sábado, 6 de febrero de 2016

American Trip

8


Al abrirse la puerta del ascensor me perdí en los ojos color café de Audrey, la chilena más rica de work and Travel. Nos saludamos. A pesar que estaba con mi carrito de desperdicios: platos, vasos, tasas, cucharas, tenedores y demás huevadas sucias, la acompañé.

-¿Irás al party de Jowel?
-¿Es uno de los puertorriqueños no?, ¿Dónde vive?
-En el 317.
-Ah, manya, fácil baje.
-Tienes que ir, va a ser el carrete. Toda la gente estará curada wn.
-¡Asu!, ya pues, ahí estaré –dije mientras ingresaba a la cocina- nos vemos.

Audrey al igual que la mayoría de gente, era housekeeper pero inside, o sea trabajaba dentro del hotel, limpiando cuartos. Siguió su camino a seguir chambeando.

Rápidamente me recordé la fiesta de Lalo, en una de las rondas de Beer Pong me hice el habla con Audrey, ella al comienzo no quería jugar, pero luego de tanta insistencia jugó, no me acuerdo si jugó conmigo o contra mi equipo, pero qué chucha, eso es lo de menos. Lo interesante fue que en medio de la borrachera hubo una química tremenda entre nosotros, que si hubiera sido persistente, otra hubiera sido la cosa, pero bueno cultos lectores, no es suficiente lamentar.

Llegó la noche y el que menos fue al dichoso party, yo me quedé en casa viendo alguna película en cult moviez, luego de bañarme y haber comido algo ligero. Todo era tranquilidad en mi casa después que el gordo y Lalo se mudaron de casa, ahora solo vivía con el buen Francisco. De los tres peruanos era el que menos me caía, pero al poco tiempo me empecé a llevar de puta madre con él.

Debo reconocer que no soy mucho de ir a fiestas, pero si hay trago y peor si es gratis, todo es bienvenido. Eso sí, una vez que se me pica el diente no paro hasta quedarme mamado. Por eso no fui a ese tono, porque al día siguiente tenía que trabajar temprano y además quería evitar problemas con Lalo y un par de puertorriqueños.

Al día siguiente la encontré a Audrey de nuevo. Me miró y sin saludarme paso de frente. En esos ojos rojos llenos de venas por la tremenda borrachera que se metió y la madrugada, sentí odio y rencor. Ella quiso verme ahí, quiso conversar conmigo, bailar conmigo y muchos verbos más que se conjugan con “conmigo”, pero no, no fui, por huevón. Tenía veintiún años pero seguía siendo un idiota en esos temas, creo que lo sigo siendo, en fin.

Luego de unas semanas, escuché que alguien tocaba la puerta de mi casa con suma urgencia, como vendedor que quiere que le pagues lo que de debes. Lo miré a Francisco.

-¿Quién chucha es ah?
-No sé huevón, fácil es un homeless.

Nos reímos. Sabíamos que esa idea era casi imposible. ¿Quién mierda va a vagabundear en medio de la nada? Eso solo se ve en películas. Francisco sacó la cabeza por la ventana.

-Te buscan
-Hablas huevadas, ¿Quiénes? La puta madre.

Bajé. Abrí la puta puerta y los vi a ellos: eran Carlos y Cristian, los puertorriqueños y compañeros de trabajo más hijos de puta que puedan existir. Me empezaron a reventar las bolas, me preguntaban una y otra vez por qué no quería ir, fue tanta la insistencia que cogí mi casaca impermeable y los acompañé al party que había esa noche.

Al entrar olí a destrucción, los límites no existían en ese lugar. La música de regueaton estaba a todo volumen, mientras algunos se animaban a bailar y a rozar sus cuerpos al ritmo de la música. Uno de ellos me dio una lata de Bud Light, como diría el agente Cooper de Twin Peaks: “el rey de la cerveza”. Mientras saboreaba la chela observé en medio de la oscuridad a Audrey. La vi acompañada, no sé si podría decir: “muy bien acompañada”, pero bueno, estaba con un puertorriqueño, nunca lo había visto, no era dishwasher ni cagando porque los conocía a todos, creo que tampoco era housekeeper porque nunca lo vi en el hotel, de seguro era Laundry. El conchasumadre ese no era nada pintón, no sé qué floro le metió pero ya se había robado su atención. Hice como si no hubiese visto nada y me dirigí a la cocina, me encontré con Claudia, otra chilena, “hola, hola”, me dijo como siempre saludaba. Conversamos un rato mientras sacaba otra lata del refrigerador. Descubrí que ella ya estaba con un gringo y también que no era la única, Romi, la argentina que parecía Barbie, también estaba con un puertorriqueño, al igual que su incondicional. “La puta madre”, pensé, “uno deja de ir a tonos por un corto tiempo y todo cambia”. Los puertorriqueños ya habían atacado y escogido lo mejor de Sucsex Drive, ahora con más ganas, ya no daba ganas de asistir a esos tonos, desde ese momento nada tenía sentido.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Un día de mierda

“Carajo, ¿a qué hora paso?”, dije mirando los autos pasar. Luego de esperar la puta luz verde, cruzo la pista. Saco mi fotocheck del bolsillo y se lo muestro al de seguridad. Paso. En una mesa estaban sentados un wachiman y una chica. 

-Qué tal, vengo para una capacitación que va a ver en el piso 9.
-¿Capacitación?
-Sí, o sea va a ver un curso sobre seguridad y salud en el trabajo. Vengo de parte de Clementine Kruczynski, ella ha coordinado con Nancy Cubas para que reprograme la laptop. 

-Debieron haber mandado un correito.
-Necesito hablar con ella, ¿pueden comunicarse con ella?

Me miraron, se miraron, la chica llamó a Nancy, me la pasaron. Me presenté y le dije para que había venido, me dijo que registre la laptop y que suba al mezanine.

-He traído una laptop y su cable.
-¿Es patrimonial? –me preguntó el wachiman.
-No es mía, es de la división de Seguridad y Salud en el Trabajo –dije luego de pensar a qué mierda se refería.

Lo registraron. Vieron en su computadora que en efecto no era mía, me pidieron mis nombres y apellidos y mi registro, se los di, subí. Al terminar de subir las escaleras vi a ese hijo de las mil putas que se encarga de entregar cables y demás huevadas para el auditorio. Me dirigí a la izquierda y me detuve en la puerta que decía Help Desk en letra arial 36.

-Hola, ¿usted es Nancy Cubas? –dije al mirar a una flaca de unos 32 años, la única que había en ese pequeño cuchitril. 
-Sí, yo soy… ha vienes por la laptop.
-Sí.

Le pidió a un compañero suyo que suba y me ayude con mis huevadas, me dijo que ella no podía ya que tenía otras cosas qué hacer. Me llegó al pincho, lo único que quería era terminar con eso, me importaba una pichula si ella lo hacía o el otro cojudo. Aborrecí a Renato porque si él hubiera venido me hubiera regresado a mi chamba, tranquilo, como las veces pasadas, sin necesidad de irme rápido a otra sede para entregar un sobre y recoger algunas huevadas. Esa no era mi chamba, era del conchasumadre ese. Yo no había estudiado cinco años en una universidad relativamente cara y prestigiosa para hacer esas huevadas, lo mío era la gestión, manejar bases de datos, indicadores, hacer seguimiento de los cursos, apoyar en el programa de modalidades formativas, huevadas más importantes que esas mierdas que me mandaron esa puta tarde. Lo único bueno de esa tarde fue que le hice el habla a la practicante más rica y quedamos en almorzar junto a los demás pulpines y saliendo de la chamba tomar unas birras en plena vía pública. En verdad es difícil estar enojado cuando hay tanta belleza en este mundo. 

Dejé encargado la maleta con el guachimán del piso 9 y bajé. No sé, pero algo me dijo que avisara que otra persona iba a llevarse la laptop… puta madre, para qué lo hice. 

-A ver voy a consultar con mi jefe, espera pe.
-Okay..

Viene un tío con cara de estúpido. Le explican lo ocurrido..

-¿Eres de Chunking Express?
-Así es.
-¿De dónde?
-De Formación y Desarrollo, Recursos Humanos. 
-¿Y allá no te han registrado la laptop?
-No, la verdad que no.

Me dijeron que debieron hacer eso y me mostraron una computadora que decía que estaba en rojo, o sea que salió de la sede sin ser registrada. Le dije que ellos me miraron y no me dijeron ni mierda y que estaba apurado. Le mandaron un correo al dueño de la laptop y se comunicaron con seguridad de la sede donde trabajo. Luego de escucharlos hablar y de escuchar cómo me describía el tipo ese: “un jovencito, medio altito, con lentes, sí, Ignacio se llama, es de su sede, su registro es XXX6”. “¿Ya?”, dije, asentaron con la cabeza y me fui para la otra sede.

Luego de tener problemas por llevar 4 cajas inmensas de hojas y no encontrar taxi, llegué. Saqué los paquetes del taxi y le pagué al anciano. Se acercó un wachiman preguntándome si yo era Ignacio. 

-Sí, yo soy. Ya sé que quieren hablar conmigo, pero yo no hablo con las ratas, si no con el dueño del circo, más bien, ¿puedes ayudarme con estos bultos?
-No estoy autorizado para entrar con cosas.

La putamadre, ¿autorizado?, que chucha se cree, policía qué mierda. Maldito insecto. Vi a Karen que estaba entrando, ella también me vio, la saludé, me devolvió el saludo.

-Qué fue
-Nada, llamé a Clementine para que le diga a Ronaldo que baje y me ayude a pasar estas cosas pero nada. ¿Puedes ayudarme aunque sea con uno?
-Ya pe.

Entramos, yo llevaba tres cajas y un sobre y ella una caja y un sobre. Vi al pelado hijo de las mil putas y le dije a Karen que subiera no más, que yo me iba a quedar.

-Dicen que quieren hablar conmigo.
-Sí, un ratito.

Atendieron a una tía y…

-Acompáñame por favor.

Seguí al tío cabeza de pinga, me llevó a un sitio parecido a esas huevadas donde te rebuscan drogas en el aeropuerto, donde te hacen calatear. Se sentó y saco un papel.

-¿Eres de modalidades formativas, no?
-Sí, soy practicante 

¿Creían que me iba a chupar por ser practicante? O sea soy bachiller, no soy cualquier huevón, tengo estudios, no soy el jefe de unos guachimanes. 

-Dime la verdad, ¿Cuántas veces has sacado la laptop?
-Dos veces, la vez pasada no hubo ningún problema, ahora que bueno, me olvidé de registrarlo ya que estaba apurado, sé que me he equivocado, pero tampoco no me dijeron para que la saque para que sea registrada, me vieron y no dijeron nada, si me hubieran dicho algo, yo la hubiera sacado para que la registren, sin problemas.
-Sabes que no puedes llevarte la laptop sin que sea registrada, mira, de repente sales y te roban y nosotros somos los responsables.
-Sí lo sé, sé que me equivoqué, quiero que me disculpen, esto no va a volver a suceder. 
-Yo puedo reportar esto a tu jefe, estas pasándote por encima de nosotros. Mira es culpa tuya por no registrar y de nosotros por no exigirte que lo hagas, yo también voy a llamarle la atención a ellos.
-Sé que es un procedimiento que deben seguir, pero como le dije, estaba apurado y me olvidé, sinceramente pido disculpas y prometo que esto no va a pasar.
-Ya por esta vez no le reportare a tu jefe, pero ya sabes, siempre debes registrar las cosas que sacas.

Me fui. Subí y encontré a los hijos de mil putas de mis compañeros. “¿Qué fue ah?, me dicen que te estaban haciendo problemas”, me dijo la gorda tragasable. “Sí, pero el problema ya está solucionado”, le respondí. Son huevadas.

sábado, 29 de agosto de 2015

El clon de Kukin y el póster

Salía de Idat, al cruzar la puerta, esquivando el wachiman que estaba parado resguardando el lugar, mi vista se nubló por tanta luz, había salido un sol increíble ese día, a pesar de ser fines de Agosto, se sentía un poco de calor. Encima de levantarme temprano un sábado, para ir a un curso de Excel y estar sentado de 8 a 12:30 haciendo huevadas, sale el puto sol, qué fea huevada, mi suerte iba a extinguirse de a pocos. Lo bueno era que me faltaban solo dos clases para acabar dicho curso: Excel Avanzado y es que luego de estudiar Administración durante cinco largos años, tuve que ponerme a estudiar Excel ya que es indispensable en las funciones que realizo en mi trabajo. “Uno nunca deja de estudiar o actualizarse”, dicen algunos y tienen razón.

Me extrañé que al frente no estaba el cajacho que vendía hamburguesas de carne de cartón. Caminé un par de cuadras y lo encontré. Me saqué los audífonos y le dije que me prepare una hamburguesa de carne, la clásica, la de 2.50. Y es que me tengo que sacar los audífonos para poder hablar con ese hijo de puta, ya que habla en voz baja y casi ni se le escucha. Luego de unos minutos me entrega la hamburguesa y me retiro, claro, antes de eso le había pagado, como para ganar tiempo. 

Seguí caminando y me situé en el parque que está por la UTP, divisé una banca vacía y me senté a comer mi rataburger. Varios pulpines pasaban felices, yo no sé por qué estaban de ese modo, ¿qué es lo que le encuentran feliz? Mientras comía recordaba el problema que había tenido el día anterior en el trabajo. No había más tiempo, ni más que comer y me fui hacía 28 de julio, en la puerta de la UTP me compré un Cifrut, quería comprarme Tampico, pero la tía me quería vender a 2.50, solo tenía algo más de diez soles en mi haber, paso, dije, lo más barato nomás. Aun no me pagaban. 

Por las últimas cuadras de Wilson, en ese lugar donde no pasan autos ya que están construyendo una obra, paso con mis audífonos en las orejas, escuchando una canción de Kendo Caponi, bien chilling, de repente escucho que alguien me habla y siento que me siguen, volteo y miro a un tipo igualito a Kukin Flores, un chorazo pero así de los más maleados.

–Colabora pe varón –me dice mientras me seguía.
–Tamare –atiné a contestar, se me salió, lo dije sin pensar, mientras caminaba y lo miraba examinándolo con odio. 

“Ya perdí, concha su madre”, pensé. Qué huevada que por un puto poster me iban a robar, pero quizá el destino lo quiso así, ya que de todas maneras mis clases terminaron tarde, como nunca, si igual hubiera querido irme a mi casa, me hubiera pasado eso, ya que estaba en el mismo camino. 

–No te estoy robando –dijo el choro, estaba pulseando y como vio que yo no me detuve, ni le entregué nada de valor y seguí caminando y no percibió miedo, continúo- Pero colabora ps.

Metí mi mano a mi bolsillo y saqué lo primero que encontré, eran tres monedas de cincuenta céntimos, se lo di en la mano, este me extendió uno de esos turrones que están 5 por un sol, pero que normalmente lo venden a cincuenta céntimos en los carros. Sin decir gracias ni ninguna palabra, el clon de Kukin se retira, yo seguí caminando abriendo el turrón, frío, sin saber qué hacer. “Conchasumadre, de la que me salvé”, dije. Y es que ese hijo de puta vio mis audífonos y obviamente sabía que tenía un buen celular o algo que emane música y sea de valor, pero como no caí en su juego, cambió de planes. Quizá si hubiese estado escuchando una canción más tranquila, más feeling, hubiera perdido, pero estaba escuchando Kendo, todo canchero, nada me podía bajar. 

Lo del póster es otra historia, esperé sentado en Centro Cívico, mientras escuchaba música, claro, antes de eso me di una vuelta por todo el centro comercial, recordando que en mi nuevo trabajo venía pero a comer. Unos minutos antes de las 2 de la tarde, encontré a un chato con lentes y unos afiches enormes, “ese es”, dije, tal cual me dijo por chat. “Hola, ¿tú eres de Cine Oculto?”, dije. Este afirmó y me extendió la mano, me presenté y luego de intercambiar algunas palabras me entregó mi póster. “Oe y las fotos qué fue”, dije sonriendo. El brother me dijo que ya habían llegado dos pero recibieron su poster y se fueron ya que tenían clases de la universidad. “Fue ps”, dije. Me despedí de él y me fui con mi póster de “Magallanes”, la película peruana dirigida por Salvador del Solar. Me fui con mi premio y mi celular y mi plata y mi dignidad, sobretodo. Le conté a un amigo lo ocurrido y este me dijo: “Pa la mente maestra”, justo había estado pensando en eso y bueno, después de todo se pudo sacar algo bueno de algo negativo o bueno, ¿algo anecdótico? Bicho pal’ callao. ¡Puñeta!

domingo, 7 de junio de 2015

Surrealismo en estado puro

Abro los ojos. Me sentía hecho mierda, no podía moverme, no sabía lo que me estaba pasando, lo único que podía descartar era que estaba resaqueado o peor aun, seguía ebrio. Estaba acostado en una habitación y había una gran luz que me cagaba la vista, amigos, cultos lectores, debo confesar que soy fotosensible.

Luego de unos minutos escuché sonidos extraños, mis ojos se movieron a todas partes para localizar de quien provenia. Dos tipos sumamente indescriptibles aparecieron, acercándose cada vez más a mi. Puta madre, haré el intento, tenían tres ojos, no tenían nariz ni labios, sus dientes eran filudos, sus ojos eran negros como la oscuridad. No podía gritar. Esos hijos de puta me habían sacado la lengua.

Mis ojos se dilataron. Uno de ellos tenía una especie de arma punzo cortante en el brazo, lo levantó, observé el foco y mi vista empezó a ver lucesitas de colores, moviéndose como gusanos. "No, eso no, la concha su madre", pensé. Podía dolerme la cabeza, el estomago, el brazo, las piernas, cualquier cosa, pero no había nada que detestaba más que eso. Cuando recuperé la visión a la normalidad, observé que esa arma caía, la acción fue todo en cámara lenta, el filo perforó mi pecho.

"Christian, levántate", me dijo Audrey. Ella era la chilena más bonita de todo el programa de Work and Travel. Me desperté y vi alrededor, había muchos norteamericanos, Audrey, su amiga la más puta de todas, mi roomate Leonardo y un par de muchachos peruanos que me extendieron su puño para que se choquen con los mios en señal de despedida. "Qué huevada, soñé una mierda bien pastrula", les dije. Agarré un par de chupetes de la cajita que estaba al costado de la cafetera y me dirigí hacía la cola, para cobrar mi pay check.

Un trío de tipos entraron, tenían peinados tipo los personajes del Padrino, sin duda alguna eran italo americanos. "This is a fucking assault, don't do nothing or shot", dijo uno de ellos. Acto seguido apuntó a la amiga de Audrey. No entendía como en esos bancos rurales de Estados Unidos no habían policías en las puertas.

"Take it easy bro", dijo Leonardo y continuó: "Don't do nothing stupid, we lost, you know". Uno de los criminales gritó: " Zitto fottuto sudaca". Una bala salió de su revolver, era dirigido para él, lástima que tuvo una puntería de cagada y me cayó en la cabeza. Estaba al costado de Leo.

Escuchaba la canción In heaven everything is fine. "¿Pero qué carajos sucedió", dije mirando la ventana. Me di cuenta que estaba ya en la estación La Cultura. Veo que la puerta del tren se abre y salgo corriendo, empujando a la gente. Bajo la escaleras y llego primero a esas máquinas del infierno, paso mi tarjeta y sigo corriendo. Luz roja. Me detuve. "Esto es más aterrador que Eraserhead", pensé. Las nubes tenían formas indefinidas. Las personas no tenían rostro, parecían que hubieran borrado sus caras.

Luz verde. Seguí corriendo. En el camino me choco con dos chicas, eran tan hermosas que parecían que fueran ángeles que habían venido para llevarme a su reino y evitarme el dolor mundano. "Disculpen", dije. Extendí mi mano y levanté a la chica que estaba más cerca de mi. Ella tenía los ojos verdes y cabello castaño. Esos preciosos dientes mostrados por su incomparable sonrisa, producieron como especie de flash. "Hey, me olvido de alguien, ah, lo siento", dije poniendo de pie a la otra chica. Tenía el cabello rubio, ojos azules y un piercing en la ceja. "¿Por qué tanta prisa?", me preguntó la rubia. "Estoy huyendo de mis propios miedos", dije. Ambas se rieron. "¿Y a qué le temes?", dijo la otra, la de cabello castaño. "A chicas tan hermosas, la verdad no sé que decir, soy malo con las palabras", respondí.

Pareció que el tiempo regresó atrás unos minutos. Ambas chicas estaban en el piso. Extendí las dos manos para que se pararan, esta vez no dije ni mierda. ¿Acaso fue solo una imaginación de un futuro no muy lejano? Ambas me sujetaron el brazo con una fuerza animal, se aproximaron y rápidamente me sacaron la piel de los brazos. Me desangraba lentamente, iba a morir, me sentía débil, sabía que era el fin. Solo podía ver muy borroso como se comían mi piel.

Grité. Estaba en mi cama. Eran las tres y media de la madrugada. "Ni más vuelvo a ver esas películas surrealistas", dije. "¿Me estaré volviendo loco?.. al menos aprovecharé esta huevada para escribirlo y subirlo al blog, hace años que no subo ni mierda".

jueves, 12 de marzo de 2015

American Trip

7


Luego de la charla con mis padres, me levanté de la cama y me fui a la cocina. Al bajar las escaleras me topé con el caos y el desorden: la cocina-comedor estaba hecha basura. El piso estaba con barro y huellas, la mesa estaba lleno de vasos, latas y envolturas. La sala estaba en el mismo estado. “¡Puta madre!, qué tal tonito”, dije mientras regresaba a la cocina. Me calenté un vaso de sopa Maruchan y regresé a mi dormitorio. Luego prendí la televisión, puse el canal house a todo volumen y entre a Facebook mediante mi Tablet. Me comuniqué con algunos familiares y amigos. Era ya el 31 de diciembre. Por lo que veía, todos mis conocidos se preparaban con ansias para el año nuevo; mientras yo me duchaba para irme a trabajar. El turno que me tocó ese día fue de 4 de la tarde hasta la media noche. Una vez listo, uniformado, me fui hacia el resort caminando. No hacia tanto frío ni tampoco era de mañana para irme con el shuttle. La distancia de mi casa hacia mi trabajo era más o menos una milla, así que tenía tiempo para ver el paisaje y sentir el aire congelado de Pennsylvania. Cuando salía del barrio tenía que bajar hacía el paradero, de ahí tenía que caminar la pista que me llevaba a la carretera. Estando ahí, me colocaba detrás de la línea que separaba el camino de los carros con el lado de los peatones locos y pobres, como yo. Estoy seguro que mucho de ustedes se preguntaran lo de locos y pobres, bueno, digo locos porque en cualquier momento te puede matar un auto y pobres porque en Estados Unidos el que menos tiene auto propio. El cielo permanecía celeste, un celeste tan intenso, era un cielo tan diferente al que acostumbraba ver en mi querida Lima, la gris. Las nubes se movían a gran velocidad, así como los autos, en especial esos camiones gigantes que cada vez que pasaban desprendían un viento tan fuerte que podía empujarme contra las rocas adornadas de nieve, sin problemas, gracias a Dios nunca pasó eso. 

Luego de casi media hora llegué al resort. Abrí la puerta del sótano y entré. En el camino me encontré con algunos muchachos que ya salían de sus turnos, cansados y aun con resaca. Nos saludamos con un “hola”. En la máquina de asistencia, vi la hora, eran ya las 4:03. Aún estaba a tiempo, poncho y entro al ascensor. Como la rutina manda me fui a la cocina donde Andy hace las reuniones antes de cada turno, pero no lo encontré. Encontré a uno de sus chacales, un gringo alto con lentes hípsters y de monturas color negro. Me miró.

–There’s no meeting today. Go to work. 
Lo miré con cierta extrañeza.
–Go ahead! 

Di media vuelta y me fui a Autumn, la cocina que me iba a tocar por el resto de mi estadía en ese resort. Lo único bueno es que ya no tenía que irme a otros lugares, lo malo era que había mucho trabajo en ese lugar. En la cocina ya estaba Frankie. Era un tipo de cabello rubio y ojos verdes, de estatura mediana y que sufría un ligero retardo. Muchos de los puertorriqueños se burlaban de él y lo llamaban “tostao”, que era algo así como loco. Después de todo era de puta madre trabajar con él ya que me brindaba ayuda incondicional y podía platicar en inglés a la vez, eso me ayudaba a hablar más fluido. Dentro de él no había maldad, no había poses del más pendejo ni nada por el estilo, era una de las pocas personas que se mostraban tal y cual era. 

Cuando sacaba los racks con vasos escuché gritos y sonidos de juegos artificiales. Ya era medianoche, ya era año nuevo y yo seguía trabajando. Salí de la cocina y en el pasillo vi a muchas familias, niños jugando, abrazando a sus padres, parejas brindando con licores caros. Me sentí miserable. Entré a la cocina y me despedí del gran Frankie.

–Hey, It’s 12:10, I’ll go home.
–Ok, ok Christian –me dijo mientras seguía trabajando duro– Take care
–See ya tomorrow. 

Bajé rápidamente y llamé por teléfono para que el shuttle me recoja. Vino Miguel, el chofer del shuttle. Era puertorriqueño pero a pesar de eso, era de los pocos que no tenía corte regueatonero, seguro era porque ya estaba en la base 4 y sería ridículo vestirse así. Conversamos. Me dijo que todos se habían reunido en dos casas, la mitad en la de los argentinos y los otros en la mía. “¿En mi casa?”, dije. Recién me enteraba. Llegamos. Me despedí del viejo y toqué la puerta. Me abrió Alberto y nos saludamos, pasé y vi a muchos chicos del programa work and travel en mi sala y cocina-comedor, no me detuve a saludarlos uno por uno, sino solo atine a decir: “Hola, qué tal, Feliz año” mientras subía a mi cuarto a encerrarme para dormir sin importar qué día era.

sábado, 3 de enero de 2015

American Trip

6


Al día siguiente de primer día de trabajo, la pasé en casa, chilleando en internet. El segundo día de trabajo fue diferente: tenía que entrar a trabajar a las 8 am. Ese día, y como el resto de los días que me tocaba trabajar en la mañana, me levanté a las 6:50. Medio zombie me cambié y vestí con el uniforme de trabajo: aquel pantalón ancho de color crema, un polo plomo que tenía el logo del resort y mis zapatillas negras de Perú; la gorra la guardé en el bolsillo de mi jacket. Bajé al baño, me lavé la cara y me afeité. Acto seguido guardé mi máquina de afeitar en el cajón de mi cuarto. ¿Qué chucha iba a dejar esa huevada en el baño?, luego alguien lo usaba y me pegaba alguna enfermedad de transmisión sexual y me iba al carajo. Ya aseado, me fui a la cocina a servirme mi desayuno. Siempre desayunaba un par de panes blancos con jamonada y queso amarillo y tomaba leche. Después de desayunar hacía hora en el mueble hasta las 7:40, hora en que pasaba el shuttle a la esquina de mi barrio. Había gente impaciente que esperaba el shuttle en el paradero; yo, en cambio, esperaba en mi casa para recién salir. Cuando era hora estaba atento en el mueble mirando la ventana. 

Desde ese día empecé a trabajar dentro del hotel. Aprendí que antes de comenzar a laborar, tenía que ir a la cocina principal a reunirme con el manager y los demás dishwashers. El manager se llamaba Andy, era un viejo pelado, blancón, de ojos verdes y de estatura mediana. Siempre hacía preguntas de cuál es el tiempo que se debe poner en el agua caliente las ollas o qué valores debe tener el dishwasher ideal. Aunque antes consideraba que era pérdida de tiempo, debo confesar que esas palabras que decía, lejos de ser clichés, lograban identificarte con la empresa y con tus funciones, además de motivarte. Nunca podré olvidar aquella frase que marcó mi vida: “nothing is imposible” y eso lo aprendí más tarde cuando tenía que trabajar solo o lavar las cosas de tres restaurantes o quedarme a doblar turno y hacer dieciséis horas de trabajo. 

Y sí, ese día me tocó trabajar solo y en el área que más odié: Pots. En ese lugar no había máquina ya que no se lavaba platos ni vasos ni tasas; solo tenías que lavar ollas, recipientes, bandejas y demás huevadas de tamaño colosal. A la hora y media, mis manos se quedaron hechas mierdas, a pesar de que usaba guantes. Las yemas de mis dedos se pusieron como gelatina. Maldije ese día. Me prometí que si me volvían a ubicar en esa área agarraba mis cosas y me iba a New York con mi tía, ¡al carajo todo! Gracias a Dios eso no sucedió. 

El tercer día fue más relajado: me tocó trabajar en Autumn y con Frankie. Luego de trabajar llegué a mi casa, me bañé y mi cambié para el cumpleaños de mi roomate Lalo. Esa fiesta fue demencial. Hubo tragos en exceso: abrías la puerta del fridge y veías latas de cerveza en cantidades respetables, en las mesas no faltaban las botellas de vodka y ron Bacardi, ícono del trago boricua. Vinieron todos: los argentinos, chilenos, peruanos, puertorriqueños, hasta tres norteamericanos y un mexicano. Fue de puta madre. Jugamos Flip cup. Para los que no saben, para jugar tienes que ubicarse en una mesa, dividir la gente en dos grupos de siete jugadores, preferentemente, servir cerveza en vasos descartables, ubicar los vasos llenos cerca a cada jugador y en poner en el filo de la mesa. Cada jugador tiene que esperar su turno, una vez que le toca tiene que tomar el vaso de cerveza, una vez que este vacío, debe ubicarlo en el filo y voltearlo con la palma de la mano. Ganamos dos juegos de tres rondas. 

Fue un descontrol total: rompieron el baño, la puerta del cuarto de mis roomates y vomitaron. No me acuerdo muy bien, pero creo que yo también buitré en la cocina, luego de zamparme shots de Bacardi, luego de haber jugado el flip cup. Lo malo de ese inolvidable party, fue que tuve un problema con el cumpleañero. Ese huevón a pesar de que cumplió 24 se puso pedo y empezó a romperme las bolas. Pero bueno, nada es felicidad completa, ¿no? 

Al día siguiente, Lalo me despertó. Me dijo que me llamaba mi viejo por teléfono. Seguía ebrio, me daba vueltas la cabeza y no coordinaba las palabras. A diferencia de la navidad, ya me encontraba más tranquilo ya que ya trabajaba y estaba empezando a acostumbrarme a vivir solo, lejos de casa. De todas maneras, la conversación que tuve con mis padres fue algo feeling. Al despedirme mandé saludos a los demás y les dije que cuidaran a mi fiel y mejor amigo perruno llamado Black.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Pxndx en Lima 2014 (Vivo x el rock 4)

Estaba con media hora de retraso y aun me encontraba en el bus, atascado en plena av. Abancay. Maloko y Miguel me reventaban el celular con sus llamadas y mensajes. Decidí bajar e irme corriendo hacía el parque de la exposición. A cinco cuadras del local observé una cola inmensa. Cientos de jóvenes vestidos de negro y con peinados extraños, caminaban como en procesión. Crucé la pista y decidí darle la vuelta a la cola.

Cerca de la puerta principal observé a Dennis, un brother que conocí en el 2007 cuando empecé a tomar trago basura en plena vía pública; él estaba con una flaca y un pata, medio preocupados. No llegaron a comprar entradas y estaban buscando al mejor postor, aquel que no sea tan rata y no les cobre más del doble. Seguí de largo ya que vi a Maloko en la esquina.

–Oe sorry por la demora
–Ya, ya –dijo Maloko luego de estrecharnos la mano- Acá tengo Russkaya combinado con frugo.
–Chucha –respondí– bacán.
–Oe casi no compro la entrada huevón –me dijo Maloko mostrando su ticket–, cuando vi el precio dije: “Ta huevón, ¿60 lucas?, no seas pendejo”.
–Sí, una huevada –dije sonriendo– todo por Panda.
–Todo por esos emos de mierda.

Reímos, mientras nos pasábamos los vasos de alcohol.

–Oe alucina que a la vuelta escuché entradas a 180, qué pendejos…

En eso, pasa un grupo de gente vociferando y peleándose. A los segundos más personas se unían al tumulto.

–Seguro le han vendido una entrada falsa a un huevón y ahora le quiere sacar la mierda al tío.
–Qué chucha será.

A los minutos llega Miguel y seguimos conversando hasta terminar los dos cajas de Frugo mezclados con vodka barato. Antes de entrar compré una clásica cajetilla Marlboro y un encendedor. Sin importar nada, como buenos chikipunks, nos llegó al pincho las reglas establecidas y nos colamos a tres metros de la puerta. Sorry gente que hizo una hora de cola, así son las cosas…

Entramos cuando estaba terminando de tocar el Tri. Ya que no bastó el vodka, nos dirigimos a la caseta donde vendían chelas. Miguel como estaba en falta, compró cinco vasos de cerveza, de los cuales dos boté debido a mi estado etílico, según lo que me contó Maloko una semana después. En plena presentación de Libido nos dirigimos lo más cerca posible al escenario. No entendía como había gente que había llegado a las 6 de la mañana pensando que iban a estar todo el tiempo adelante. Nosotros entramos cerca de las 8 de la noche y estábamos a tres metros del escenario. “Salim lárgate, aburres conchatumadre”, decía la gente. Todos querían ya deleitarse con las canciones de Panda. Libido abandonó el escenario sin pena ni gloria.

“Pepe, hazme un hijo”, dijo una flaca. Ya estaban en el escenario Pepe, Ricky, Arturo y Kross. Panda empezó con Saludos desde Turquía. Luego siguió con Huésped en casa propia. La histeria colectiva se apoderó del lugar. Varias chicas se iban desmayando una por una. Una muchacha de polo blanco fue la elegida de robarse la atención de los Panda y Ricky pidió que la apoyaran, que no iba a comenzar la tocada hasta que ella salga del tumulto. Una vez resuelto el problema, reanudaron su presentación con Enfermedad en casa. Esas tres canciones son de los últimos discos. Debo confesar que yo sigo a Panda hasta el álbum Amantes sunt amentes, luego de ese álbum hay tres más.

Los nuevos oyentes de Panda estaban felices cantando y otros grababan; mientras Miguel, Maloko y yo nos mirábamos las caras esperando a que suene alguna canción antigua, esas old school, las de los viejos tiempos. Pepe decidió complacer a su gente antigua y tocó Quisiera no pensar. Cuando se escuchó el riff de Cita en el quirófano, nos metimos al pogo. Era increíble que en los 3 minutos que duraba la canción nos teletransportamos a la época de secundaria, cuando veíamos MTV, los 10+ pedidos. Luego tocaron 3+1, el pogo seguía. Decidí tomar un poco de aire en Los malaventurados no lloran. Cuando tocaron No tienes oportunidad contra mi antipática imaginación parecía que estábamos muertos, esperando en el purgatorio si irnos al paraíso o al infierno. De repente, sonó Promesas-Decepciones y se armó un pogo más brutal. Luego de eso tocaron Procedimientos para llegar a un común acuerdo. Se oía como la gente coreaba: “Sensual, la depravación en mi es sensual”. En So violento, so macabro una flaca agarró a su gane y le cantó: “Si no es conmigo, con nadie vas a estar”. La gente estaba más feeling. Volví a descansar cuando tocaron Usted. Sin mayor presentación se escuchó Narcisista por excelencia y la cerró con Disculpa los malos pensamientos. Al final de la presentación se tomaron un selfie con la bandera peruana y el público. Fueron interrumpidos por Chabelos, pero no importaba, ya que la magia había estado presente.

Realmente valió la pena volver a los conciertos chikipunks peruanos. Ese mismo día era el Life in Color Perú y no fui solo por Panda. Debo confesar que me perdí de algunos detalles de la presentación ya que entré mamadazo y la seguí adentro, como pueden apreciar en mi intento de relato. Gente, somos el siguiente año. Panda es uno de esos grupos que merecen ser vistos una y otra vez. Gracias por todo, genios.