lunes, 1 de septiembre de 2014

La misteriosa chica del parque

Mis calificaciones eran deplorables. Cursaba el quinto ciclo de ingeniería civil pero llevaba cursos de tercero y cuarto. Nunca quise estudiar esa carrera, solo lo hacía porque mi papá es ingeniero civil y gana un sueldo nada despreciable, además que cuando estaba en el colegio él siempre me reventaba las bolas con que nada lo haría más feliz que continúe su legado. Para ser honestos, nunca quise entrar a la universidad. Siempre soñé con ser futbolista. Cuando era chibolo jugaba en las divisiones menores de mi club querido, Alianza Lima. Jugaba de volante ofensivo. Me destacaba por dar pases precisos a la cabeza o a la pierna del compañero, esos llamados pases gol; de vez en cuando también pateaba al arco, mucho remates terminaban en gol. Con respecto a la marca, nunca fui muy bueno, por eso jugaba en esa posición. Al terminar el colegio tuve discusiones con mi viejo y terminé estudiando algo que no me llama la mínima atención. 
Era el primer día de clases. Escuchaba un set recontra achorado de Disclosure, puse mi mirada en la ventana del bus. Este se detuvo unas cuadras antes de llegar a la av. Chimú. En el otro lado, o sea en la calle, en pleno parque corría una chiquilla de mi edad. No era la gran cagada pero tenía algo que me causaba atracción. Trotaba a buen ritmo. Parecía feliz, llevaba una inmensa sonrisa en el rostro. Cuando ella se esfumó, el bus empezó a moverse con lentitud. “Avanza oe chantón”, le dijo al cobrador, el tipo que estaba sentado al costado de mí. Ese sujeto era el sudor en persona, aparte de eso olía a mierda. El set de Disclosure acabó e inició Sun and moon de Above & Beyond. 
De lunes a viernes, a la misma hora, en el mismo parque, veía desde el mismo bus a la chica de siempre. La curiosidad de saber quién era ella nació y creció a lo largo del tiempo. Debo confesar que hasta me empezó a gustar. Nunca había visto en mi miserable vida a una persona que siempre esté feliz. “¿Será humana?”, dije sonriendo estúpidamente. Mientras tanto, una vieja que tenía a un chibolo malcriado entre sus piernas me miró como diciendo: “Pobre loco” o “cojudo de mierda que habla solo”. No me importó. 
Si las cosas me iban mal antes, ahora ya estaba sumergido en la mierda. Me habían votado de las prácticas pre profesionales que hacía, aduciendo que era un incompetente y que si se demoraron tanto en decirme eso, fue que le tenían un gran aprecio a mi padre. Eso me bajó un poco pero lo que si fue un baldazo de agua fría en pleno invierno del día más frío fue que vi a mi flaca besándose con otra, en plena universidad. Al día siguiente le increpé aquella imagen imborrable y me confesó que era leca, que se metió conmigo para utilizarme de pantalla, que nunca me amó y que la disculpe. 
Pasaba con el mismo bus, a la misma hora y no veía a la chica de siempre. Al quinto día al fin la volví a ver. Me levanté del asiento, me dirigí atrás y toqué el timbre. Bajé y me acerqué caminando hacia ella. “Oye, chica misteriosa, ¿puedes detenerte un momento?”, le dije. Ella no me hizo caso. Dejé de caminar y corrí detrás de ella. Estaba a punto de alcanzarla pero, amigos, no creerán, suena un toque idiota pero desapareció. Se metió como a una especie de portal desconocido. Sin pensarlo también me metí en el mismo agujero y fui transportado al puente Javier Prado, no sé cómo explicarlo pero se me acabó el camino y caí, caí en cámara lenta. Amigos, fue anecdótico porque no morí por paro cardiaco, era obvio, no caí de un edificio de muchos pisos, la distancia fue corta. Caí como un saco de papas y me estampé en la pista. Morí desangrado. Menos mal que el chofer del auto que se aproximaba, se detuvo y no me arrolló. Ocasioné un tráfico del carajo. 
Al fin pude comprender que aquella chica misteriosa que veía trotando era nada más y nada menos que Miss Murder. Siempre estuvo ahí, llamándome sin querer, induciéndome a acabar con mis problemas.

miércoles, 13 de agosto de 2014

American Trip

2


      La sociable chica se alejó y se sentó donde le correspondía, mientras yo seguía avanzando. Mi asiento era uno de los últimos, quedaba ubicado al medio del avión, en la parte trasera. Nadie reservó asientos a los costados de mí. Ya eran más de las dos de la madrugada y no sentía hambre ni sueño, solo miedo, miedo a lo desconocido, miedo a no saber qué hacer en los próximos días. Debo confesar que me llené de una cantidad increíble de mala vibra y no disfruté el viaje de ida. 
      Era la primera vez que viajaba, así que fue una experiencia que quizá jamás olvide. Mientras el avión se deslizaba por la pista, las flight attendant entregaron audífonos a los pasajeros. Las flight attendant de mi vuelo de ida fueron unas señoras que bordeaban la base cuatro, eran dos rubias y una morena, todas norte americanas. Ya desde el avión podías respirar un poco de Estados Unidos: naturalmente ellas no hablaban ni una palabra en español, todo era inglés. 
      El avión empezó a moverse con más velocidad y a los minutos despegó. La subida fue una cosa de aquellas. Una vez que el avión alcanzó una altura considerable pareció que se detuvo y es que cuando estás arriba, pareciese que estuvieses sentado en cualquier lugar, normal, con tus pies pegados al piso. “¿Para qué chucha es esto?”, dije, sacando los audífonos de la bolsa. Miré a los demás. La mayoría tenían la vista fija a la televisión, como si hubieran sido hipnotizados. Lo extraño era que no había sonido. Me fijé bien y tenían los audífonos puestos. Revisé mi asiento y en una parte había un hueco, coloqué el audífono y me lo puse. Al fin pude escuchar los diálogos de aquella película hollywoodense. Pasó el tiempo y junto a los minutos, el frío aumentaba. Saqué la colcha de su bolsa, esa que te obsequian en el avión, y me tapé. No pude dormir bien: el motor del avión hacía un ruido infernal. De vez en cuando cerraba los ojos y los abría. Se podría decir que mi sueño duraba entre 40 a 50 minutos y luego me levantaba y así fue toda la puta noche. La comida y la bebida que entregaban las flight attendant me supieron a mierda. Esa noche mi estómago se cerró. 
      Plan de 6:30 el avión aterrizó en el aeropuerto internacional Dallas Fort Worth. Salí del avión y miré a las demás personas: nunca me había sentido tan perdido. Seguí a un grupo, hasta que me topé con el baño. Entré e hice un tributo a Nicolas Cage. Nunca encontré el tacho o recipiente para botar el papel higiénico, así que lo tiré en el inodoro. Tiempo después me enteraría que en Estados Unidos, a diferencia del Perú, no acostumbran a tener un tacho en el baño, ya que eso almacena y desprende mal olor. Por eso botan el papel higiénico al inodoro, de frente. Luego de lavarme las manos, agarré mi maleta de mano y salí del baño para buscar la de bodega. En el camino me encontré con el mismo grupo del avión y los seguí.
      Me ubiqué en una interminable cola, parecía que eran esas colas de fin de mes del Banco de la Nación. Había gente de todo el mundo: asiáticos, norteamericanos y árabes. Una señorita vestida de azul empezó a llamar a algunos muchachos peruanos y yo me desconcerté, sin saber qué hacer, salí de la cola y le pregunté si yo estaba entre esos nombres, a lo que me dijo que no. Regresé donde estaba. La cola me llevó hacía los oficiales de Dallas, el cual uno de ellos me pidió mi pasaporte y me hizo algunas preguntas. 
      -¿Para qué vienes a los Estados Unidos? –me dijo en inglés, mirando mi pasaporte.
      -Para trabajar –le dije, fue lo primero que se me vino a la mente. 
      -Trabajar… ¿y? –me preguntó.
    -Y viajar, conocer los Estados Unidos –respondí, dándome cuenta que me preguntaban sobre la situación de mi visa J1: work and travel (trabajar y viajar). 
      El gringo estampó en mi pasaporte su aprobación de ingreso al país. Me lo entregó y seguí mi camino. 

domingo, 27 de julio de 2014

American Trip

1



      Abrí los ojos. Empecé a observar aquel dormitorio el cual iba a dejar por más de tres meses. Me levanté de mi cama, fui al baño e hice toda la rutina mañanera. Era increíble que ya había llegado el día, el día D, el día el cual iba a dejar mi país para enrumbarme a una aventura sin precedente alguno. Luego de desayunar saqué la Tablet, que me había comprado solo para el viaje, de su caja y empecé a practicar. No entendía como se usaba esa huevada pero seguí intentando hasta que se apagó por la baja batería. Salí de mi cuarto y me quedé haciendo cariño a mi perro Black. Entré de nuevo y prendí la computadora. “Haz tus maletas”, me dijo mi papá, mientras esperaba que se cargué la pc.
      Antes de irme, tenía algo que hacer: ver si había salido invicto en el ciclo. Con la mayoría de cursos no tuve problemas, a excepción de uno: Contabilidad Gerencial. Ese curso de mierda sí me fue imposible aprobarlo por mí mismo. Entré al intranet y vi la nota de dicho curso. “No puede ser”, dije. El hijo de puta me desaprobó. Golpeé el escritorio y subí corriendo al tercer piso de mi casa. Acto seguido, llamé a Sonya.
      -Han colgado las notas de Conta –dije sin saludar- me jaló ese reconchasumadre.
      -¿Estas bromeando? –Respondió.
      -Hoy me voy de viaje –añadí- ¿tú crees que voy a perder el tiempo en esto? Habla con ese hijo de puta y dile que me apruebe, que me cambie la nota, no sé, métele un florazo. No puedo jalar. Jódele todo el día.
      -Ya, a las 12 lo llamo –terminó- ¿ok?
      Ustedes se preguntarán, cultos lectores, ¿por qué llamé a esa chica? Ahora, agárrense de sus asientos porque les contaré aquella historia. Era mitad de ciclo, casi todos estábamos cagados, con notas desastrosas, unos más que otros. Sonya tenía peores notas que yo, encima había faltado a una práctica. Un día bajó a la oficina del profesor de Contabilidad y le metió un floro y le dijo que por favor la ayude, que quiere aprender y todo. El viejo enfermo ese, le miró las tetas y le prometió que la iba aprobar de todas formas, que le hacía recordar a su hija, pero que lo iba a hacer si ella lo visitaba más seguido, a lo que ella aceptó. Desde ese día, ella iba a visitarlo una o dos veces por semana, se comunicaban hasta por whatsup, ya habían agarrado confianza. Él le dijo en dos oportunidades que le diga el nombre de sus amigos para aprobarlos también. En la primera le dijo solo mi nombre, a lo que él le preguntó si éramos enamorados. Ella le dijo que no, que ella tenía enamorado y no era yo. En realidad no somos ni amigos, pero bueno, sigamos con esta mierda. En la segunda, ella le dijo mi nombre y el de dos chicas, para que no le pregunte lo mismo. No sé la verdad que habrá hecho ella, que el profesor le cambió un 03 por un 19. Dudo mucho que alguien ayude a otra persona sin conocerla solo porque te hace recordar a su hija, algo más habrá pasado; sí, amigos, yo también lo pienso. Además que el último día de exámenes ella nos confesó a mí y a Kim que el decrépito ese le enviaba mensajes recontra arrechos. Saquen sus propias conclusiones.
      Era lo último que podía hacer. Decidí voltear la página y empecé a buscar mi ropa para alistar mi maleta. Empaqué polos, pantalones jean y calentadores, poleras, un par de casacas impermeables, zapatillas, medias, ropa interior y demás artículos indispensables para un viaje de varios meses. En la noche me bañé. No tenía ganas de comer, a pesar que me habían preparado uno de mis platos favoritos: papa rellena.
      Una vez que mi hermano llegó a la casa nos fuimos al aeropuerto. En el taxi miraba con nostalgia las húmedas calles de Lima. El cielo permanecía más gris que nunca.
      Llegamos. Cogí la maleta de mano y caminé con ella. En el camino vi muchas caras, diferentes, que mostraban naciones distintas y sus ropas, costumbres distintas. Adentro estaban esperándome mi abuela y la mayoría de mis tíos y primos. Estuve con ellos un rato hasta que tuve que despedirme de ellos y seguir avanzando. Llegamos hasta la puerta de acceso solo a pasajeros y me despedí de mi hermano y de mi madre. Mi madre se llenó de lágrimas por la emoción. Teníamos que ser fuertes, seguí avanzando. Mi padre, que trabaja en el aeropuerto, me ayudó hasta la mitad del proceso de inspección. Una vez que ya había pasado lo “difícil”, nos abrazamos y me despedí de él.
      Me senté frente al gate, esperando junto a los demás. Miré a todos lados y vi que habían muchos como yo que viajaban por Work and travel, pero a diferencia de mí, ellos viajaban acompañados de sus amigos o enamoradas. Luego de unos minutos, vi que la gente se paraba y se formaba en una larga cola. Me puse en la cola y una chica que estaba detrás de mí me hizo el habla, dialogamos un toque, me contó que era la segunda vez que viajaba a Estados Unidos con el programa, que la primera vez se fue a Miami con todo el calor de ahí, las playas y la gente latinaza; ahora se iba a California a conocer el frio de verdad, la nieve, hacer un toque de Ski y snowboarding. Yo le conté que era la primera vez que iba a Estados Unidos y que me iba a Pennsylvania, que no conocía mucho de ese lugar. La cola terminó en la última inspección, dos oficiales me dijeron que abra las maletas para revisar. Las mías estaban con llaves. Me puse un poco nervioso, me acordé que una estaba en mi canguro y abrí mis maletas antes de que ellos rompan los candados, al ver que no tenía nada ilegal, pasé y entré al avión.

miércoles, 25 de junio de 2014

Loop Stage: Dimitri Vegas and Like Mike

A penas el taxi abandonaba La Molina, ya se podía apreciar a revendedores levantando tickets, mientras decían: “Vip y general pal tono”. El cielo permanecía gris aquella noche de junio. Las afueras del estadio Monumental lucían plagadas de gente ingiriendo alcohol, revendedores gritando como placeros y gente esperando a sus amigos. Era un ambiente totalmente diferente a los raves normales en Hebraica o en otros locales de siempre. Por cosas que carecen de sentido, mi hermano y yo cambiamos nuestras entradas vip por unas club, ya que su flaca no pudo comprar una vip y compró club de preventa. En el quilombo de la indecisión permanecimos afuera, rompiéndonos la cabeza para ponernos de acuerdo en qué hacer; mientras tanto, Rodrigo Lozano pinchaba el elegante tech house que ya nos tiene acostumbrados. Según me enteré por fuentes confiables, a la gente no le gustó para nada su performance y se aburrieron de él a los minutos de empezar el set. Era algo predecible porque la mayoría que fue a ese tono era su primer rave y mucho de ellos piensan que música electrónica es igual a decir EDM o electro comercial y no existe otro sub género. Pero bueno, considero que Lozano para warm up es recontra aceptable, lo he visto varias veces ya sea solo o tocando como Deaf Pillow y nunca ha defraudado.

A los minutos que escuchamos un sonidillo diferente, entramos. Estaba tocando Wolfpack, un duo EDM que mezclaba temas de DJ’s conocidos como Nervo, entre otros. En la cola, vi a un grupo de aproximadamente seis chibolos de entre quince y diecisiete años. Los gorilones los veían extrañados y les pidieron DNI. Ellos mostraron sus respectivos documentos, que de seguro eran falsificados. A raudos pasos nos acercamos al sector club. Ya había gente saltando como canguritos todo el fucking tiempo. Nadie bailaba, todos saltaban y saltaban. A pesar de eso, las vibras eran alucinantes. Los chibolos coreaban las canciones con un inglés super asqueroso, pero bueno, sabían la letra de algunos tracks, lo que era rescatable. Hasta hacían los cánticos mismo Tomorrowland, cuando vi eso dije: “mucho internet ven estos webelos”. Por otro lado, el set de Wolfpack no me gustó, no empalmaban las canciones y a veces se escuchaba un vacío recontra malazo; había mucha canción parecida, del mismo estilo. Aunque tuvieron algunos chispazos que la subían con una canción movida y BOOM, silencio. Lo peor de todo eran esos cojudos aullidos que metían en su set, ya me pinchaban las bolas con su huevada. Ya sabemos que son WOLFpack, pero no jodan.

La noche fue salvada cuando subió aquel dúo belga llamado Dimitri Vegas and Like Mike. Comenzaron su set con el intro de Smash the house. La gente gritaba como loca. Algunas flacas movían cosas fosforescentes, tomaban fotos, grababan; hasta empezó a oler a hierba. Lo que me encantó fue que metieron de todo, desde EDM y canciones recontra feeling hasta trap. Fue un locurón. Su música, a diferencia del dúo anterior, sí incitaba al baile. De las canciones que me puedo acordar, tocaron: Calvin Harris & Alesso vs SESA - Bring Control (Showtek Beijing Mashup), Calvin Harris & Ellie Goulding vs. DV&LM & GTA - Turn Your Love (Christopher Ramirez Edit), Major Lazer feat. Busy Signal & The Flexican & FS Green - Watch Out For This (Bumaye) (DV&LM Tomorrowland Remix), Coldplay - Paradise (Fedde Le Grand Remix), Wakanda, DV&LM, Tujamo & Felguk - Nova w/ Eat Sleep Rave Repeat (acapella), Kanye West feat. Big Sean & Pusha T & 2 Chainz - Mercy (Acappella), LMFAO feat. Natalia Kills - Champagne Showers (Acappella), Martin Garrix & Jay Hardway – Wizard, Swedish House Mafia vs Avicii - Don't Wake Me Up (mashup), Alesso vs. OneRepublic - If I Lose Myself (Alesso Remix), Kid Cudi feat. MGMT - Pursuit Of Happiness (Steve Aoki Remix), Dimitri Vegas, Martin Garrix, Like Mike – Tremor. 

En pleno set, el cielo cambió de color: el triste gris se mezcló con chispitas de rojo y azul, provocados por los fuegos artificiales. Otra cosa que debo añadir es que este dúo aparte de tocar un set potente y equilibrado a la vez, tienen un gran dominio del público, animaban al crowd a ser parte del show, a no dejar de saltar y bailar. Fue anecdótico cuando uno de ellos dejó de hablar en inglés y con un español recontra amexicanizado alentó al público a detenerse y cuando caiga el bajo (drop the bass), formar un pequeño pogo, en plena canción Tremor. Nunca me hubiera imaginado que aquel dúo de DJ’s haría suya aquella noche, realmente me sorprendieron. La entrada valió la pena. Me animaría a decir que si es que vuelven algún día, los vería de nuevo, sin pensarlo.


PD. Debo confesar que me perdí algunos detalles como cuando lanzaron vodka al público o cuando se tomaron foto ellos y Wolfpack en pleno set. Pero bueno, lo bailado nadie me lo quita. 
PD2. Si van a opinar háganlo sin insultar o sin pedirme cosas, yo nos soy el Chino Ruiz ni ningún representante de LOOP para que me estén increpando. Solo escribo por amor a la literatura y a la música. 

martes, 3 de junio de 2014

Designer Drugs en Lima, por segunda vez

Desde la ventana del taxi podía apreciar un número considerable de personas que estaban fuera de un local. Las chicas lucían atrevidos vestidos, ceñidos al cuerpo, con zapatos de tacones altos; otras tenían un look más relajado, medio hipster, con el cabello pintado de azul, verde o con peinados estrafalarios y sus infaltables lentes enormes, demasiado retro. Los muchachos eran más casuales, vestían camisas o blazers. 

-Aquí es –dijo el taxista.
-¿Aquí? –nos preguntamos.
-Sí, esto es Plaza Butters –respondió- de acá otra discoteca está lejos. 
-¿Y qué tal la otra calle? –dijo Miguel.
-No se los recomiendo, ayá es muy peligroso –siguió advirtiendo el taxista- además solo esto es Plaza Butters, lo demás ya es otra dirección, otra calle, otro lado. 

Miré la calle y sí, esa era Plaza Butters, había estado ahí cuando fui al Iguana Rana por el tono de una amiga de colegio y unos años después cuando fui al Barranco Bar por el concierto de diazepunk por sus 10 años. No sabía que ese mismo local tenía muchos nombres según días y fechas. 

-¿Ese no es el Barranco Bar? –le dije a Miguel- aunque esa gente no luce salsera, ni cagando, estos huevones son más de la honda de Noise. 

Miguel le dio cinco soles al taxista. Bajamos. Decidimos darnos una vuelta por la Plaza Butters, llegamos a Noise y antes de entrar, compramos una cajetilla de Marlboro de 20 y un encendedor. Vimos que había dos puertas, una se entraba con lista y la otra con invitaciones. Saque las mías e hicimos cola. Un sujeto que estaba en la puerta pedía DNI. Supuestamente el ingreso era para mayores de 21, yo no tenía problemas porque había cumplido 22, pero Miguel tenía 20. Como estamos en Perú, esas restricciones son un saludo a la bandera, es más, vi a gente que a duras penas tenía 18 años y disfrutaba del tono. Entramos, las huevas. Una chica de sonrisa angelical, estaba parada en la puerta, desglosando las invitaciones y entregando pines. Más allá, se encontraba un señor medio gordo que tenía entre sus manos un botellón enorme con un líquido medio negruzco, la botella tenía el logo de la discoteca. “¿Qué es eso?”, le pregunté. El sujeto respondió que era un combinado de varios tragos. Miguel y yo nos miramos y decidimos probarlo. No sabía tan mal, pero estaba un poco fuerte. Sentía como que mi garganta ardía. Seguimos de frente. 

Nos ubicamos al costado de la barra. En ese momento Pyramids eran los encargados de poner a bailar a la gente, aunque a esa hora había pocos asistentes. La noche recién empezaba. La gente se aproximaba a nosotros para comprar trago en la barra, en el momento menos inesperado se acercó una chica medio alta, de contextura delgada y cabello marrón. “Hola, brother, ¿puedes regalarme un pucho?, porfa”, me dijo mostrando sus perlas brillantes. Busqué entre mis bolsillos y no tenía la fucking cajetilla, le pedí a Miguel y se la entregó, la chica delicadamente sacó uno, agradeció y se esfumó con su grupo de amigas. 

Había pasado un tiempo considerable. “Oe, ¿sacamos chelas?”, le dije a Miguel. Asintió con la cabeza, le entregué veinte soles e hizo cola. Luego de unos largos minutos me entrega un vaso grande lleno de chela. “Vamos adelante, brother”, le dije. Nos fuimos hasta el escenario y pusimos nuestros vasos en la madera del estrado. 

I am Genko subió al escenario y metió unas bombas alucinantes, se lució de principio a fin. La gente empezaba a motivarse y sacaba sus pasitos de baile. Los fotógrafos subían y capturaban los mejores momentos. Entre los que bailaban, había un tipo vestido de negro, que estaba stoned, subía al escenario a hacer sus huevadas. A los minutos varias chicas, no queriendo quedarse atrás, lo imitaban, bailando como taboleras. La locura bajó cuando subió Danny Em y con su techno monótono, dio un respiro a la audiencia. Ya nos habíamos acabado las chelas. “Oe sacamos otras”, le dije a Miguel. Me respondió que sacara solo una, dándome un billete de veinte soles, me fui a la barra, volteé y vi que Miguel me seguía, “oe, anda aya para que guardes sitio”, le dije. Regresó mientras yo seguía caminando rumbo a la barra. Decidí sacar dos, total, you only live once. Son esas huevadas que nunca olvidaré, cuando me entregaron las chelas, se escuchó a lo lejos: “Hi Peru, we are Designer Drugs”. Volteé y regresé al sitio inicial, levantando las chelas para no derramarlas en el camino. 

Designer Drugs fue una locura, tocó Drop down, Drugs are in control, Zombie, Fuck the system (Designer Drugs remix), The Bloody Beetroots feat. Gigi Barocco - Volevo un gatto nero (you promised me) y otras canciones que ya ni me acuerdo, ya que mi cabeza explotó del indescriptible placer producido por aquellos deliciosos sonidos. También le metió de todo, desde Trap, dubstep hasta mixes chikielectro (EDM). En pleno set, un huevón se me acercó y me grabó haciendo mis pasitos recontra ravers, por fin, podía ser yo mismo. Aquella noche, sin dudas, me encontraba en el paraíso y el sonido que salía de esos parlantes era sinfonía que alimentaba mi júbilo.

Sin avisar se fueron. Acto seguido, los reemplazó la sur-koreana Jumi Lee y le metió un rico e interesante techno. Ya eran cerca de las 4 am y estaba cansado hasta las huevas, terminamos nuestras chelas y como las cosas que suceden, abandonamos el lugar. Faltar a la universidad ese día y al siguiente, valió la pena, tremenda fiesta, inolvidable. Increíble Noise, felicitaciones por su primer aniversario, fue un golazo traer a tremendos DJ’s. De ahora en adelante, los tendré en cuenta para pasar mis solitarios viernes nocturnos.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Superclub Closing Summer 2014

A pesar de haber estado más de tres meses en Estados Unidos, no tuve la oportunidad de ir a un rave aya. No cabe duda que en Perú, mi tierra querida, tenía que quitarme el clavo.

Eran las 2:35 pm y recién llegabamos al boulevard de Asia. "Putamadre, tenemos las entradas de club 2 -que nos permitia el ingreso hasta esa hora- ¿nos dejarán entrar?", nos preguntabamos mi hermano, su pata Nacho y yo. Tomamos un taxi que nos dejó cerca a la playa El Rosario, pagamos 15 lucas entre los tres. Desde la ventana del auto podíamos apreciar a la gente sentada, vestidos muy veraniegos y el colorido escenario. No eramos los únicos con el problema de las entradas, así que le preguntamos al de seguridad y nos mandó a la boleteria, el que atendía nos dijo que teníamos que hablar con el administrador de Loop que estaba a escasos metros de nosotros. Nacho habló con él y quedó en que íbamos a ingresar si pagamos la diferencia de la otra entrada (club 4:30), volvimos a la boleteria y el Nacho pago 60 soles por los tres, osea 20 por cada uno. Entramos. Al principio no había mucha gente. La música era muy chill out y pensamos que así iba a ser todo el día, vaya que nos equivocamos. Sacamos tres cervezas, Miller, para comenzar. Entre trago y trago todo mejoraba, entrabamos en ambiente. Más gente ingresaba, más pinches drogadictas de mierda hacían el ridículo y mostraban sus lujuriosos cuerpos. Subió Rodrigo Lozano a pinchar y no decepcionó, dejó su pastrulo deep house y le metió hartas bombas. En medio set llegó otro amigo de mi hermano, Arturo. El sol aun no se iba, sacamos mas chelas. Alcohol, puchos, buena música y variedad de género, flacas ricas, hartas vibras y un rico verano que se despedía hacía especial aquel día.

El tono se armó cuando subió Hector, ese brother fue un hijo de puta, la gente no dejaba de bailar. Rendido me fui a comprar hamburguesa a diez soles, un sucio pan con una carne sin papas. Había una chica de cabello morado, crespo, que tenía el peinadito frikie de Skrillex, cerca de nosotros, que no dejaba de bailar, en una de esas, un fotógrafo cual ninja capturó la imagen. Joris Voorn y Nic Fanciulli destrozaron cráneos con su techno intenso. Ya estaba cansado en esos momentos, solo bailaba en mi sitio; todo estaba super chilling hasta que vino una fémina de unos dieciocho-diecinueve años, vestida con un top blanco y un shorcito azul que empezó a bailarme de la nada, traté de seguirla pero no pude estar a su level, peor que me agarró frío (en fin, si lees esto aqui estoy :B ya sabes -risas-). El muchachón Nacho también tuvo algo anecdótico, dos flacuchas adictas pasaron por nuestro lado y al verlo bailando como un droguie le preguntaron si tenía MD, ayayay, está juventud, carajo. Cerca de las 11 nos fuimos al boulevard de Asia a seguirla a un antro llamado Nórdico, pero eso ya es otra historia, mis fieles lectores.


lunes, 24 de febrero de 2014

El origen de todo

       Habíamos pasado de ronda a octavos de final en el torneo de fútbol de cuarto año de secundaria, ganándole a la sección D por 1-0, gracias al gol de penal de Echia. Todo era felicidad, nunca habíamos llegado tan lejos, aunque déjenme confesarles que llegamos hasta las semifinales perdiendo estúpidamente por la actuación de nuestro intento de portero, pero amigos, cultos lectores, eso ya es otra historia. 
     Fuimos al restaurant más cercano a comer un rico ceviche. El cansancio era apaleado por un rico y sabroso vaso con chicha morada. Mis amigos y yo no dejábamos de sonreír y recordar aquel partido, mientras guardábamos piernas para el siguiente, que era dentro de una hora aproximadamente, era como especie de torneo relámpago. Esta historia no sería memorable y por ende, no hubiera sido contada en este blog, si no hubiera sido porque mi padre se encontró afuera del restaurant con mi profesora de Literatura. Mi papá estaba en pleno sol conversando con otros padres de familia, cuando de repente se aproxima una señora de estatura baja y contextura gruesa pero con un rostro simpático que escondía una mirada maligna pero pícara a la vez. “Ella es la profesora de Literatura”, dijo uno de los padres de familia. La saludaron y mi papá decidió interrogarla.
       -Hola, profesora, ¿Cómo está mi hijo en el colegio? Él es Rodriguez.
       -¿Quién?
       -El muchacho de allí –y me señalo mientras yo comía con mis amigos.
      -¿El? Él es un vago, no lee –contestó la vieja de mierda esa, con una expresión como de irritada.
        Todos mis compañeros se empezaron a reír, mientras yo me sentía avergonzado.
      Al llegar a casa tuve una conversación muy seria con mi padre, en la que me mostraba su insatisfacción que había sido originada por esa miserable noticia. Prometí leer los libros que me iban a pedir en el siguiente trimestre, pero tenía que empezar con el actual, el último que me había comprado, con la plata de mi papá, en la tienda ubicada estratégicamente en frente de mi colegio. Aquel libro era muy gruesa y se podía apreciar que tenía muchas páginas, era nada más y nada menos que “El amor en los tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez. Al día siguiente decidí abordar aquel viaje intenso que es la lectura y al leer las primeras páginas supe que la historia era divertida, el estilo no era muy difícil de entender, los diálogos eran geniales, en conclusión, me agradó la obra. Cada día que pasaba me enamoraba más de la obra, me imaginaba en mi inocente mente a la Diosa coronada, Fermina Daza, y al taciturno y poético muchacho llamado Florentino Ariza. En un par de meses terminé de leer la obra y me sentí contento porque era mi primer libro que había terminado y había leído de inicio a fin, di un examen estupendo sin la necesidad de buscar el argumento por internet. Desde esa vez mis notas en los cursos de letras fueron mejorando notablemente y hacían que saque un ponderado alto que me permitiera estar siempre entre los diez primeros de mi salón (que eran más de treinta), a pesar de que mis notas en los cursos de números eran deplorables, notas aprobatorias pero a las justas, raspando. 

PD. Espero que no los haya aburrido mis fieles amigos, pero era algo que necesitaba contarlo, eso fue el origen de todo, posteriormente, luego de tres años me cree el blog y comencé a escribir, pero esa historia ya la deben saber porque ya fue contada en una entrada llamada Primer aniversario del blog. Permítanme contarles que en menos de tres semanas dejo los Estados Unidos y regreso al lugar donde me vio nacer, a mi querido Perú, este viaje me ha dejado muchas cosas positivas y también he pasado por cosas no tan agradables, pero así es la vida y de todo se aprende, me dedicaré a escribir aquellas aventurillas que estoy pasando aquí así que ese viaje será resumido minimo en cinco entradas, vamos a ver que sale. Nos vemos en la próxima entrada y ya saben, La mente maestra is not dead, I came back motherfuckers!

domingo, 10 de noviembre de 2013

Cuarto aniversario del blog

Es increíble que ya aya pasado 4 años desde aquella vez que, por cosas del destino, decidí crear este lugarcillo virtual; donde en cada post les he contado todo tipo de historias, desde las más pastrulas y darks hasta las más conmovedoras y con mucho feeling. Debo confesar que este año no he pensado para nada sobre este post (cuarto aniversario), ya que estoy pensando en otras cosas: mis estudios (que ya estoy en el noveno ciclo y no me falta nada para acabar esta etapa universitaria) y mis planes para el próximo año (un posible viaje al extranjero, si es que Dios lo ve conveniente y la llegada de mi mejor amigo a Lima; cosas que cambiarán mis monótonos y monócromos días y serán razones para crear nuevos post, quizá mejores de los que he escrito durante este tiempo).



PD. El video es una pista de lo que se viene en el 2014 ♥

viernes, 1 de noviembre de 2013

Social Day 2013

      Eran las 4 y aún estaba en el bus, por Puente Nuevo. Había quedado con un par de amigas en encontrarnos en la universidad a esa hora. Minutos después, les mandé un mensaje a cada una para decirles en dónde están, que me esperen y esas huevadas floreras típicas del tardón. Llegué a la universidad plan de 4:30, subí las escaleras de mi facultad y me dirigí a sufragar, vicié mi voto escribiendo signos estúpidos, metí el miserable y ordinario papel en la canastilla, firmé, me devolvieron mi carné y me fui rápidamente a la facultad de Arquitectura, donde me estaban esperando K y S. En el camino me encontré con J, cruzamos algunas palabras y seguí de frente. Entro a la sala de computo de Arquitectura y veo a K y S que estaban acompañadas de M. Conversamos un toque y nos enrumbamos al paradero, M se fue a su casa. Tomamos la 5C. Llenamos el no tan corto trayecto de Surco a Lince con algunas bromas y disparates, haciendo ameno el momento. Una pintoresca cobradora hacía su trabajo mientras escuchaba a todo volumen su música escandalosa y corriente. Nos pasamos, bajamos en la cuadra 9 de la av. Arequipa, caminamos un par de cuadras y llegamos a la Fundación Telefónica. El cielo dejaba su esplendor y se tornaba oscuro. Nos ubicamos en el final de la cola y esperamos unos 15 minutos, mientras veíamos con atención a los demás bloggers, casi todos ellos usaban lentes. Cuando la cola empezó a avanzar llegó mi buen amigo Apolaya, les presenté a S y K y entramos al local. 
   
En la puerta nos pidieron el DNI y debíamos dejar nuestras pertenencias a un lado mientras ingresábamos por otra puerta (como las del aeropuerto) que detectaban metales. Luego inspeccionaron los DNI con un aparatillo que lanzaba una lucecita roja y de pronto, se acercan dos rubias tan bellas como el azul del cielo y nos preguntaron si queríamos salir en la foto, accedimos y posamos con otras dos rubias del mismo tipo. Entramos al auditorio, estaba medio vacío, la gente recién ingresaba. Nos ubicamos en los asientos y esperamos el comienzo de la premiación. Este año el blog Day dejaba de existir y daba paso a algo más general: el Social Day; además el evento ya no era auspiciado solo por Movistar, si no también por la Marca Perú y el BBVA Continental. Como nunca la premiación se demoró un montón y en vez que comience a las 7 en punto, comenzó cerca de las 8:30 pm. En la primera parte subieron a hablar los dueños de las marcas auspiciadoras y en la segunda pusieron videos como el del año 2011 (Yo quiero ser un blog star) e hicieron homenajes a 4 blogs: Miss Cupcakes, coffe, La Cumbia de mis viejos y Ellas dicen. Dichos homenajes supuestamente fueron sorpresas. Al final fue la premiación por categorías. Entre los premiadores estuvieron Burneo de La Habitación de Henry Spencer, la blogger de la peruana promedio, un otaku, una cosplayer y dos chibolos desconocidos. Los ganadores fueron muy previsibles, como en la categoría entretenimiento: Macho Peruano que se respeta o la Categoría tecnología: TEC; hubo también ganadores justos, como en la categoría Moda y tendencia: What the chic, categoría personal: policía chévere, categoría familia: discapacidad en acción; y también hubo ganadores que, en fin, no merecen ser mencionados en este medio. Los de MPQSR repitieron el plato adjudicándose también por el blog más votado.

Fue anecdótico cuando el presentador preguntó al público si Karen Dejo, nominada en la categoría Personal, había venido, a lo que se oyó un silencio sepulcral, "Hay fans que confunden calidad con volar cometas" sentenció. Otra cosa que debo mencionar fue cuando subió una tía a recibir el premio de Moda y Tendencias y todos estaban con la cara de WTF? y explicó que era la mamá de Kathy, What the chic, y que recibía el premio porque su hija estaba en Europa en esos momentos. Burneo le pidió que la llame a su celular, pero el intento fue en vano porque allá eran las 3 de la mañana. El show fue cerrado con el deplorable performance de la Tigresa del oriente que cantó con playback, causando gracia y burlas de los asistentes. Sus bailarinas tenían el trasero lleno de celulitis. "¿Habrá after party?", nos preguntábamos Apolaya y yo; K y S se fueron, por razones que desconozco, antes que comenzaran la parte de la premiación por categorías. Nos retiramos y fuimos al lugar donde ofrecían bocaditos y pisco sour, comí cuatro bocaditos y tomé una copa, que no la terminé ya que el alcohol ingresaba y quemaba mi estómago vacío. Al ver que no había after party decidimos salir del local y chapar un carro. En el trayecto conversábamos y especulábamos por qué no hubo after party, llegamos a la conclusión que la gestión de este evento fue pésima, organizado por personas ignorantes del marketing. 

PD. Amigos, cultos lectores, debo confesar que me causó indignación ver nominados a Macho peruano que se respeta y hembra que se respeta, ¿qué criterios tuvieron los jurados al elegir a semejantes basuras? Además que no dan ningún valor agregado al público en general, publican contenidos sumamente deleznables: sexismo (machismo y feminismo según corresponda), discriminación por opción sexual y demás barbaridades (como el aborto). Días posteriores, la comunidad blogger reclamó lo ya señalado anteriormente y publicaron que dos de los jurados eran fans de MPQSR, porque compartían y daban likes a sus miserables publicaciones, ¿Dónde quedó la imparcialidad? Quitarle los premios no tapa el mal criterio que tuvieron a la hora de escoger finalistas y ganadores, espero que esa tremenda burrada no se vuelva a repetir.

Por otro lado, hicieron un terrible arroz con mango al mezclar facebook, twitter y blog en las mismas categorías y no separarlas. Nominaron en la categoría Arte y Cultura a fan pages, las cuales subían imágenes del internet, ¿eso es calidad?, ¿Dónde está la creatividad, la innovación?, ¿acaso es difícil apoyar a los nuevos escritores? De ahí nos quejamos por qué el Perú es uno de los últimos puestos en conocimientos, cuando apoyan a medios de comunicación basura (full copy and paste). 

Social Day, la próxima creen otras categorías, como: Facebook, Twitter, Relatos, Teen blogger, Blog Star o Figura Pública y por favor, vuelvan a realizar el after party. 

martes, 1 de octubre de 2013

La Dimensión desconocida

La pelota rodaba en la loza deportiva, Manolo con gran habilidad le roba el balón a Leo, éste se cae al piso mientras Manolo con un soberbio remate mete un gol que deja atónitos a sus compañeros. Leo se levanta y al ver que la cagó, baja la mirada. Plash se oyó, aquel sonidillo se perdía en el viento, el gordo retira su mano de la cabeza de Leo y le dice: "cabro de mierda, juegan bien conchatumadre". Leo era un muchacho un poco afeminado, aunque nunca dio señal de ser homosexual, siempre le hacían bullying en especial el gordo, todos los días le metía lapos en la pelada. Ese día fue el último, "oe no me jodas, panzón de mierda", dijo Leo con voz temblorosa. El gordo se río y lo miró con odio, lo agarró de la parte de arriba del polo y lo empujó. 

Debo confesar que Leo nunca fue mi amigo, pero hay una cosa que me llega al pincho y son los huevones que se creen abusivos. "Déjalo oe payaso, ¿qué chucha tienes?", le dije. "¿Padrino eres?, arranca nomás oe conchatumare o quieres te reviente", sentenció el gordo. Antes que me tire el primer golpe, me adelanté y le tiré un puntapié en la pierna, el gordo se inclinó lentamente –recuerdo ese día como si fuera ayer, quizá nunca la olvide–, acto seguido le tiré un puñete en la ñata, el gordo se cayó, su nariz sangraba, la gente permaneció inmutable. Había hecho lo que muchos no se atrevían. No me acuerdo cómo, pero el marrano se abalanzó sobre mí, parecía que era un toro rabioso, no podía zafarme, pensé lo peor. El gordo me tiró dos puñetes, uno en cada mejilla, golpes que me ocasionaron un terrible dolor por mes y medio al comer. Cuando iba a tirarme el tercer puñete, Manolo con Adriano lo sujetaron de ambos brazos y lo levantaron. "Oe huevón ya fue ya", le dijeron. El gordo respiró hondo y me advirtió que ya no me quería ver nunca más, que la próxima no salía vivo. A partir del día siguiente no me dirigió la palabra ni mucho menos me busco bronca. Aunque haya quedado como un supuesto héroe, ese chiste me costó la expulsión del colegio, qué da, al cabo que ni me gustaba ese colegio. 

****

Me despierto y escucho: "portón, portón", giro el cuello y observo por la ventana, "puta mare", dije. Me había pasado dos paraderos. Bajo. Caminé en zic zac, estaba mamadazo, había combinado whisky, vodka, ron, tequila y chelas. Eran las tres y media de la madrugada. Como ratas salidas de la alcantarilla, aparecen tres sujetos.

–Ya perdiste pe conchatumare –dijo uno que se parecía al casha.
–Ya fue brother, relajado -dije, al ver que estaba acorralado. No tenía ni las fuerzas ni las ganas de correr, no llevaba nada de valor, a excepción de un celular barato. 

Uno de ellos me cocoteó y el otro me puso un cuchillo en la cara. "En la cara no, carajo", dije en mi mente. "Oe, huevones, aguanten, ¿eres tú, Ignacio"? dijo un muchachillo alto que tenía un par de cortes en el rostro como Bardock. Lo miré fijamente, no lo recordaba, "y quien más" le dije. "Ignacio, soy Leo, ¿no te acuerdas de mí?". "Brother, a los años" le dije, mientras me liberaba. "No le hagan ni mierda, él es mi causa" dijo, después les contó la historia cuando lo salvé, ¿lo salvé?, eso no importa. Me pidieron disculpas y en son de paz me hicieron la taba hasta media cuadra antes de mi casa, ya cuando divisé mi causa le extendí la mano a cada uno y me despedí de ellos. "Despiértate oe vago de mierda, borracho", se escuchó de la nada, abrí los ojos extrañado, eran cerca de las dos de la tarde, había dormido con las zapatillas puestas. Me levanté y me lavé la cara. Siempre me preguntaré si fue cierto lo que me había pasado al bajar del carro o fue un sueño o una pesadilla o un simple juego de mi mente.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Las alucinantes historias del pelado

Nunca imaginé lo que iba a llegar que hacer para ser un promotor de eventos. Como yo soy una persona muy sociable, tengo un montón de contactos, hacer amigos para mí es como pasar Mario Bross a un chico obeso de los noventa. Un día un brother me dijo para ser promotor, a lo que le respondí: "Ya pe, las huevas, cómo es la movida". Me llevó donde un tío que vestía de puta madre. Cuando nos presentaron, mi brother se fue y me dejó solo con el tío. Estuvimos hablando, relajado, hasta que de pronto... 

–¿Así que quieres ser promotor de eventos, no? 
–Sí, Fabri me dijo y puta, me parece interesante la idea. 
–¿Tienes experiencia? 
–No, pero manyo a un huevo de gente, muevo masas cuando hay tonos. Creo que es el trabajo ideal para mí. 
–Creo que en verdad eres para ese trabajo -dijo tocándose el mentón con los dedos de la mano, acariciando, como si tuviera una enorme barba. Sus ojos no se desprendían de los míos. 
–¿Cuando empezamos entonces? -dije mientras sonreía estúpidamente. 
–Mira, quiero confiar en ti, te tengo una prueba: anda al Down Town y promuéveme un evento que tengo ahí, va a ser el sábado, ¿qué dices? 

Pensé que era una broma pero al observar su rostro que permanecía en completo estado de seriedad supe que lo decía en serio. Mis manos temblaban. Se me hizo un nudo en la garganta. Nunca imaginé semejante proposición. Permanecí en silencio, algunos segundos que parecieron una eternidad. 

–Listo, tú dirás como es -sentencié frunciendo el ceño. 

Ya pues, llegó el sábado y logré vender cerca de cincuenta entradas. Las primeras las vendí a mis conocidos y a alguna gente por internet, se los entregaba por delivery. El mismo día me paré cerca de la disco y vendí cerca de quince entradas completando las cincuenta. El tío se contentó y me felicitó, también me invitó a pasar gratis y me puso una botella de whiskey etiqueta azul. Me sorprendí porque aparte de homosexuales habían flacas, que, ¡Dios mío!, estaban más buenas. La pasé de puta madre ese día. 

Y así fui moviendo eventos todos los sábados. Un día fui al Barranco Bar, ya era conocido en ese lar. Los VIP me manyaban y todo de reconchasumadre. Estaba con mis patas y unas flaquitas, me fui a bailar con una de ellas al dancefloor y dejé mi polera en la caja de chelas. Cuando regresé mis patas, que era medio quedados, me dijeron que unos forajidos se habían llevado la caja con mi polera encima. Yo no quería problemas ese día, me fui donde ellos y les hable tranquilo, les pedí que me devolvieran mi polera, que las chelas se las queden. Me miraron, uno de ellos se cagó de risa y me dijo: "Oe sabes que chibolo baboso, arranca antes que te saquemos la mierda". Sonreí mostrando mis dientes amarillos por la droga en abundancia que consumía y mis brazos que estaban detrás de mi espalda se abrieron, tenía dos botellas de chela en cada mano, acto seguido se las reventé en la cabeza del joker ese. Su mitra empezó a sangrar, solo podía ver ríos de sangre. Sus patas se pararon y quisieron buscarnos bronca. Llego un par de VIP's y nos separaron, uno de ellos me preguntó qué había sucedido, a lo que le respondí que ellos fueron los que empezaron la bronca y yo solo me defendí. "Ya pelado", dijo y llamó a unos tombos, vinieron en one y se llevaron a esos hijos de puta. El dueño de la discoteca bajó. 

–¿Estas bien? 
–Sí, todo tranquilo. 
–Oye papi quiero que me disculpes, esas huevadas nunca pasan. 
–Sí, lo sé, olvídalo. 
–Mira, como símbolo de disculpas te doy un Absolut. 
–No, nada, no te preocupes. 
–Pelado, no acepto un no como respuesta. 
–Ya pues, gracias. 

Y así seguí toneando ese día. La mitad de la pista de baile era solo para mí y mis acompañantes, alucina... El electro más comercial sonaba a todo dar en la amplia sala de Mim. Se dejó a un lado la timba por música de DJ's como Hardwell, Avicii, Bingo players, entre otros. Cada cierto tiempo llegaba más gente a la pequeña reunión de Mim, reunión de despedida, porque ella se regresaba a California a continuar su vida, lejos del país que la vio nacer. Había invitado a sus amigos de colegio, primas y los enamorados de ellas. Pero de todos sus invitados, el pelado, con sus historias alucinantes, se ganaba el respeto de la gente.

viernes, 2 de agosto de 2013

Focus group

Luego de caminar sin rumbo como un huevón, llego a la av. Rosa Toro, saco el celular y le pongo otro chip, llamo a la chata. "¿La casa de tu amigo era cuadra 11 o cuadra 1?", le pregunto. Ella me responde que es en la 11. Estaba en dicha cuadra, cruzo la pista y la encuentro: una chica que a pesar que tenía 21 años medía cerca de metro y medio, usaba ropa de chibola pero su mirada y su actuar no era de alguien inocente. La saludo y entramos. Al dar el primer paso, veo una sala de tamaño promedio, acogedora, con muchos adornos y cajas de whiskies etiqueta negra en el estante. Giré la cabeza y vi a tres muchachos sentados en el mueble. Pensé encontrar mínimo a 8 puntas para iniciar de una vez el focus group, pero no fue así. Los saludé y me senté. Esperamos alrededor de hora y media a que lleguen los demás. Mientras esperaba, los tres muchachos se hacían bromas pesadas con la chata, parecían que todas eran mujeres hablando de sus perradas, de cómo habían terminado el tono pasado, de con quien se agarraron, si tiraron o no. Durante ese tiempo permanecí en mi asiento, palteado, observando de cuando en cuando mi celular y tratando de hacerme el huevón que no escucha nada. “Conchasumadre, todo lo que hago por ese curso de mierda (Investigación de mercados), si no fuera por esa huevada, sacaría la vuelta en one”, pensaba. 

Plan de las 7:30 pm. llegan 6 personas más, todos cabros. Era hora de iniciar dicho focus group. Saco la hoja de mi cuaderno donde estaba apuntado las preguntas para el focus y se la entrego a la chata. Los jóvenes se sentaron frente a frente, en el mueble de la izquierda cuatro personas; y en el de la derecha, cinco. Me situé en un lugar estratégico y empecé a grabar el focus con una cámara digital. Dichos jóvenes se olvidaron de su opción sexual y se pusieron serios, respondieron las preguntas con respuestas alturadas. A mitad del focus, me dijeron que debía invertir los papeles, o sea, ser el moderador. Cultos lectores, deben saber que en un focus group solo hay un moderador, pero bueno, lo hice. Al terminar el focus, respiré hondo y me fui a donde estaba la chata. "Habrás traído el trago, ¿no?, sabes que ellos han venido solo por el trago y los bocaditos", dijo. Era obvio, por más que eran sus amigos no iban a utilizar su tiempo en algo que no le interesara. "Claro", dije. Saqué de mi mochila una botella de vodka y se la entregué. Acto seguido me despedí de todos y me fui. Me gusta tomar, sí, pero no soy de chupar con cualquier persona. Ya cerca al paradero me doy cuenta que mi cuaderno se había quedado en esa casa. "Puta madre, que huevón, ahora que chucha hago, regreso o no... ¡No!, ni cagando, mejor le envío un mensaje de texto diciéndole que me lo lleve el lunes, en clases", pensé mientras esperaba a que llegase la 23B, solo, en medio de la nada, cagándome de frío.

sábado, 6 de julio de 2013

El lugar innombrable

      El taxi avanzaba a una velocidad prudente. Desde la ventanilla del auto podía observar la calle, la gente, los colores mezclados y todo lo demás que se presentaba alrededor; mientras escuchaba algunas canciones de Tego Calderón. “¿A dónde vamos?”, le dije a M. “Al Nissa”, me respondió con una sonrisa picaresca. Pensé que era una broma, pero no, era cierto. Era inevitable, no podía bajarme del auto e irme. Sólo porque eran mis primos les perdonaba tantas huevadas. Me dijeron que íbamos a ir a ese lugar para que A se desahueve y bellaquee con alguna perrita de por ahí. A era un primo al cual no veía hace seis años, desde que se fue a EEUU. Tenía catorce años y era un poco tímido. Totalmente distinto a su hermano. A pesar de eso, me caía muy bien. 
      Llegamos. Pagamos cinco soles en puerta, cada uno. A penas pisé un pie en ese lugar pude observar delincuentes y gente de mal vivir por todos lados. Tipejos con cortes extravagantes, con patillas extremadamente ridículas, cerquillos parados, cabellos mojados que hacía notar el sebo de sus cueros cabelludos. Nos enrumbamos hacía el lugar donde vendían tragos. Pedimos dos jarras, una de sangría y otra de cerveza –que por cierto era agua en gran porcentaje-. De pronto, observé cuatro chicas que avanzaban en fila, una tras de otra, me parecieron conocidas. “No pueden ser… No, en la vida, quizá la visión me está pasando una mala jugada”, pensé. Era muy probable ya que no contaba con mis lentes en ese momento. La música se sumergió en mis oídos. El cochino reggaetón retumbaba. Los muchachos simulaban actos sexuales pero con ropa. Las féminas que vi tenían la gracia del Grinch, carecían de belleza en su totalidad. “¿Donde mierda estoy?”, me repetía en mis pensamientos. M trajo a una chiquilla de aproximadamente quince años, sudorosa. M le preguntó si podía bailar con alguno de nosotros, que puede escoger al que más le atrajese. La chiquilla miró a F, lo jaló de los brazos y lo llevó a unos centímetros de distancia, se volteó y en acto repetido, empezó a sobar su trasero al compás de la música. Mientras tanto, observaba detenidamente la pista de baile. Encontré a dos chicas que valían la pena, buen cuerpo y simpáticas de cara. “Pero que… carajos”, dije al ver que tres de los tipos más delincuenciales de ese cuchitril bailaban con ellas. Estaba seguro que el ingenuo que las sacase a bailar, iba a ser asaltado y golpeado por esos tipos. “Pasa nada, cawsa”, pensé. A los minutos, F, astuto, le pide de la manera más amable a la chiquilla que baile con A. Éste tímidamente nos mira y luego empieza a bailar una canción de salsa con ella. Al ver que el trago era asqueroso y caro y, además, no tenía nada que hacer en ese lugar, les dije que nos fuéramos de esa mierda. 
      En el bus regreso a casa G me dijo: “Alucina a quien encontré en el baño”. Levanté una ceja extrañado. “Ni idea, a quien”, le respondí. Ella luego de unas carcajadas me dijo que había visto a las del cuartel. No lo pude creer, pero luego de rebobinar algunos hechos, aquellas personillas que vi en un comienzo que me resultaron familiares, eran, sin lugar a dudas, ellas. Nunca imaginé que esas conchasumadres frecuentaban esos lugares. Amigos, cultos lectores, ese grupito llamado “el cuartel”, es el grupo de nerds de mi universidad, aquellas que tienen los promedios más altos debido a sus constantes amanecidas y también por ser las chupa medias de los docentes. “Quien iba a pensar pues”, dije mientras guardaba el vuelto del pasaje en mi bolsillo.

jueves, 6 de junio de 2013

No hay sin suerte

       De niño siempre he tenido malas experiencias en cuanto a concursos, creo que el azar fue mi peor enemigo. Nunca gané los putos sorteos de canastas, en el colegio, por el día de la madre –aunque posteriormente comprendí que aquellos sorteos eran una vil estafa-, ni rifas, ni bingos, ni nada. Todo cambió hasta que un día muy lejano…
      Era un 23 de diciembre de milnovecientosnomeacuerdo, caminaba junto a mis padres en un centro de esparcimiento ubicado dentro del aeropuerto. La empresa donde trabajaba mi papá siempre nos daba esos agasajos por esas fechas. Grandes juegos inflables y también mecánicos rodeaban el lugar. Sólo se podía observar las inmensas sonrisas de los niños que regalaban al jugar y sentir el aroma inconfundible de las manzanas acarameladas y los algodones de dulce. 
      Mi papá me entregó un par de tickets para reclamar alguna golosina o una oportunidad de jugar en los pinballs. Un amigo suyo tenía que trabajar y, por ende, era imposible que su hijo vaya a ese evento así que no tuvo mejor idea que obsequiarlos a mi papá. Cada ticket tenía un código que entraba a un concurso de un auto de juguete a control remoto. 
      Luego de un par de horas, decidieron hacer el concurso. Un sujeto de contextura gruesa metió su brazo dentro de una caja y sacó un papelito de color amarillo. “El número es 7856”, dijo. Rápidamente saqué de mis bolsillos los tickets. Mis tickets no concordaban con aquel número. De pronto, me acordé de los tickets de aquel niño ausente, los saqué y uno de ellos tenía dicho número. “Yo lo tengo”, dije al desplazarme donde estaba dicho sujeto obeso. Todos se miraron extrañados. “Fíjate bien”, me dijeron por ahí. “Sí, yo lo tengo”, añadí. Le entregué el ticket y el marrano soltó algunas palabras cojudas y me entregó el premio. Era la primera vez que corría con suerte en algún concurso, aunque la suerte quizá no fue mía. Permítanme confesarles que hasta ahora conservo aquel auto de color azul pastel como un trofeo. Mi vida cambió desde aquel día. Hace algunos años gané una entrada a un festival chikipunk gracias a un sorteo organizado por el HI5 de La pezuña de mi Abuelo. El 2012 fue dorado, en cuestión de concursos. Gracias a mi floro y facilidad de palabra gané una entrada a otro concierto chikipunk gracias a Diazepunk. También me gané una entrada para el tono de Laidback Luke (conocido dj holandés) en el club Hebraica gracias a Barena. 

viernes, 10 de mayo de 2013

No es suficiente lamentar

Aquel poste de luz nos alumbraba con timidez. Nos encontrábamos parados frente al Plaza Hogar en Surquillo. Saco mi celular y llamo por enésima vez a Yesenia y al loco. Ninguno de los dos me contestaba. Después de la insistencia se les ocurre apagar sus respectivos celulares. No supimos que hacer. Al ver que se aproximaba un grupo de wachiturros, decidimos abandonar la espera y cruzar la pista con ligero disimulo. 

–No entiendo como hay personas que pagan entrada y no van al evento –dije ofuscado. 
–Ese conchasumadre del loco, siempre la misma huevada –dijo Blind- es un enfermo. 

Apolaya movió la cabeza mirando el piso. Ya estábamos allí, no había vuelta que darle. Nadie de nosotros quería vender las entradas del loco y Yesenia. Nadie. Sin duda, llegamos muy apagados a la mierda esa. En la puerta del centro comercial estaban unas chicas tan espectaculares, que atraían las miradas masculinas como las sirenas, en Sicilia según la mitología griega, hacían con los tripulantes de los barcos. Una de ellas se nos acercó y nos ofreció entradas. Le contesté que ya teníamos y que vendíamos dos. Sonrió y se esfumó. De pronto, un grupo de muchachos salen a raudos pasos vociferando. Algo de lo que pudimos escuchar fue que el tono era una mierda y que se dirigían a Barranco a uno mejor. Las malas vibras llegaban. 

–¿Hasta qué hora nos quedamos? –dije. 
–Hasta la 1:30 o 2 –respondió Apolaya. 

Ceñí las cejas. Tenía la idea de quedarme hasta que salga el sol. Siempre hacia eso. Lo hacía por muchas razones: para no pagar taxi, para no correr peligro de que en el camino del paradero a mí casa me roben –si es que me iba en bus- y para, simplemente, justificar el dinero gastado. 

–Ya normal –añadí– allí vemos. 

Subimos las escaleras. Vimos muchos chibolos chupando, tenían la cara tan roja como los camarones. Muchos de ellos eran menores de edad. Desde que cumplí dieciocho años siempre evité aquellos eventos donde dejaban entrar a menores. Antes de entrar al local vendimos las dos entradas a dos tipos a treintaicinco soles. “Con esa plata pagamos el taxi”, dijo Blind y así fue. 

El local estaba repleto. Luego de caminar con extrema lentitud, como si estuviéramos en una procesión, nos acercamos a la barra. El evento era barra libre así que debíamos aprovechar y embriagarnos hasta morir. Le pedimos al barman que nos sirviera trago. El despreciable sujeto no nos hacía caso, so pretexto de la bulla de la música. No nos movimos de allí y luego de unos minutos el tipo saco una botella de tres litros y vertió el contenido. El líquido era blanquecino. Era vodka o ron. Supuse que era lo segundo, ya que la organización del evento era una reverenda mierda. Lo vació hasta casi rellenar el vaso, le echó un poco de refresco, no le puso hielo, y nos entregó los vasos. 

–Ese tipo es un asesino –dije– ¿han visto cuanto alcohol nos ha servido? 
–Sí, conchasuvida –dijo Blind– seguro para que no le pidamos más. 

El trago era una asquerosidad. Me sentía avergonzado por traerlos a un sitio tan repugnante como ese. Me acuerdo que en mi cumpleaños número veinte, en mi casa, quedamos en ir al Hebraica por el rave de Marco Carola. Sabía que a mis amigos no les gustaba la electrónica, bueno, a excepción de Blind, a los demás no. Debido a eso, pensé en cambiar de planes, días posteriores, e ir al evento innombrable que prometía barra libre, música variada y más a un precio ridículo. Lo barato sale caro, dicen. Tienen razón, con eso aprendí. 

La música era repugnante: harta pachanga. No hubo ni media hora de electrónica pura. Las chicas se botaban peor que agua sucia, bailaban con su grupo de amigos de colegio, universidad, barrio, lo que mierda fuere. Habían muchas chicas simpáticas, eso ni negarlo. Pero no estaba lo suficientemente borracho o empilado -no sé cómo lo llames, lector- para sacar a bailar a alguna fémina. Es cierto no soy ningún bailarín, ya que bailo pésimo, no tengo ritmo y no me gusta bailar. Pero cuando hay un buen ambiente, chicas ricas, amigos, buena música y un poco de alcohol, me convierto en otra persona y muchas veces me vuelvo el alma de la fiesta. ¿Qué? Bueno, tampoco les mentiré. Pero eso sí, bailo y mis pasos mejoran al pasar de los minutos y del trago. Blind en un tímido intento sacó a bailar a una chica casi diez centímetros más alta que él. Ella lo miró con desprecio y miró a sus amigas como diciendo: “Y este huevón, que chucha tiene, aj, o sea”. Una de sus amigas volteó y dijo algo así como que nos alejemos de ellas, una cosa así. “Lo que faltaba”, dije y me fui al baño. Dicho lugar estaba infestado de mierda, de mierda pura, ya era lo último. Regresé con mis amigos. Me seguía doliendo el estómago, obvio no hice nada en el baño ya que no suelo cagar en discotecas, además de que no había agua ni papel ni esperanzas. Blind estaba por el cuarto vaso. Pensé que él era el único que se divertía, por eso decidí quedarnos un rato más a pesar de que Apolaya quería desaparecer al igual que yo. Blind se iba y venía. Buscaba cigarrillos. Le preguntó a una chica que fumaba, entre la multitud, si le podía vender. Ella lo miró y le regaló uno. Compartimos el cigarrillo como si fuera un troncho. “Qué fea mierda, ni más”, dije entre mí. Blind se volvió a ir. Cuando nos dimos cuenta estaba buscando trago. Ahora estaba con unos malandros pitucos. Apolaya y yo le dimos el alcance. 

–Ellos tienen whisky –dijo Blind 

El líder del grupo nos miró y se nos acercó. Hablamos un rato sobre cosas que carecen de sentido y de pronto, nos dijo que debíamos sacar otro whisky para poder unirnos a su grupo. “Está cojudo ese conchasumadre”, pensé. Encima querían que los ayudemos a mecharse contra otros idiotas. Nos fuimos de inmediato de allí. Blind se fue al baño. Demoraba una eternidad. Decidimos darle el alcance. Vimos que unos mocosos lo estaban vacilando. A pesar de que eran chibolos, median alrededor de 1.80. “¿Algún problema?”, dije. Se hicieron los locos. Blind entra al baño y luego de un rato, sale junto al intento de barman que lo invitaba a retirarse del recinto. Aquel hombre cabeza de rodilla era, además, seguridad del local. Estaba decidido a golpearlo. Al ver esto nos llevamos a Blind. En el camino se ponía duro y no quería salir. Hubo una discusión entre Apolaya y Blind. Antes de que pasara algo grave, solté un par de carajos y les dije que nos fuéramos ya. El pelón seguía diciendo que lo lleváramos a su casa o que nos íbamos a ganar un gran problema. El bajar las escaleras fue lo más complicado. Teníamos miedo de que Blind pisara mal y se caiga. 

Por fin salimos de esa mierda. Paramos un taxi. Blind seguía ebrio y avergonzado, Apolaya enojado y yo no sabía qué hacer. Prendí música de mi celular y con algo de electro le di color a aquella madrugada nefasta. Apolaya siguió el camino a su casa, yo me bajé antes y dejé a Blind en la suya. Como no quería irme a mi casa, me quedé en la de Blind a dormir en el mueble, hasta que saliera el sol. Si hubiera sido un mal amigo lo hubiera dejado a la deriva, pero no, era lo mínimo que podía hacer. 

viernes, 1 de marzo de 2013

Enmendando errores


      Steve, cargando muchas bolsas, salía de una lujosa tienda del Jockey junto a su enamorada. Ella era una bella muchacha, tres años menor que él, que se dedicaba al frívolo mundo del modelaje. Amigos, cultos lectores, ya se imaginaran el cuerpo perfecto de aquella muchacha. Con respecto a Steve, que les puedo decir, era un reconocido arquitecto, contaba con una maestría en Dubái y por ende, ganaba demasiado dinero, más de lo que él se imaginó en sus tiempos de estudiante. Por cosas del sino su auto estaba en mantenimiento y tenía que tomar un micro o una sucia combi. “A recordar viejas épocas”, decía sin enojarse. Al bajar de las escaleras se topa con un anciano sucio que estiraba la mano y apenas se podía escuchar sus peticiones. Lo mira con detenimiento y cae en la cuenta que lo conocía.
      En un abrir y cerrar de ojos se encuentra en el pasado. Había sido transportado por su mente trece años atrás. De pronto, observa un muchacho de diecisiete años que caminaba cansado. Vestía un jean gastado y una polera negra que por efectos del tiempo se había puesto ploma. De pronto, este corre y sin dudar mete la mano al vaso de un diligente ciego y se lleva las monedas que contenía. Debido a su naturaleza no se daba cuenta de lo que pasaba. Steve recuerda que él no vivía por allí. Solía hacerle las maquetas a un sujeto, el cual no era su amigo, por dinero. Ambos estudiaban la misma carrera pero en diferentes universidades. Steve estudiaba en la UNI y Clark en la UPC. Este muchachillo vivía en la Molina, por eso que Steve bajaba en el Trébol para irse a su casa en el cono norte. También recordó que muchas veces había pasado días tristes, los cuales ni siquiera podía darse un gustito y comerse una hamburguesa de luca. Claro, la de aquellos tiempos.
      Steve baja las escaleras y para un taxi. Su enamorada se va a un casting. Steve regresa al mismo lugar habla con el anciano, le da la mano, lo levanta y lo invita a comer un combo en el KFC. Nadie podrá imaginarse el gusto con el que el anciano comía y saboreaba aquel banquete. No puedo negarlo, amigos, no había nada más feliz para el gran amigo Steve que poder cambiar su pasado, poder enmendar errores en el presente. Al soltar una carcajada se topa con otra persona conocida. “¿Tú no eres Clark?”, le dijo a un señor barrigón que estaba en el área de pedidos… era increíble como habían cambiado las cosas. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Creamfields Perú 2012

Abro la puerta de mi casa y veo al loco, salgo, lo saludo y nos dirigimos al paradero. A medio camino saco la cámara de mi pantalón (en una parte recontra caleta) y lo guardo en el bolsillo de mi polera negra. Mientras caminábamos loco me decía un y mil pretextos. Me paré y le dije que si no quería ir no importaba, pero qué chucha iba a hacer con su entrada. Luego de parlotear un rato y al llegar a la casa de Blind, llegamos a la conclusión de que vendiera su entrada. Al ver que no iba a ir con él, le dije a Blind que guarde la cámara en su casa porque no había motivo para llevarla ya que íbamos a ser dos puntas nada más y, además, la web de Loop había recomendado evitar llevar objetos que condicionen el ingreso. Me la bajó. Con Blind nos fuimos hacía la Richi, hacía mi querida alma matter, a esperar el bus del evento. Pensé que no dejarían subir a gente en estado etílico al bus, por eso que no hice previas, pero me llevé la sorpresa que frente al bus la gente se embriagaba sin problemas y control. “Putamadre”, pensé. Subimos. El bus era bien apagado, como decían las malas lenguas, sin música, peor que cementerio. Detrás de nosotros se sentaron un par de gringos, no sé de dónde chucha eran, que hablaban huevadas en inglés. Uno de ellos era bien amanerado y repetía: “Oh, my fucking god”. Más allá, estaban unos wachiturros que pensaban que algún dj iba a tocar un mix del baile del caballo. Sin duda, eran la pose en persona.

El puto bus nos dejó a medio kilómetro del local. Caminamos a oscuras. En el camino un pastrulín me preguntó si tenía grifa. ¿Cara de dealer, qué mierda tenía? Le dije que no y seguí. Llegamos al lugar, antes de entrar, esperamos para vender a alguien la entrada del loco. Le dije a Blind que me ayudara a vender a lo que me dijo que no. Le dije: “si vamos a estar parados como pichulas, mejor entramos de una vez”. No respondió. De pronto, se acercaron a la boletería un grupo de tres chicas bien ricas con un brother. A los segundos se acerca un piraña ofreciéndoles entradas. Ellas no le pararon balón y le obligaron a retirarse. Sin pensarlo me acerqué a ellas, estaba cansado de esperar, y les dije: “Hola, tengo una entrada general, ¿quieren?”. Una de ellas me dijo que sí y me preguntó a cuánto lo estaba vendiendo. Le dije a 120, a pesar de que al loco le costó 139. En la vida iba a venderla al mismo precio o más. No había sentido, frente de nosotros había una boletería donde ellas podían comprar sin correr el riesgo a ser estafadas. La chica vio la entrada y quedamos en que iba a ir hacia la cola con la entrada. Si entraba me pagaba. Chasquié la boca y como no tenía otra opción ya que la gente que venía, todas, tenían su entrada y ya estaba harto de esperar, acepté. Hice cola con el brother que estaba con ellas. El tenía la plata. Lo que me pareció raro que esas chicas eran de la “alta sociedad”, bellas como las estrellas de una noche memorable, mientras que el pata era de rasgos étnicos que al hablar lo asentaba más. Eran totalmente diferentes. “¿Cómo chucha ese huevón sale con esas conchasumadres”, pensé. Había un millón de opciones: o eran amigos de universidad porque no era enamorado de ninguna de ellas o tenía harta plata o por último, era cabro.

–¿Por qué compraste dos entradas? –me dijo extrañado.
–Nada, esa entrada es de un brother que a última hora se desanimó y me dijo que la vendiera –le respondí– medio huevón es ese conchasumadre.
–¿Es tu primer Creamfields? –añadió.
–He ido a eventos de Loop como Superclub y Loop Arena pero es la primera vez que voy al Creamfields.
–Aya –respondió.

Entramos. Me pagó. Una vez con la plata en mi bolsillo nos fuimos hacía el Main Stage donde estaba tocando el che Hernan Cattaneo. En el trayecto compramos un par de latas de Miller y posteriormente una cajetilla de Lucky Strike convertible a un cojudo de seguridad. El pendejo me quería vender a veinte soles la cochina cajetilla. Al final quedamos en diez soles, ya que todas las cosas en los raves se triplican y cuadriplican el precio: las latas de Miller estaban doce soles, la botella de agua personal estaban ocho soles. Debo confesar que no soy un fan del tech house pero un rave sin techno, minimal, deep y tech-house no es rave. Tocó muy sobrio, no deslumbró ni aburrió. Su set fue medio progressive house y medio tech-house.

A eso de las 2;15 am., como decía el set time, subieron al escenario, dos rubias, altas y con una gran sonrisa. Eran las gemelas Nervo. Con su electro house y estilo medio pop sorprendieron a los asistentes. La primera hora estuvieron estupendas. Comenzaron su performance con The way we see the world, luego tocaron we are all no one, you’re gonna love again, Reason, Something to believe in, Irresistible, Here we go (Hard Rock Sofa & Swanky Tunes), Reload (Sebastian Ingrosso & Tommy Trash) y remixes de Nicky Romero como Toulouse, entre otras. La segunda hora estuvo medio aburrida, con el mismo estilo. A mi humilde opinión, darles dos horas en el Main Stage de un Creamfields es demasiado, una hora hubiera sido genial. La gente estaba esperando con ansias el performance de Armin, el dios del Trance, el 5 veces número uno según el TOP MAG. Mientras tanto, nos dirigimos al medio del Main frente a la caseta de Barena, a sentarnos en el puto grass. Cerraron su presentación con unas palabras “It’s been amazing to play in Peru… love ‘u guys”. Déjenme confesarles que me encantó su inglés australiano, demasiado elegante.



El reloj marcaba las 4:15 am, era el turno de Armin. La gente se emocionaba más cada segundo que pasaba. El Main Stage se llenó en un santiamén. Todos querían escucharlo y estar en el paraíso. Su set comenzó con “We are here to make some noise”, sí, el video donde sale haciendo algunos malabares con el balón. Su set fue grandioso. Tocó, de las que me puedo acordar: Emma Hewitt feat Dash Berlin - Waiting, Faruk Sabanci - Elveda, Zedd feat. Matthew Koma - Spectrum (AvB Remix), Beat Service - Fortuna, AvB feat. Jennifer Rene - Fine Without You, Laura Jansen - Use somebody (AvB rework), AvB VS Sophie Ellis - Not giving up on love, AvB feat Ana Criado - I'll listen, Omnia & IRA - The fusion, Gareth Emery feat. Christina Novelli - Concrete Angel, Zedd - Spectrum (AvB Remix), AvB feat. Sharon den Adel - In and out of love. Spectrum fue lo mejor de la noche. En los visuales uno podía ver la letra y cantarla a todo pulmón, los lasers increíbles y los juegos artificiales hacían que la noche sea holandesa, sea trance, sea de Armin. Hubiera sido inolvidable si se tocaba una de Above and Beyond como Sun and Moon o Thing called love, pero bueno, no todo se tiene en esta vida, ¿no? Al terminar su presentación, bajó y como pocas celebridades, humilde, se acercó a los fans que estaban cerca a las barandas y firmó algunos discos, polos y algunos senos. Armin, vuelve pronto, el Perú necesita a gritos un “State of Trance”.




PD1. A muchas personas dentro del local le robaron sus pertenencias como celulares, cámaras, bolsos, entre otras cosas. LOOP, deja de vender tan caro las cosas en tus eventos y preocúpate en invertir en una buena seguridad. 
PD2. El bus del evento (Creambus) debe dejar y recoger a las personas en la puerta del local, no a medio kilómetro. Gracias a eso dieron cabida a accidentes y robos. 
PD3. Inviertan en un line-up más equilibrado, más variado. Mucha gente tuvo que vender sus entradas al ver que el line-up no satsifacía sus expectativas. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Tercer aniversario del blog

      Hola a todos, mis queridos y cultos lectores. Han pasado ya tres años desde aquella vez que obligado por el destino decidí crear un blog. Debo confesar que fue una de las mejores decisiones que hice en mi vida.
      La verdad es que no se qué escribir por esta fecha célebre. En el primer aniversario escribí sobre el origen del blog, como nació y la vez en que pensé en dejar de escribir; en el segundo aniversario no escribí nada, sino colgué un video medio cojudo, so pretexto de tratar de conquistar la mente del consumidor (carajo, me olvidé, pensaba que estaba en mis clases de Marketing), con el verdadero objetivo de presentarme ante ustedes y que puedan saber quién chucha es aquella personilla que mediante sus garabatos virtuales cuenta su no tan afortunada vida.
      Pero bueno, ya que he escrito sobre el pasado y presente, creo que toca escribir sobre el futuro. Dentro de muy poco tiempo eliminaré el blog y escribiré un libro, no sé sobre qué, tengo algunos proyectos en mente sobre una novela pero no sé si se concrete, otra opción (y la más segura) es que seleccione los mejores post del blog y lo reúna en un libro de cuentos tipo “La palabra del mudo”. Escribir un libro y publicarlo es una de las tantas cosas que tengo que hacer antes de morir, indudablemente. Otra cosa que tengo que hacer es ir a un rave importante tipo Creamfields UK, Ultra Music Fest Miami o Tomorrowland. Por mientras me tengo que conformar con los tonos de Loop  y el Creamfields Perú qué, siendo sincero, tienen mucho que envidiar a los europeos.
Ya me cansé de escribir sobre el futuro. Deben darse cuenta que más me gusta escribir sobre el pasado ya que me llega al pincho lo incierto. Amigos, queridos y cultos lectores, gracias por ser parte de esta aventura literaria. Sin ustedes mi blog no es ni mierda, sin ustedes las palabras que escribo serían parte del vacío existencial. 

PD. Les dejo este video para que reflexionen, aunque la vida sea una perra de mierda siempre habrá pequeños momentos tan maravillosos donde puedes escapar de la realidad

lunes, 1 de octubre de 2012

Lima Vive Rock 2012

Mis queridos y cultos lectores, utilizo este medio para escaparme de la realidad, de los problemas mundanos, los exámenes de la universidad, la gente hipócrita y, cómo dice Leuzemia, “A la mierda lo demás”.

Me encontraba sentado en la parte posterior de un bus junto a Maloko y Mishel, intercambiábamos anécdotas, mientras nos pasábamos vasos de alcohol. ¿Qué, chupando en un bus?, sí, y nos llegaba al pincho, en verdad. El pisco estaba potente. Era hora de cerrar la botella y volverla abrir pero cuando estemos en tierra. Nos dirigimos a Plaza Francia y sin importar las reglas, la constitución y toda esa mierda enferma volvimos a chupar, esta vez, con la consigna de acabar el destructivo trago mezclado con gaseosa blanca, contenido en una botella verde y asquerosa. “Recordar es volver a vivir”… no se pueden imaginar cuanto me encantó. Creo que ya era hora de hacer lo que hacía en mis épocas de chikipunk. Sin querer, me había convertido en algo que aborrecía: me estaba convirtiendo en una persona común, una simple oveja del rebaño, consumista, pendiente de la moda y adicto a basuras que contaminan el cerebro (no me refiero a las drogas).

Ancianos, wachiturros, señores desempleados, niños, todo tipo de ser humano pasaba por nuestro lado y nos miraban extrañados. ¿Chupar frente a una iglesia? Ahora que me doy cuenta, fue sin querer, sólo fuimos en busca de un lugar propicio para alcoholizarnos. El celular de Mishel le daba color al conjunto de momentos pasados allí. De fondo se escuchaba canciones del ayer como Rezaka, Tragokorto y esas bandas a las cuales íbamos a apoyar incondicionalmente casi cada sábado mágico. Debido a las necesidades fisiológicas nos enrumbamos hacia el Real Plaza. En el camino encontramos a Alejandra, la hermana de Maloko, y su enamorado. Los saludamos importándonos un carajo si estábamos ebrios. Seguimos tomando. La gente nos miraba asombradas. Una vez que logramos hacer que no quede ninguna gota en aquella botella, corrimos hacía el Parque de la Exposición. “Ya está tocando 6 voltios”, dije. En el trayecto me tropecé y me levanté. No hay nada más rico que correr ebrio una noche semi-gélida frente a postes humanos.

La organización del concierto estuvo aceptable. El ingreso era un poco jodido porque tenías que hacer una gran cola, bueno, eso evitaba el desorden. En la puerta te quitaban botellas desde gaseosas hasta frascos de perfume, también comidas. Entramos. El pasto permanecía verde, perfecto como un paraíso. Recuerdo que en ese lugar dancé dos veces en los concursos del colegio, fui al Rock en el Parque IX, tenía su fucking historia esa huevada. Volvimos a correr hacía el escenario. Un mar de gente nos impedía acercarnos más al pogo. Escuchamos pocas canciones de 6 voltios. Luego tocó Masacre. Debo confesarles que no soy hincha de esa banda y a pesar de mis 6 años de asistir a conciertos subterráneos era la primera vez, según me acuerdo, que los escuchaba. Nos metimos al pogo y a punta de puñetes, feroces patadas, cabezazos y saltos increíbles tornó sentido esa noche. Cuando tocó Rafo Raez y los Paranaoias, salimos en busca de comida. Anticuchos y emolientes apaliaron nuestra hambre. Entramos con más gente, se habían apuntado Alejandra y su enamorado, cabe resaltar que a ellos no les gusta el rock ya que son amantes de la timba y ritmos latinos.

Un gran Daniel F daba vida a canciones indescriptibles como “El asesino de la ilusión”, “la senda del pastel”, “al colegio no voy más”, “Demolición”, entre otras. Me acuerdo que a pesar de que estábamos considerablemente distanciados del pogo entre Mishel, Maloko y yo hicimos un mini pogo. En pleno concierto una pareja de homosexuales empezaron a besarse. Conchasumadre, la gente los miraba sorprendidos, asqueados y confusos. Posteriormente, la pantalla del escenario se desconectó de la realidad y empezó a rotar un video misterioso. Dicho medio audio visual era una parodia a un conocido programa: “Yo ya fui”, explicarlo está de más. Fue muy cómico. De repente, subió La Mente con su ritmo medio hippie, regue y ska. Algunos pastrulos empezaron a saltar y a mover la melena… Las horas pasaban, ya era hora de irnos. Ya habíamos gozado lo suficiente.

PD. Concierto organizado por la Municipalidad de Lima el 22 de Septiembre del 2012.