dante, tenía una cabellera negra ondeada, unos ojos enormes color caramelo, tez clara con ligeros toques de bronceado, una estrecha cintura y dos excelentes razones que será mejor dejarlo en la imaginación de cada uno.
      –Romina –dijo el profe–. Buenas noches
      –Hola profe –respondió–, disculpe la tardanza, me quedé dormida.
      –Qué habrás hecho anoche pues –dijo aquel viejo decrepito, parecía que la violaba con la mirada.
      Todos rieron y se escucharon algunos comentarios vulgares.
      –¿Quién es ah? –preguntó Dante al sujeto que estaba adelante.
      –Ah, es una huevona que se trasladó de la de Lima –respondió, luego de mirarle el trasero a la muchacha– con ésta, es la tercera vez que lleva Análisis.
      Ella deambulaba con un grupo reducido llamado los Huecos, gente que aprobaba un curso a la segunda o tercera vez, de cuatro cinco cursos que se matriculaban, a la primera semana se retiraban en dos o tres. Normalmente no entraban a clases y fumaban afuera del salón. No había viernes de los cuales no asistieran al hueco de la universidad.
      Los días pasaron, llegaron los parciales, Dante y unos cuantos aprobaron a duras penas, el grupo de Romina no pasaba de seis de nota.
      Un día, Dante releía “Rayuela” de Julio Cortázar, sentado en el césped la facultad de Arquitectura, respirando tranquilidad. Una voz de mujer penetró en el oído de aquel joven, despertándolo de ese mundo irreal creado por el subconsciente. Gira la cabeza y sus ojos se pierden en la mirada de Romina. Impactado, no articuló palabra alguna. Romina se sienta a su lado.
      –¿Qué lees?
      –Rayuela.
      –¿Qué es eso?
      –Una obra de Cortázar.
      –¿Y quién es él?
      –Un escritor, el máximo exponente del Boom Latinoamericano.
      –Manya, no se de eso… ¿Y por qué lees eso?
      –Soy un gran aficionado a al lectura y me fascina leer obras notables como ésta.
      La muchacha sonrió un poco y sacó de su mochila un cuaderno.
      –¿Puedes explicarme como salió el Estado de Ganancias y Pérdidas de la clase pasada?
      –Claro.
      Y aquella escena se repetía terminando las clases. Parecía que con el trascurso de los días una amistad entre los dos nacía e iba afianzándose cada vez más.
      Dante llegaba a su casa y escribía los poemas mas hermosos y mejor elaborados que había hecho en su vida; tener de musa a aquella reina era un privilegio, era lo mejor que le había pasado. Se sentía en el cielo, imaginaba tocar las estrellas, caminar sobre el mar, se sentía extasiado cada vez que respiraba la fragancia de su piel.
      Roxana, gran amiga de Dante y la más confidencial, cumplía años e invitó a Dante al hueco para festejar su onomástico. Salen de la universidad y se van caminando hacía dicho establecimiento.
      El color del cielo cambiaba repentinamente, la noche llegaba tímida y con ella una fina lluvia.
      Bajaron del puente, ya se podía escuchar la extrema bulla del hueco y se podía apreciar a los huecos reunidos fuera del establecimiento. Romina estaba abrazada de un tipo de gran musculatura y mayor que ella. Reían como locos y se daban besos ardientes y apasionados. Dante quedó perpelejo al observar aquella escena, se sentía el máximo idiota que existía en el planeta, recordó cuando le preguntó: “Romi, ¿y tienes enamorado?” y ella negó tajantemente con una sonrisa que parecía ser sincera.
      –Hola, Romina –esperando que respondiera.
      –¿Te conozco? –luego de mirarlo como si en verdad nunca lo habría visto– Piérdete chibolo baboso.
      Aquellas palabras retumbaron en el pensamiento del pobre muchacho, nunca se había sentido tan humillado, tan asqueado.
      Llegó a su casa y esa noche no pudo dormir, sudaba frío, se levantaba al baño a cada momento. Lloraba, lloraba en silencio, no quería que nadie lo escuchara. Tiró todas sus obras literarias al suelo y fumó un par de cajetillas en su terraza, mirando la luna, con la mirada perdida en sus recuerdos de una irrealidad creada por su idealismo.
      Pasó un buen tiempo. Dante escuchaba The Ramones en su iPod, cuando Romina se acerca.
      –Quiero que me disculpes por la vez pasada –dijo con una cara de avergonzada más falsa que se haya visto–. Ese huevón es demasiado celoso y no quería que te hiciera algo… Ya termine con el… discúlpame.
      Dante se sacó los audífonos.
      –¿Sabes qué?, vete a la mierda. Crees que puedes pisotearme y pedirme perdón después… Quédate con tu grupo de mediocres, ojala llegues a algo bueno.
      El ciclo acabó, Dante salió invicto y con altas calificaciones; Romina desaprobó el curso por tercera vez, recogió sus papeles, avergonzada, destruida, por fin entendía lo doloroso que puede ser la humillación.

lunes, 31 de enero de 2011

CEPREVI

      Después de postular a la San Marcos y no ingresar, no sabía cual iba a ser mi porvenir, tomé una decisión, sin pensar: meterme a la CEPREVI (Pre Villarreal). La verdad que nunca estuve entusiasmado con esa universidad, lo hacía para ahorrarle la incomodidad a mi viejo de pagarme mensualmente una universidad particular.
      El primer día, fue como casi todos los días, aburridísimo, la gente no conversaba, se dedicaban a repasar sus putos libros y yo que no soy nada estudioso, me aburría con facilidad. Habré hecho algunos “amigos” por ahí, bueno, gente con quien pasar el rato, cabe resaltar que a cualquiera no se le llama amigo, esa palabra está tergiversada en estos tiempos.
      Lo más anecdótico en esos tiempos fueron los profes, merecen ser narrados en este post:
      El profe de Historia era un viejo de casi medio siglo de existencia, un tipo muy locuaz, muy divertido; valía la pena escuchar sus clases, además que sabía un culo, hacía las clases muy amenas, muy aputamadradas. Fácil estaba medio quemado, siempre se metía en los personajes de la Historia e imitaba las voces de Robespierre, Napoleón, Hitler y esas celebridades; como se dice: “la vivía”. Criticaba al catolicismo y al gobierno.
      La profe de Literatura era un gordita, hacía una maestría en la PUCP; literata por profesión y mercadóloga frustrada, antes de meterse a Literatura, estudiaba Marketing en la USIL y al ver la extrema dificultad de Estadística, supo que esa carrera no era la suya.
      El profe de Lenguaje era un chato, cabeza de libro. Me lucía en sus clases, claro, todo gracias al curso de Uso de Lenguaje que hice en la Pre San Marcos. Al término de la clase contaba un fragmento del Amor en los Tiempos del Cólera, uno de mis obras favoritas, ya la había leído un par de veces en el colegio y lógico, la sabía de principio a fin. Todos en el aula ponían la mayor atención posible en los relatos. Era increíble saber que de todo el aula la gran mayoría, para no decir casi todos, no había leído tal majestuosidad de obra, con razón que el Perú esta como está, penúltimos en lectura, carajo.



PD. Decidí retirarme de aquella institución, en las tres últimas semanas. Necesitaba crecer y tal vez hacer un esfuerzo en lo económico, postulé a la Richi, ingresé tercer puesto en Administración. Escribí todo de nuevo, hablando con metáforas; una nueva vida con nuevas responsabilidades, nuevo entorno socio-económico, nuevas preocupaciones, nuevas metas, nuevos retos, nuevo todo. Ahora que estoy a puertas de mi cuarto ciclo, no me arrepiento de aquella decisión, quizá fue una de las más acertadas que hice en mi vida.

lunes, 24 de enero de 2011

Desfile distrital SJL - 2007

      Abro los ojos, el ambiente estaba completamente oscuro; prendo la luz y observo el reloj: eran las cinco de la mañana. "Con razón", me dije entre sí. Me voy al baño y me lavo; regreso a mi cuarto y me cambio: camisa blanca, pantalón del uniforme de gala, zapatos de charol bien lustrados, chompa de colegio, luego prosigo con la corbata negra, las caponas y el correaje blanco. Esperé media hora, los rayos del sol, tímidos, alumbraban apenas la calle.
      Tomo un bus. El camino estaba cerrado. Me bajo y bien hardcore voy caminando hacia el colegio. Después de cerca de cuarenta minutos llego. La compañía estaba reunida.
      –Rodríguez –gritó el instructor– A qué hora dijimos.
      –Tuve un percance –disculpandome.
      –Sube y coge un gallardete.
      El instructor dio un discurso, un floro monce, palabras que incentivaban a dejar todo en aquel desfile.
      Fuimos en la movilidad del colegio todos los que íbamos a marchar: la pre-escolta como compañía, el estado mayor y la escolta oficial.
      El lugar estaba colmado de gente, innumerables asientos rodeaban la pista de desfile. A su vez, la pista estaba repleta de colegiales, representaban a sus respectivos colegios.
      Era un acontecimiento, no era cualquier desfile. Se trataba nada menos que el distrital, o sea, el ganador lograba un cupo para desfilar en el Campo de Marte. El "Santo Domingo de Guzmán" –mi colegio– iba como invitado especial, no competía ya que tenía un cupo asegurado para el Campo de Marte.
      Sentía emoción y miedo a la vez, coraje y nerviosismo, alegría e incomodidad. Sentir todo eso junto hacía la ocasión muy especial.
      La gente nos aclamó, nos aplaudió; algunos envidiosos pifiaron.
      Terminando nuestra pasada –el desfile aun seguía– fuimos al colegio a desayunar una gaseosa y una empanada de carne.

miércoles, 12 de enero de 2011

Se ha muerto mi abuelo

      Hacía mucho tiempo que no veíamos al loco; justo en el último año escolar se le ocurrió cambiarse de colegio. Salimos de clases y fuimos a buscarlo. Eramos muchos, si la memoria no me falla, eramos como cinco puntas, todos estúpidamente uniformados. Después de gastar las suelas de nuestros zapatos de tanto andar, llegamos. El lugar estaba resguardado por un intento de seguridad: un tipo de baja estatura, rasgos étnicos y sin ningún porte. Para no cometer error alguno, decidimos hacer un plan estratégico. Tataje era el más osado y aguerrido del grupo, así que él fue el encargado de ejecutar dicho plan. 
      Mientras tanto, el intento de seguridad nos vigilaba desde su guarida, sin vacilar; quizá pensaba que eramos malandros en busca de alguna "gresca interescolar".
      –Ustedes quédense aquí –dijo Tataje.
      A raudos pasos, con la cabeza en alta y muy seguro de sí mismo, cruzó la pista y se dirigió a la puerta.
      –Buenas Tardes –comenzó– Necesito entrar para hablar con mi primo que estudia aquí.
      –¿Tu primo? –respondió incrédulo el tombo.
      Al verlo con un semblante de pena absoluta se compadece y lo deja pasar.
      –Quédate aquí –retomó el tombo– ahora vendrá la auxiliar.
      Tataje, sentado, esperaba que todo acabara. Los segundos de espera fueron breves pero a la vez eternos. Al poco rato se acerca una señora de base cuatro, vestida ridículamente, llevaba puesto unos lentes espantosos.
      –Así que buscas a tu primo, ¿no? –atinó a decir la auxiliar con una mirada examinadora– ¿Como se llama?
      –Victor Arrieta –respondió rápidamente– es urgente, mi abuelo está muriéndose. 
      Al escuchar esto, la señora se quedó boquiabierta, parecía que fuese un túnel sin salida.
      Pasó uno, dos, tres... diez minutos y bajó el loco. No sabía que iríamos a sacarlo. Lo vio a Tataje sentado y sonrió.
      Muy astuta, la auxiliar llamó a la mamá del loco y al enterarse de que fue vilmente engañada gritó: "¡Ustedes no van a ninguna parte... Arrieta sube a tu salón y tú jovencito!". Se acerco y le pidió que saque sus cuadernos, al ver la etiqueta, donde figuraban sus datos, y sus apellidos no coincidían afirmando que no eran primos, le dijo:
      –Ah, pendejito te crees –tirando su cuaderno– ¿De qué colegio eres?
      –Del Bertolt Brecht –respondió Tataje... fue lo más cómico porque estaba vestido con el uniforme del Santo Domingo.
      –Llamaremos a tu colegio.
      –No, no, sólo queríamos hablar con nuestro amigo, hace tiempo que no lo vemos.
      –No sabes que estás en graves problemas.
      –Ya fue pues...
      El tombo lo agarró como un estropajo y lo sacó con un tremendo patadón, a los pocos segundos lanzó su mochila.
      Al ver esa escena nos matamos de risa. Tataje sólo atinó a decir: "huevones de mierda, casi se la creen... vámonos antes que haya problemas". Y nos fuimos, cabisbajos, sin lograr nuestro objetivo, pero con una anécdota que será difícil de olvidar.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Los clones


    Era el primer día de clases del último año escolar, la normalidad, de repente, fue interrumpida por tres misteriosos alumnos; hablaremos acerca sólo de dos de ellos, porque el tercero es un ser tan insignificante que no merece ser leído por ustedes, mis amigos (y es así, los considero mis amigos, porque son cómplices de cada hecho vivido, porque los amigos saben cosas de sus amigos y ustedes al leer cada post mío, se enteran de mi no tan maravillosa vida). Era curioso verlos porque se parecían a dos de nuestros compañeros, por eso se ganaron, muy pronto, el apodo de "los clones".
      Nunca, nunca había visto a una persona tan callada como el clon de Norvil, sólo hablaba con el otro clon, y eso, si se le puede considerar monosílabos como fluidos diálogos. Un día, uno de los tantos días, hice una broma (no voy a decir que era el payaso de la clase, pero de vez es cuando amenizaba el ambiente con mis ocurrencias); todos se cagaron risa, menos él, ni siquiera mostró una puta sonrisa, parecía que era un ser hecho de piedra.
      Caminaba con mi gran amigo Yogui...
      –Agregué al clon de Norvil hace una semana –inició Yogui.
      –¿Qué si? –respondí desinteresado– ese huevón es el que nunca habla, ¿no?... Fácil es un loco messenger, típico de esos cojudos.
      –Putamadre, peor, es un enfermazo –cuando lo dijo, pude ver sus ojos desorbitados, reflejando un asombro colosal– me mandó un video porno de los que ve.
      Lo miré sin decir nada esperando que prosiga con la historia.
      –Nunca había visto un video tan asqueroso... A la flaca la penetraban dos huevones y al final, ella se toma la orina de uno de esos patas.
      –Putamadre, ¡qué asco! –respondí inmediatamente– ese huevón debe ser un desquiciado.
      La noticia se divulgó muy pronto y se ganó la fama de pajero, enfermo sexual, depravado, maniático, violador. Dentro de esa coraza de adolescente taciturno se encerraba un ser despreciable, una persona con graves problemas mentales y psicológicos, porque para ver esas cochinadas es un loco de mierda.


                                                        ************


      Alejandra, por su cumpleaños, nos invitó al Iguana Rana; ahora tiene otro nombre y bajó de level; antes tenía un level respetable (los que han ido alguna vez me darán la razón). Nos encontramos en su casa. Como nunca, todos estábamos bien vestidos, yo que nunca usaba camisa, terminé usando una. Bueno... el clon de Yogui, que fue el último en llegar, como dirían los paletazo, estaba vestido totalmente OUT! (qué cabrito sonó, pero no hay otra manera de describirlo): polera anchaza, buzo con un millón de bolsillos y tabas de quince lucas. Lo vimos y no le dijimos nada. Nos enrumbamos a dicho local. Llegamos. Hicimos cola. Nos sentíamos recontra palteados porque era una discoteca que no entraban menores de edad: nosotros teníamos dieciséis.
      Ale habló con el gorilón que cuidaba la puerta y le metió un buen floro. Entramos de a pocos, hasta que noté que la cola no avanzaba.
      –Lo siento –dijo el gorilón– no puedes entrar.
      –¿Por qué? –respondió confundido el clon de Yogui– si soy invitado y estoy en lista.
      –Mira como estás vestido... la discoteca se reserva el derecho de admisión.
      El clon de Yogui desperado nos veía; Rubin, yo y los demás ya estábamos adentro. En medio de su locura le pidió a Rubin que se sacara la camisa y se la preste para poder entrar. Los intentos del pobre muchacho tornaban inútiles, para no cagarnos el plan, decidimos embarcarlo, porque estábamos recontra empilados y no nos íbamos a ir por ese cojudo. Además, esa vez estuvo inolvidable, quizá merece ser contada en otro post. No es por ser un mal hablado, pero lo ocurrido con el clon de Yogui fue lo más vergonzoso que vi en toda mi vida.




PD1. El clon de Yogui actualmente estudia Derecho en la San Burrin... espero que ahora sí tenga éxito en las discotecas. El clon de Norvil... no sé nada de él. Espero que no forme parte de los grupos de pederastas que hoy en día vemos en las noticias.
PD2. Bienvenido 2011, este año lo tiene que ser todo, carajo. Un saludo para todos ustedes y feliz año nuevo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Y si hubiera pasado...

Era una estrellada noche de invierno. Tenía ocho años, me encontraba fuera de mi casa, jugando con la pelota, seguro haciendo dominaditas; solía jugar con mi primo y los chibolos del barrio, de los cuales ya no me hablo actualmente, a excepción de mi primo Lucho. El ambiente era tranquilo y se respiraba una normalidad característica de las noches frías y solitarias, cuando de pronto, se estaciona un auto blanco, de lunas polarizadas, dentro del auto estaban tres patas, los pude percibir por escuchar tres voces diferentes. Una puerta delantera se abre a medias y un tipo de unos veintitantos años me ve fijamente. “Tenemos gatitos y los estamos regalando, no sé si querrás alguno”, dijo. Con la inocencia de mis ocho años no percibí ninguna malicia y me puse a pensar rápidamente sin decir nada. “Mamana (así le digo a mi abuela) tiene varios gatos, así que mejor no”, pensé. Al verme dubitativo atacaron, “Son bonitos los gatos, si quieres verlos, anda a la puerta trasera”, dijeron. “Gracias pero ya tengo gatos”, les respondí. Al ver tremenda negación, cerraron la luna delantera y se fueron rápidamente.
      A los minutos mi Tío Fernando, que había venido de Cañete a visitar, sale de la casa de mi abuela, que queda al costado de mi casa y me pregunta lo sucedido. Le explico y luego de hacerlo, pude ver en su expresión, un asombro, una incomodidad y una leve molestia. “Como pueden dejar solo a un niño en la noche”, dijo.

PD. Años más tarde, me dí cuenta que si hubiera entrado a aquel auto blanco, algo malo me pudo pasar, tal vez, no estaría escribiendo esta historia y definitivamente no sería el mismo, si es que estuviera con vida.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Silvia

Piero desde la primera vez que la vio se enamoró. Silvia era una chica de sonrisa angelical, le gustaba la música pesada y, para la mala suerte de Piero, tenía enamorado. Era un tipo alto, pelucón y con cara de huevón. Qué suerte tienen los feos. Piero no era muy querido por el grupo, la mayoría pensaba que era uno más; a pesar de eso, me caía bien. Tuvo que esperar a la fiesta de promoción para decírselo.

–Provecho, Rodríguez –gritó el instructor con gran sarcasmo, mientras estaba comiendo mi grasiento pollo a la brasa.

Sonreí y en mi mente dije: "Anda nomás conchatumadre". Levanto la mirada y veo a Silvia y a su peor es nada discutiendo, habían terminado y él estaba más insoportable que nunca. Piero se acerca –cabe resaltar que la fiesta recién empezaba y ya estaba ebrio– y lo abraza.

–Yo la voy a hacer feliz –le decía, mientras el otro lo miraba lleno de rencor.

El pelucón se libera.

–Desaparece antes que te reviente –le respondió, mirándolo fijamente a los ojos.
Me hizo recordar a los gallos cuando se mechan frente a frente.
–Se van a pelear –gritaba Silvia, desesperada.

Me acerqué y cachosamente le dije: "Qué pasa Silvia". No sé cómo pero cuando volví a clavar la mirada estaba Blind, Tataje, el loco y Yogui deteniendo a Piero y al pelucón. "Ya fue brother", le dije para consolarlo.

Luego de dos horas, la gente estaba ebria. Piero estaba hecho. Al intentar bailar, patea una botella de cerveza. El instructor al ver eso nos llamó la atención, bueno, me llamó la atención, ya que era el único del grupo a quien conocía. "Rodríguez, cuidado con tu grupo, una más y los boto", sentenció. "Qué alguien lo ayude a sentarse, está hasta las huevas", dije.

Nunca podré olvidar esa expresión de extrema tristeza y el profundo dolor que sentía.

–Estuve esperando esa oportunidad y ese huevón la caga –decía– Yo la amo, por qué siempre me pasa esto.

Mientras Silvia y su galán bailaban una canción de salsa, besándose y olvidándose del mal entendido que habían tenido.

martes, 16 de noviembre de 2010

Noches gélidas, alcohol y cigarrillos

Cenaba junto a mis padres viendo un conocido programa sabatino, cuando de pronto, alguien tira algo con suma violencia contra la puerta. Mis padres me miran confusos, pensando que fue obra de alguna pandilla. Mi papá, molesto, abre la puerta a ver quien era. 

–Disculpe señor –dice el loco–, es que el perro estaba gruñéndome y si tocaba la puerta, de repente me mordía. 
–Hubieras llamado –respondió mi papá, con más calma–. Pensamos que habían tirado una piedra y que querían romper la puerta. 

Al escuchar una voz familiar salgo y lo veo, lo saludo; mi papá entra a la casa. 

–Puta madre, te demoraste un culo –dije viendo la hora. 
–Tuve unas cosas que hacer –respondió mi gran amigo. 

Caminamos hacia la casa de Yesenia, en el camino hablábamos de todo, desde cosas sin sentido hasta asuntos de la universidad. Pasamos por Metro y al frente, compré un par de vinos (en ese tiempo estaba muy bien financiado y por ende, tenía toda la plata del mundo para gastar) y el loco, una cajetilla Marlboro. 

En unos escasos minutos llegamos a la casa de Yesenia. Tocamos. Nos abrió su primo. 

–Hola –me presenté– ¿está Yesenia? 
–Sí –respondió su primo– ahorita sale. 

Conversando, fumando y tomando vino, matábamos el tiempo los sábados. Luego de tomarnos los vinos, Yesenia y su primo se aportaron un ron Cartavio. 

–Chicos, acá cerca hay un pub donde toca una banda de rock –dijo Yesenia– que tal si vamos. 

Después de parlotear, decidimos ir. 

En la puerta de dicho pub, se encontraba un sujeto que conocía a Yesenia, se veía que se tenían mucha confianza. Entramos. Escogimos donde sentarnos y pedimos una jarra de cerveza. El sujeto de la puerta seguía hablando con Yesenia, pero cada vez era más meloso. Su primo conversaba conmigo y con el loco. La mesera trajo la jarra, probamos y nos llevamos un fiasco: era agua con cerveza. 

–Aj, conchasumadre –dije– una huevada este lugar. 
–Mejor hubiéramos seguido con el ron –añadió el primo de Yesenia. 
–Hay que traerlo –dijo el loco. 

Lógico, no dejaban entrar al pub con trago de afuera. Pero no sé cómo, a los veinte minutos, entró el primo de Yesenia con el ron, camuflado. En el transcurso de los veinte minutos, loco y yo, mirábamos la mesa del costado, eran cinco patas rodeando una chica, que por cierto, era muy bonita, vestía una blusa celeste y esos shorts minúsculos; nos parecía familiar, creo que estudió en nuestro colegio, pero era como tres o cuatro años mayor. “Qué tal perra”, fue el comentario entre risas. 

–Listo, el ron y la coca cola –dijo sonriente el primo de Yesenia. 

Como estaba un poco embriagado agarré las botellas y mismo barman mezclé dichas sustancias. Chupábamos sin problemas, el alcohol era un gran aliado para salir de la realidad. 

–Si apruebo Matemática II –dije mirando fijamente al loco- compro un vodka y chupamos los dos juntos. 

Esa fue la gran promesa que hice aquella noche. Estaba a punto de jalar el curso, ya tenía dos prácticas jaladas y el parcial con 06, felizmente, me estaba dejando de huevadas y empecé a estudiar duro. 

Salimos del pub y fuimos a la casa de Yesenia. Ella entró a su casa, y yo, sentía ganas de vomitar. 

–Voy a buitrear –dije en joda. Pero al final se concretó. 

Llegamos a mi casa. Toco la puerta y en un segundo me abre mi madre, enojada. Paso y dejo al loco sentado afuera. 

Al día siguiente entro al Messenger y los encuentro en línea. 

–Oye no pienses mal –dijo Yesenia. 

Intrigado, abro otra ventana y le pregunto a loco lo que pasó y me dijo que ella y el pata de la puerta se besaron más de una ocasión, bueno, toda la noche estuvieron agarrando. Producto del alcohol no recordaba aquellas escenas. 

–Puta madre –le dije al loco– estaba tan ebrio que me perdí de esos detalles. 

Enterado de lo sucedido, regreso a la conversa con Yesenia. 

–No te preocupes –le dije– mejor hablemos de otra cosa.


PD. Después de la sacadera de mierda que me di, logre aprobar MATEMATICA II, y loco desapareció de repente, sin decir nada. Loco, si alguna vez lees este post, recuerda que te debo el vodka que te prometí, estoy esperando con ansias revivir aquellas noches de alcohol.